Fanfic Mi novia, Tomoyo – PARTE 6

30 de enero del 2017

Mi novia, Tomoyo - PARTE 6


WingzemonX

MI NOVIA, TOMOYO

Parte 6

Al día siguiente, el martes, tuve que ir a la escuela con el manga para adultos oculto en mi maletín. En parte porque me daba miedo que alguien lo encontrara mientras no estaba en casa… Y en parte porque, si soy honesta, en la mañana olvidé por completo que aún estaba ahí. No sabía qué podría pasar si un profesor me lo encontraba, y qué tipo de problemas podría tener. Tenía que pensar en dónde ponerlo, en un sitio en el que ni siquiera Kero lo encontrara, pues tampoco podría ir con mi maletín a todas partes por siempre. Pero ya me preocuparía por eso después… O al menos eso pensé que haría…

Cuando llegué al salón, Tomoyo estaba sentada en su lugar. Había estado pensando tanto en ella el día anterior, que su sola presencia ante mí fue casi como una extraña aparición, como una materialización de algo que había estado imaginando… No sé cómo explicarlo. En cuanto me vio, me sonrió ampliamente de esa forma tan dulce… Sentí tanta emoción al verla, como si hubieran pasado muchos días desde la última vez. Yo le regresé la sonrisa y me aproximé a ella. Le mencioné de inmediato la idea de quedarse a dormir en mi casa el sábado, para que pudiéramos estudiar juntas para los exámenes de la próxima semana…

– ¿No es este fin de semana el viaje de Touya-kun a Hokkaido?

– ¿Tú sí lo recordabas, Tomoyo?

– Claro que sí. ¿Tú no?

Me sentí un poco apenada en ese momento, ante tal nuevo recordatorio de mi falta de memoria, o quizás más bien de atención.

– La verdad, no. Sólo hasta que Yukito me lo comentó ayer fue que lo recordé. Y, bueno… Papá tampoco va a estar. La conferencia que iba a dar en Kyoto la movieron para este sábado, así que tendrá que viajar también.

Tomoyo pareció un poco sorprendida por mi comentario, pero esa sorpresa sólo le duró unos segundos.

– Oh, qué mal. ¿Y no le causará problemas el cambio?

– Ayer se durmió algo tarde preparando su material. Pero estoy segura de que podrá terminarlo a tiempo.

– Entonces, ¿sólo seríamos tú, Kero y yo el fin de semana?

Mi boca se abrió de inmediato para responderle, pero nada salió en un inicio. Dudé un poco, pero entonces le respondí abruptamente…

– Sí, así es.

Con una amplia y despreocupada sonrisa.

– Será divertido. – Me respondió sonriéndome también.

No era mi intención mentirle al ocultarle que Kero no estaría en casa; sólo quería… No sé… Que fuera una sorpresa o algo parecido, supongo. Esperaba que no se fuera a molestar con eso…

A la hora del almuerzo busqué a Tomoko, la compañera que hace un año había llevado el manga para adultos de su hermano, aunque ya este último semestre nos tocó en salones separados. Entre una cosa y otra, hice lo posible para tocar el tema de aquel manga, o más específico le quería preguntar en donde su hermano los escondía. La pregunta pareció extrañarla mucho.

– ¿Y eso por qué te interesa?

– Simple curiosidad…

– Pues yo lo encontré en una caja de zapatos que escondía bajo su cama.

– ¿Bajo su cama? ¿Enserio?

– Claro, ¿quién tendría porque ver bajo tu cama además de ti misma?

– ¿Y cómo lo encontraste tú entonces?

– Ese… Es otro tema. ¿Pero acaso quieres esconder algo prohibido en tu casa, Kinomoto?

– ¡¿Yo?! ¡No, no, no! Claro que no…

– El que lo niegues tanto es sospechoso. En fin, no es de mi incumbencia, es sólo que siempre me pareciste tan buena niña.

– Aún lo soy… Creo… – Murmuré en voz baja, agachando mi cabeza con vergüenza.

No sabía si ocultarlo bajo ni cama sería muy buena idea. Quizás si estuviera sola, pero Kero se la pasaba siempre en mi cuarto… Aunque en realidad no es que fuera bajo mi cama seguido o algo así. Por lo pronto tendría que traerlo conmigo, hasta que se me ocurriera algo mejor… Ojala se me hubiera ocurrido ese “algo mejor” antes… O de cierta forma, quizás fue mejor así.

El resto de la semana intenté de alguna u otra forma seguir leyendo el manga, pero era difícil encontrar una situación o momento en el que estuviera sola; sin Kero, mi hermano, mi padre o Tomoyo. De lo que alcancé a leer, la historia proseguía con Saeiki y Minako haciéndose amigas. También con Konoha, compañera de cuarto y salón de Saeiki, que al parecer estaba enamorada de ella, e intentaba conquistarla nada sutilmente. A lo largo de los primeros capítulos, relataban de manera superficial algunos problemas que estaban surgiendo entre Minako y Asuka, y cómo ésta primera los comparte con Saeiki. Supongo que todo terminará con Minako y Asuka rompiendo, y Minako y Saeiki volviéndose una pareja… Supongo, ya que al menos hasta dónde llegué, aún no ocurría. Aparecen también más chicas del instituto, amigas de Saeiki o Minako, y en cada capítulo hay al menos una escena… del tipo sexual entre algunas de ellas.

Si soy sincera, en ocasiones me centraba tanto en la historia, que casi inconscientemente intentaba saltarme dichas escenas, pero de inmediato recordaba que era justamente por esas escenas que lo había comprado, y me veía forzada a regresar. Es extraño, ¿no? Si lo pienso detenidamente, la historia y las situaciones eran en sí forzadas y hasta bobas, y salvo por las escenas de sexo, no había mucho más que resaltar. Pero aun así, los personajes tienen un extraño encanto, y quería más saber cómo iba a terminar todo, que quién tenía sexo con quién… Y dudo mucho que esa haya sido la intención de la autora… ¿o quizás sí?

Pero estoy divagando. En el tema por el cuál compré el manga en un inicio, me fue algo ilustrativo, más que nada para entender en qué consistía dicho proceso. Cada escena tenía algo distinto, pero en general todas consistían en muchos besos, lamidas y caricias por todos lados… En verdad, en todos lados; decirle a la otra persona lo mucho que le gustaba su cuerpo, o decirle lo bien que se sentía lo que la otra persona hacía. Debo admitir que sentía cierta ansiedad, curiosidad, asombro, y una gran cantidad de otras emociones al ver esas imágenes. Uno diría que lo que más me debería de llamar la atención es el cuerpo dibujado de las chicas, pero… En realidad lo que más me fascinaba eran sus rostros. Sus ojos, sus bocas, las expresiones que tenían en ese momento, las sensaciones y emociones que la autora intentó plasmar en sus caras. Era como… Como si su mente ya no estuviera ahí, como si su mente se hubiera ido volando a algún otro lado, y sólo quedara su cuerpo, y todo lo que éste sentía.

Todo eso era fascinante, pero… No sé si decir que era lo que esperaba.

Las palabras que Tomoyo había usado aquella tarde para describir qué era para ella hacer el amor, volvían a mente en ocasiones mientras lo leía:

“Para mí, que dos personas hagan el amor, es más que un acto físico específico que se pueda describir. Es más que seguir una lista de pasos o instrucciones fijas en una lista. Para mí, se trata de un acto de completa intimidad… Yo creo que… Cuando dos personas hacen el amor, sienten como si fueran las únicas personas en el mundo. Por esos breves momentos, no importan los problemas, no importa la escuela, el trabajo, o lo que esté pasando más allá de la puerta. Uno se transforma en el todo del otro, y ya no hay nada ni nadie entre ellos… No hay obstáculos, ni ropa, ni paredes, ni barreras. Sus cuerpos y sus almas pueden de esa forma sentirse por completo el uno al otro. Cada beso, cada caricia, cada abrazo… Todo lo que hacen, lo hacen pensando únicamente en la otra persona, y deseando que él sienta todas sus emociones con cada acción…”

Las escenas de sexo en ese manga estaban hermosamente dibujadas, explicitas y provocativas; pero no sentía que lo que había en ese manga reflejara por completo lo que Tomoyo había descrito. Se veía cierta intención de emularlo, pero no lo lograba por completo. ¿Sería porque eran dibujos?, ¿sería porque era una historia de ficción y no real?, ¿o quizás nunca fue la intención hacer algo así? Quién sabe. Al inicio llegué a pensar que me sería de utilidad, pero ya casi terminada la semana, comenzaba a tener mis dudas.

La tarde del viernes, Touya y Yukito salieron rumbo a Hokkaido con sus amigos. Papá estaba seguramente en su estudio, y Kero dormía en su cajón. Yo estaba en mi cama, pero no podía dormir. En parte por los nervios y la emoción del día siguiente, pero también porque no estaba muy segura de qué haría… ¿Cómo iba a pasar todo?, ¿debía esperar a que Tomoyo tomara la iniciativa?, ¿o debía hacerlo yo?, ¿cómo se hacía eso de todas formas? En el manga todo era muy sencillo; un beso, y ni siquiera se tenía que decir lo que harían, como si las dos ya lo supieran de antemano. Incluso hay una escena en la que una de las chicas se le lanza encima a otra, similar a lo que había hecho Tomoyo en su cuarto, aunque la reacción de la otra había sido muy distinta a la mía… Pero yo no podría hacer eso…

¿Y si sólo se lo decía directamente y sin rodeos? Nadie en el manga lo hacía así… ¡Pero es un manga! ¿Y qué pasaba si, como sospechaba, Tomoyo sí estaba de alguna forma molesta conmigo y no quería hacerlo? ¿Se enojaría si intentara yo tomar la iniciativa?

Estuve rodando de un lado a otro de mi cama casi toda la noche. En algún punto comencé a cuestionarme si era correcto hacer eso, y si mejor despertaba a Kero y le pedía que se quedara y así tener una excusa segura para que nada ocurriera. Sin embargo, de inmediato me abofeteé a mí misma… mentalmente, y me recordé que ya era una decisión tomada, y que debía de hacerlo… Pero, ¿debía… o quería…?

Y entonces, al fin, llegó el sábado. En ocasiones me pareció que esta semana se iba rápido, pero otras veces la sentí demasiado lenta. Papá se iría antes del mediodía, y Tomoyo dijo que llegaría antes de eso, por lo que, pese a no haber dormido mucho la noche anterior, me levanté muy temprano para estar lista y darme una ducha completa. Cuando desperté, Kero ya no estaba; al parecer se había ido temprano como le había pedido. Ese Kero… Tendré en verdad que prepararle ese pastel; se lo merece, por lo que tendré que procurar que me quede lo más delicioso posible.

Ya tenía preparado mi atuendo para ese día: un vestido rojo a cuadros hasta las rodillas, que había comprado hace como un mes atrás pero que no había usado hasta ahora. Una camiseta blanca lisa de cuello alto y mangas largas para usar debajo del vestido, medias también blancas y dos moños rojos a cuadros para mi cabello que combinaban con el vestido. Tenía todo preparado y pensado con anticipación… Excepto un pequeño detalle.

En cuanto volví a mi cuarto luego de mi ducha, y vi de nuevo mi atuendo sobre la cama, se me vino a la mente de inmediato aquella conversación sobre la ropa interior, y como Tomoyo había dicho que le gustaría combinarla cuando fuera una “ocasión especial”, y esa ciertamente lo era. Comencé a sentir otro ataque de pánico; esta semana tuve varios… Debí de haber comprado unas pantaletas nuevas, o un sostén, pero ni siquiera me había cruzado por la cabeza. Esto de hacerme a la idea de que alguien más vería mi ropa interior era totalmente nuevo, y difícil de tener en cuenta.

¿Tenía al menos algo limpio que estuviera decente de ver?

Frenética, comencé a sacar casi todo el contenido de mis cajones; al menos debía encontrar algo que combinara. Luego de una búsqueda y debate conmigo misma de quizás diez o quince minutos, no tuve más opción que decidirme por unas pantaletas blancas con un pequeño moño rosa de adorno en la parte trasera al nivel de la cintura, y un sostén blanco de encaje con algunos detalles rosados. No combinaban a la perfección ni cerca, pero era lo más cercano que encontré. Me sentí un poco frustrada por esa situación, pero no podía dejar que ese sólo detalle me derrotara; ya había llegado bastante lejos.

Me cambié rápidamente, pero no sin el cuidado de que todo quedara bien. Me recogí el cabello en dos pequeñas colas a los lados, y las decoré con los dos moños. Me miré unos segundos al espejo, revisando que todo estuviera en su lugar. No acostumbro normalmente usar mucho perfume, pero en esta ocasión tomé el que me parecía en mi opinión que olía mejor, y lo rocíe por dónde pude; esperaba que no fuera demasiado.

– Sakura, Tomoyo ya está aquí. – Escuché que papá me decía desde el piso de abajo.

– ¡Ya voy!

Me miré una última vez en el espejo para asegurarme que todo estuviera en su lugar. Respiré hondo para tranquilizarme, y entonces salí de mi cuarto.

Bajé apresurada las escaleras hasta el recibidor, y ahí la vi. Tomoyo platicaba con papá en el pórtico, y al notar mi presencia se viró hacia mí y me sonrió. Se veía tan… Hermosa. Traía un vestido color lila con mangas blancas y cortas, y un listón también blanco al frente en el pecho. Traía su cabello totalmente suelto, con una diadema blanca con un adorno lila similar a una flor. Traía botas y medias blancas, y una gran mochila color celeste. Tomoyo no acostumbraba usar mucho maquillaje; nunca lo necesitaba, en realidad. Sólo un poco de rubor en las mejillas, y una línea delgada de sombra morada en los ojos.

No me podía ver a mí misma, pero sin duda sentí como mis mejillas se ruborizaban ante tal visión. Pero tenía que tranquilizarme e intentar disimular mi reacción un poco. Me acerqué con pasos lentos a la puerta, sin dejar de sonreír.

– ¡Hola!, ¡Sakura-chan! – Me saludó efusivamente. – ¡Te ves divina! ¿Es un vestido nuevo?

– Sí… Algo así… ¿te gusta?

– ¡Me encanta! Pero todo lo que tú uses me encanta…

– No digas eso Tomoyo, que me apenas…

Noté por encima del hombro de Tomoyo que frente a la casa estaban paradas tres de sus guardaespaldas, las tres con gafas oscuras, aguardando sin siquiera moverse de su lugar; como estatuas.

– Eso será todo, gracias. – Les indicó girándose hacia ellas. – Vengan por mí mañana a las cinco de la tarde, ¿de acuerdo?

– Con su permiso, señorita.

Las tres se dieron media vuelta al mismo tiempo, y se dirigieron una a lado de la otra hacia la camioneta estacionada al frente.

– Yo tengo que ir a preparar unas últimas cosas. – Se disculpó papá en ese momento, e ingresó de nuevo a la casa. – Sakura, avísame cuando llegue mi taxi; ¿sí?

– Descuida, yo me encargo.

Papá entró de nuevo a la casa, y entonces me quedé a solas con Tomoyo en el pórtico…

Me sentí un poco nerviosa de pronto, tanto que tuve que voltearme al frente, intentando que Tomoyo no notara tanto mi sonrojo. Centré mi atención entonces en la gran mochila que traía con ella; en realidad era más grande que la que normalmente traía a mi casa cuando se quedaba a dormir.

– ¿Qué traes en la mochila?

– Sólo un par de mudas, y por supuesto mis libros y apuntes para estudiar.

– ¿Estudiar?

– Para el examen de Cálculo y para el de Estadística de la próxima semana, ¿recuerdas?

– ¡Ah! ¡Claro! Estudiar…

Por un segundo se me había olvidado por completo que se suponía que para eso la había invitado a dormir. Esperaba que eso no se hubiera visto demasiado sospechoso.

En ese momento, el taxi que papá estaba esperando llegó al fin, y se estacionó frente a la casa.

– Debe ser el taxi que estaba esperando. – Le indiqué a Tomoyo y entonces entré de nuevo a la casa. – ¡Papá! ¡Tu taxi ya está aquí!

– ¡Enseguida bajo!

Me viré de nuevo hacia la puerta, y noté que Tomoyo seguía parada en el pórtico tranquilamente.

– ¿Puedo pasar?

– ¡Claro! Perdón… Pasa…

Para rematar, también había olvidado por completo invitarla a pasar; mis nervios estaban provocando que eso no empezara del todo bien. Tomoyo entró y se retiró sus botas, dejándolas en la puerta, y la mochila en el suelo.

Un segundo después, Papá bajó con su maletín en una mano, y su maleta de ruedas en la otra, que mantenía alzada para poder bajarla por las escaleras.

– Bien, ya me voy, chicas. Cuídense mucho, ¿de acuerdo? Cualquier cosa, dejé el número del hotel a lado del teléfono.

– Sí. ¡Mucha suerte, papá!

– Que le vaya muy bien, Señor Kinomoto.

Y entonces salió por la puerta y se dirigió al taxi. Yo me quedé un rato en el pórtico para despedirlo hasta que se alejara. Una vez que ocurrió, cerré la reja del frente, entré a la casa, y cerré la puerta detrás de mí. Justo cuando escuché el sonido del seguro de la puerta cerrándose pensé: “está hecho”.

Al alzar mi mirada de nuevo, vi a Tomoyo parada más adelante en el pasillo. Me miraba fijamente, con sus manos al frente, y me sonreía. De nuevo sentí algo de pena, y tuve que voltearme a otro lado.

– ¿Te… ofrezco algo de beber?

– Un vaso con agua estaría bien.

– Agua, por supuesto…

Fui entonces rápidamente por ese vaso con agua, y Tomoyo me siguió unos cuantos pasos detrás.

– ¿Dónde está Kero?

Casi me congelé al escuchar esa pregunta. Me puse nerviosa, pero intenté por todos los medios de reflejar calma. Tomé un vaso limpio y comencé a llenarlo de agua mientras le daba la espalda.

– Ah, creo que fue a la Tienda de Ichihara-san. Ya sabes… Últimamente le gusta mucho estar allá. Puede que no vuelva hasta mañana…

Me giré hacia ella, y me sorprendí al darme cuenta que de hecho estaba parada muy cerca de mí. Di un pequeño salto de sorpresa, quizás de susto, y casi sentí que el agua en el vaso saltaba.

– Oh, ¿eso quiere decir que en verdad sólo estaremos tú y yo por el fin de semana? – Me preguntó totalmente calmada, lo que me extrañó un poco.

– Así parece… ¿Eso… No te molesta, o sí…?

Le extendí el vaso para que lo tomara y ella alzó sus manos hacia él. Sentí como sus dedos rozaban apenas un poco los míos, y ese pequeño y casi escaso contacto, por algún motivo me causó un ligero estremecimiento… Tomoyo tomó el vaso entre sus manos, y me miró fijamente con una mirada y sonrisa despreocupada.

– Claro que no. ¿Por qué habría de molestarme? – Me respondió de manera normal, inclinando su cabeza hacia un lado.

No supe ni qué pensar… Esa no era ni cerca la reacción que esperaba que tendría al saber que íbamos a estar sólo las dos. Creí que reaccionaria totalmente emocionada, y haría alguno de esos comentarios que me hacían sentir apenada de sólo escucharlos… o quién sabe; luego de lo que pasó en su casa la última vez, quizás se me lanzaría encima… Pero se veía casi indiferente ante la idea, como si le diera igual…

En ese momento no me quedó la menor duda de que Tomoyo estaba molesta, y estaba segura de que era por lo ocurrido aquella tarde…

– ¿Estudiamos en la sala? – Oí que me surgiría justo antes de darle un sorbo a su vaso.

– ¿Qué? Ah… – Dudé un poco al responder, pues mi mente aún divagaba en otra cosa. – Sí, me parece bien. Déjame llevo algunos bocadillos.

– Muy bien. Yo prepararé la mesa.

Sin más, se fue de la cocina en dirección a la sala…

¿Es acaso una ley del universo que siempre que planeas algo en tu cabeza, nunca de los nunca termina saliendo cómo quieres? Pues eso era justamente lo que sentía en esos momentos. Pero no podía permitirme decaer. Tenía que hacer que esto funcionara, y así Tomoyo me perdonaría. Sólo tenía que lograr que la situación se diera… Pero… ¿Cómo se suponía que debía hacer eso exactamente? El tanto pensarlo la noche anterior, no me había dado una respuesta satisfactoria; ni siquiera el manga de Saeiki y Minako me podía ayudar con alguna sugerencia realista.

“El manga”, pensé vagamente en esos momentos. “¿Dónde lo dejé la última vez?”

El pensamiento no duró mucho en mi cabeza. De inmediato me concentré en bajar algunas frituras de alacena y un par de gaseosas. No era precisamente la comida más saludable, pero era perfecta para pasar el rato mientras se estudiaba… O al menos se intentaba estudiar, ya que mi mente no logró en todo ese rato concentrarse más de cinco minutos en el libro de Cálculo.

Tomoyo y yo estábamos sentadas en la alfombra de la sala frente a la mesa de centro. Teníamos nuestros libros y cuadernos de apuntes, y repasábamos los problemas de Cálculo realizados en clase, intentando volver a resolverlos aplicando lo que habíamos aprendido. De antemano tengo que confesar que esto del Cálculo Integral me está causando algunos problemas; no es tan divertido ni fácil de digerir como me parecía el álgebra. Y encima de todo, la mitad de mi atención estaba puesta en mi libro, y la otra mitad en Tomoyo, y en el hecho de que ya había pasado un par de horas desde que llegó, o quizás más, y lo único que habíamos hecho era estudiar… Y comer frituras, muchas frituras…

Comenzaba a preguntarme si no era mejor así. Digo, si Tomoyo deseara hacer algo como eso, ya hubiera dicho algo para esos momentos, o hubiera dado alguna insinuación, ¿no? Pero parecía totalmente normal al hecho de que estuviéramos solas, y parecía totalmente concentrada en su libro de problemas.

La miré de reojo discretamente, fingiendo que estaba escribiendo. Su perfil se veía enmarcado por la luz que entraba por la ventana de la sala, y su amplia sonrisa adornaba su rostro. Unos mechones caían sobre su rostro, y sentí la tentación de acercarme a ella y acomodarlo con cuidado con mis dedos, pero temía perturbar la profunda concentración en la que se veía sumida en esos momentos.

No sé cuánto tiempo me le quedé viendo de esa forma, pero me parece que fue largo… muy largo. Tomoyo no tardó en darse cuenta de ello, y entonces se volteó hacia mí. El sentir sus ojos azules posarse en mí en ese momento justo, me hicieron sobresaltarme casi asustada y girarme por mero reflejo de inmediato a mi libro. Me sentí por un momento como en esas series en las que el chico o la chica siempre se le queda viendo a quien la gusta en el salón de clases, y luego se voltea rápidamente en cuanto éste mira, deseando que no lo hubiera notado.

– ¿Sucede algo, Sakura-chan? Te ves preocupada.

– ¿Qué? ¿Yo? – Respondí apresurada, y aparentemente muy nerviosa. – No, no, no, claro que no… Es sólo que… Estoy teniendo algo de dificultad con este problema… – Señalé entonces con mis dedos a mi cuaderno. – Creo que no me puedo concentrar bien…

– A ver, déjame te ayudo.

Antes de que pudiera decirle que no se molestara, ella cortó la corta distancia que había entre nosotras, moviéndose por la alfombra hasta sentarse justo a mi lado, y quedar considerablemente cerca de mí. El sentirla tan repentinamente pegada a mi cuerpo, me puso aún más nerviosa de lo que ya estaba.

– Que delicioso aroma. – Escuché como Tomoyo comentaba con ánimo. – ¿Es perfume nuevo?

– Eh… No, no… Sólo que casi no lo he usado, supongo… ¿Es demasiado?

– Para nada, me agrada como huele.

– Gracias…

Tomoyo también usaba perfume, ese delicioso perfume con aroma a frutas. Lo había llegado a percibir levemente durante esas horas, pero sólo fue realmente claro hasta que se me acercó de esa forma.

Centró entonces su atención en mi cuaderno, revisando con cuidado lo que había escrito. Rogaba porque en mi distracción, no hubiera escrito alguna estupidez…

– Tu razonamiento va muy bien. Pero ahora, mira…

Tomó entonces su lapicero y comenzó a escribir en mi cuaderno, al mismo tiempo que me explicaba paso por paso cada cosa que hacía. La manera en la que lo describía sonaba tan claro y sencillo; casi lo hacía sonar como el álgebra. Luego de unos segundos, y de casi llenar toda la página con cálculos, llegó a una última expresión que rodeó con un rectángulo.

– Y así obtienes el resultado final. ¿Entiendes?

Eché un vistazo rápido de abajo hacia arriba, revisando todo lo que acababa de hacer. Y de hecho…

– ¡Sí!, ¡sí lo entiendo! – Le respondí incapaz de ocultar mucho mi entusiasmo. – Muchas gracias, Tomoyo. Eres realmente sorprendente. Quisiera que todo me fuera tan sencillo como a ti.

Noté que Tomoyo pareció sorprenderse, o más bien extrañarse, por el comentario que le acababa de hacer.

– ¿A qué te refieres?

– ¿Cómo que a qué me refiero? Obvio a que siempre eres tan buena para todo y de alguna forma todo te sale bien. Cualquier cosa que quieras hacer, la haces excelente. En especial en la escuela, e incluso el Cálculo.

Apoyé entonces mis codos en la mesa, y mi rostro contra mis manos, viéndola fijamente.

– A veces te envidió un poco por eso. Eres en verdad increíble…

– ¿Tú envidiarme a mí? – Comentó con un tono juguetón, inclinando su cabeza hacia un lado. – Me halagas, Sakura-chan. Pero te equívocas… – Se volteó hacia otro lado en ese momento, y noté que entonces sonreía… Pero no igual que siempre. Parecía más una sonrisa… ¿melancólica? – Tú sabes que no todo me sale siempre bien…

Algo en el tono en el que dijo esto, me alarmó un poco. ¿A qué se refería exactamente con eso? ¿Qué era lo que parecía haberla puesto en un abrir y cerrar de ojos en ese estado? Me apresuré a preguntarle, pero, tan abruptamente como se había puesto así, de la misma forma cambió en un abrir y cerrar de ojos de nuevo. Cerró sus ojos, su sonrisa se acrecentó, y llevó entonces sus manos a sus mejillas, y comenzó a girar su cabeza lentamente de un lado a otro, mientras habla con un tono alto y al parecer lleno de emoción…

– Además, tú eres una poderosa maguita, además de ser hermosa, atlética, y una maravillosa persona… Sabes cocinar de manera exquisita, eres tan responsable, inteligente y detallista… Yo soy quien debería de envidiarte, por no decir que eres a quién más admiro… Mi querida Sakura-chan…

Una inevitable sensación de pena inundó mi cuerpo abruptamente, como me ocurría con frecuencia cuando Tomoyo comenzaba a hablar de mí de esa forma, y con ese tono…

– Gracias… Pero no creo que sea así…

Para bien o para mal, ese escaso momento me hizo sentir un poco más tranquila. Esa era la Tomoyo que yo conocía más, y por esos momentos no sentí que se comportaba indiferente o molesta conmigo; por esos momentos sentí que actuaba justo como siempre lo hacía, y eso me hizo sentir muy feliz. Me hacía poder creer que, si en verdad estaba molesta, no debía de estarlo tanto después de todo…

– ¿Qué tal si descansamos por ahora? – Sugirió casi de inmediato, dándose la libertad para cerrar su libro. – Ya va siendo hora de comer algo.

Le eché un vistazo rápido al viejo reloj en la pared; no faltaba mucho para que dieran las cuatro. Enserio el tiempo se había ido volando. Estiré un poco mis brazos al aire, soltando un ligero quejido seguido de un suspiro de bienestar.

– Buena idea. ¿Quieres que cocinemos algo?

– Eso sería agradable.

Ambas nos pudimos de pie y nos dirigimos juntas a la cocina. Me puse a husmear un poco por el refrigerador, el congelador, y en la alacena, intentando ver todas nuestras opciones disponibles para comer.

– ¿Qué podría ser? ¿Curry? ¿Ramen? ¿Unas hamburguesas, quizás?

– Todo eso suena bien.

Al final elegimos hamburguesas caseras, o semi caseras, ya que eran hamburguesas congeladas que papá había traído hace unos días.

Mientras sacaba las hamburguesas del congelador, se escuchó con fuerza del tono del nuevo celular de Tomoyo, proveniente desde la sala. Ella se apresuró rápidamente para poder contestar. Yo sacaba los círculos de carne de la caja, mientras a lo lejos lograba escuchar un poco de la conversación de Tomoyo… No apropósito, ¡enserio!; es que la casa estaba tan silenciosa en esos momentos, que era imposible no oírla…

– ¿Sí? Ah, hola mamá. Sí, el señor Kinomoto se fue desde antes del mediodía. Sí, no te preocupes. ¿A dónde? Sí, espera, aquí tengo papel. – Hubo unos segundos de silencio. – Aguarda. –  Otros segundos de silencio. – Muy bien, ya lo anoté. Nos vemos mañana en la tarde, ¿sí? Que estés bien.

Luego de un rato, Tomoyo volvió a la cocina con un pedazo de papel y su lapicero en una mano.

– ¿Todo está bien? – Le pregunté volteándola a ver sobre mi hombro.

– Sí, sólo me llamaba para decirme que pasará la noche fuera también, y me dejó el teléfono en el que la puedo buscar si la necesito.

– ¿Asunto de trabajo?

– Tal vez… La verdad no le pregunté. Por cierto, tomé prestado tu lapicero para anotar el número; el mío se quedó sin láminas. ¿Tendrás algunas de repuesto?

– Sí, creo que tengo en el cajón de mi escritorio. Déjame traértelas.

Me dispuse a ir rápidamente a mi cuarto por ellas, pero Tomoyo se me adelantó en el camino.

– Descuida, yo voy. No tardo.

Antes de que pudiera replicarle, ella se apresuró hacia las escaleras. Me encogí de hombros, mentalmente, y seguí con lo que estaba haciendo.

Normalmente descongelaría las hamburguesas en agua fría, pero lo cierto es que, al menos a mí, ya me estaba comenzando a dar considerable hambre, por lo que preferí usar el microondas. Tomé un recipiente de vidrio, y coloqué los dos círculos de carne en éste, y luego los metí en el microondas por tres minutos.

Durante ese tiempo, saqué los demás ingredientes: el pan, la lechuga, el tomate, la cebolla, mostaza, mayonesa, kétchup, queso… ¿Estaría bien hacer unas papas? La idea no me pareció tan atractiva, ya que, siendo honesta, aun a estas alturas me sigue dando un poco de miedo el aceite hirviendo. Creo que a nadie le gusta la sensación de gotas de aceite cayendo en su piel, ¿o sí? Mejor esperaría a preguntarle a Tomoyo si ella quería.

Mientras estaba lavando la verdura, el microondas terminó su ciclo. Me dirigí a él y revisé las hamburguesas; aún estaban un poco duras, por lo que las metí otro minuto. Terminé de lavar la verdura y entonces puse a calentar la parrilla par freír la carne. Cuando el microondas terminó, saque la carne y la coloqué sobre la cocina. Esperé un rato a que la parrilla se terminara de calentar. Entre el microondas y una cosa u otra, habían pasado al menos cinco minutos… Y luego pasaron seis… siete… ocho… Quizás hasta diez.

Miré sobre mi hombro hacia el pasillo. No se escuchaban para nada los pasos de Tomoyo, ni siquiera en las escaleras. De hecho, todo estaba… aterradoramente silencioso…

Apagué la flama de la estufa, porque nunca, jamás, es buena idea dejar la cocina sin supervisión con el fuego encendido, y entonces me dirigí hacia las escaleras. Subí rápidamente cada escalón, hasta llegar al pasillo superior.

– ¿Tomoyo? ¿Todo está bien?

No recibí ninguna respuesta.

Se supone que sólo iba por unas láminas para su lapicero, ¿qué podría haberla entretenido tanto? Me dirigí de inmediato a mi cuarto, cuya puerta estaba abierta. Me paré en el marco, y vi de inmediato a Tomoyo sentada en mi cama. Desde mi perspectiva, sólo podía ver sus largos cabellos negros y un poco de su cara.

– Hey, Tomoyo. ¿Encontraste las láminas?

Di un par de pasos hacia adentro del cuarto, y esos fueron suficientes para poder verla con más claridad. Tomoyo no sólo estaba sentada a la orilla de mi cama. De hecho, sostenía algo en sus manos, que estaba viendo fijamente con tanto detenimiento, que parecía que ni siquiera se había percatado de mi presencia. Lo que miraba… En un inicio no lo reconocí… Y cuando lo hice, en un inicio tardé un rato en lograr carburar por completo el que significaba realmente lo que estaba viendo…

Lo que Tomoyo tenía en sus manos… Era el manga de “Watashi no Kanojo, Minako-chan”

Sentí como la sangre se me subía de golpe a la cabeza, y como mis ojos se abrían tanto que creí que se me saldrían.

– ¡Ah!, ¡No!, ¡No!

Mi siguiente movimiento fue prácticamente involuntario. Me aproximé a toda velocidad hacia ella, y literalmente le arrebaté el manga de sus manos, y lo abracé con fuerza contra mi cuerpo. Tomoyo parpadeó, al parecer confundida por lo que acababa de hacer, y me volteó a ver.

– ¡Puedo explicarlo! ¡No es lo que parece!

– Pues parece que es un manga para adultos, ¿o no?

– No, bueno… Sí, sí lo es… Pero… Pero… No es lo que crees…

– ¿Y qué es lo que creo?

– Yo… yo… yo…

¿Cómo es que había pasado eso? ¿No estaba en mi maletín? No, no lo estaba… Claro que no lo estaba. Bajé mi maletín para estudiar, y al sacar mis cosas… ¡¿Cómo es que no me di cuenta que no estaba ahí?! Ni siquiera pensaba en eso… ¿Dónde lo había dejado? No habría forma de hubiera cometido la indiscreción de dejarlo sobre mi cama, sobre el buró… ¿O en el cajón de mi escritorio en el que justamente le había dicho que buscara las láminas? ¡No!, ¡no pude haber hecho eso! Hasta este momento no recuerdo en dónde lo había dejado, pero dónde fuera que haya sido, el caso es que Tomoyo lo encontró.

Quería que me tragara la tierra en ese mismo momento, o incluso salir volando por la ventana muy, muy lejos; ambas posibilidades no eran de hecho tan descabelladas. ¿Qué pensaría Tomoyo de mí ahora? ¿Qué clase de persona le pareceré? De seguro pensaría que soy algún tipo de pervertida, degenerada, ¡o algo peor! Si ya de por sí estaba molesta conmigo, quizás esto terminaría por ponerla incluso más. Tal vez me gritaría, ya no se querría quedar el fin de semana, se iría, rompería conmigo, ya nunca seríamos siquiera amigas…

– Descuida, Sakura-chan. – Escuché de pronto que pronunciaba con un tono realmente dulce. Alcé mi mirada hacia ella, y vi cómo me miraba fijamente con una amplia sonrisa de oreja a oreja. No se veía ni un escaso rastro de enojo o de ningún otro sentimiento negativo. De hecho… Se veía tan hermosa y adorable. – No tienes por qué avergonzarte, no es nada malo.

– ¿Ah… no…?

– No. – Repitió, también negando su cabeza al mismo tiempo. Se puso entonces de pie, y se paró justo delante de mí, aunque sus ojos estaban puestos en el manga que abrazaba tan desesperadamente contra mí. – Sólo me sorprendí un poco. No pensé que te gustara ese tipo de mangas.

– ¡No me gustan! Bueno… Sí… Bueno, no… Es que… – Bajé mi mirada, muy, muy apenada. – Lo compré por un motivo en especial…

– ¿Un motivo en especial? ¿Qué motivo?

– Pues… sólo… Quería… Aclarar algunas dudas…

– ¿Dudas sobre qué?

¿Cómo había llegado hasta ese punto? ¿Qué debía de responderle? ¿La verdad? Sí, la verdad, era lo mejor. ¿Qué ganaría con mentirle? Ya lo había encontrado, después de todo. ¿Pero enserio se lo diría? ¿Enserio me atrevería a decirle el verdadero motivo por el que había ido hasta Akihabara solamente para comprar ese manga? Sentía que todo mi cuerpo comenzaba a temblar de los pies a la cabeza. Mi voz se quebraba, y sólo era capaz de balbucear.

– Yo… Yo… Sobre… Sólo quería… Saber… Saber sobre… – Apreté mis ojos y puños con fuerza. – ¡Sobre cómo hacer el amor contigo!

Dirigí de inmediato mis dos manos a mi boca para cubrirla, soltando el manga en el proceso y dejándolo caer al suelo, ya que sin querer había alzado de manera desmesurada la voz. Voltee a verla fugazmente, y pude notar como me veía notablemente sorprendida. Sus ojos azules estaban totalmente abiertos, y sus labios ligeramente separados. Eso me hizo sentir aún más avergonzada y nerviosa de lo que ya me sentía.

– Yo… Yo… Lo… Lo siento… – Bajé mi mirada rápidamente, incapaz de verla a los ojos. – Yo sólo… no quería que se repitiera de nuevo lo mismo de aquella vez… Has estado tan diferente estos días, y distante… Y… Yo lo entiendo…  Sé que has de seguir realmente enojada conmigo, por la forma en que te rechacé aquel día… De seguro te hice sentir muy mal, y lo siento. Te dije que quería hacerlo, pero al final me acobardé…

Sentí que pequeñas lágrimas amenazaban con asomarse por mis ojos. Hice lo posible para evitarlo, pero creo que era algo que estaba más allá de mi poder.

– Por eso quise saber más de este tema para que no volviera a pasar. Pero no sabía dónde hacerlo, y fue lo único que se me ocurrió. Incluso arreglé de cierta forma que estuviéramos solas el fin de semana aquí, incluso diciéndole a Kero que se fuera con Ichihara-san, para que pudiéramos intentarlo. Pero ni siquiera pude decírtelo de frente porque soy una cobarde… Por favor, perdóname…

Solté unos cuantos sollozos incontrolables. Seguía con mi mirada agachada, temblando ligeramente por toda la mezcla de emociones que me inundaban el cuerpo. Por unos instantes, todo permaneció así; tranquilo y callado, a excepción de mis sonidos guturales.

De pronto, sentí como Tomoyo se me acercaba y pasaba sus dedos delicadamente por mis mejillas, limpiando con ellos mis lágrimas.

– Sakura-chan… No llores, por favor. – Me susurró con un tono suave, muy delicado, al igual que su tacto contra mi piel. – No hiciste nada malo. Y te equivocas… No estoy enojada contigo por lo que pasó, ni un poco…

– ¿Ah no?

Me atreví en ese momento a voltear a verla. Ella ya no se veía sorprendida ni extrañada; había recuperado una vez más su semblante tranquilo y cariñoso, que casi por arte de magia me hizo tranquilizarme un poco.

– No, no lo estoy. Y… – Guardó silencio unos instantes. Su sonrisa se esfumó poco a poco, y entonces se viró hacia otro lado; parecía… ¿avergonzada? – En realidad yo soy la que tiene que pedirte disculpas. Quizás es verdad que he estado un poco extraña estos días, pero no es por lo que piensas… Desde lo que pasó en mi casa, comencé a darme cuenta de que tenías razón en lo que me dijiste, y que en efecto me he estado dejando llevar demasiado por mi emoción, y te he estado empujando mucho a hacer todo este tipo de cosas, sin detenerme a pensar en cómo eso te haría sentir… Y ese día en mi casa, creo que llegué incluso más lejos, y te puse en una situación realmente difícil… Y lo que menos deseo es volver a hacerte sentir así. Por eso, yo… sólo quería darte algo de espacio y tiempo, para que no siguieras sintiendo que te estaba agobiando… Pero creo que el resultado fue precisamente el contrario al que deseaba…

Volteó a verme una vez más, sonriéndome con cierta melancolía. Me pareció percibir que también en sus ojos estaban a punto de surgir las lágrimas, y eso fue casi como una puñalada en el corazón para mí.

– Parece no todo me sale tan bien como creías… ¿Lo ves?

– No, no digas eso, Tomoyo. – Me apresuré, colocando sus manos en sus brazos, y acercando mi rostro al suyo. – Todo es mi culpa, en verdad… Yo sé que me dijiste que mi forma de actuar y reaccionar es completamente normal… Pero lo cierto es que tú has sido una novia maravillosa, y yo no he sabido como corresponderte como es debido.

Sin pensarlo, me le pegué por completo, rodeándola con mis brazos en un fuerte abrazo.

– Yo no quiero que actúes como alguien que no eres… Yo quiero que seas tú misma, y que cuando estés conmigo te sientas cómoda de serlo.

– Yo tampoco quiero que Sakura-chan actúe como alguien que no es. – Escuché como me susurraba, y entonces me rodeaba también con sus brazos. –  Yo quiero que seas la que siempre has sido: la maravillosa chica de la que he estado enamorada toda mi vida…

– Basta, Tomoyo… Me apenas…

Ambas comenzamos a reír al mismo tiempo, sin romper ni un instante el abrazo. Nos quedamos así, pegada la una a la otra, por un largo rato; sin decir nada, sólo disfrutando de la cercanía de la otra.

No sé si era correcto o no, pero debo admitir que me sentí mucho más aliviada de escuchar que no era por el enojo por qué Tomoyo se había estado comportando de esa forma conmigo. También el hecho de que era quizás la primera vez que sentía que Tomoyo era como yo… Bueno, me expresé mal. Lo que trato de decir es que Tomoyo siempre se veía tan segura, y siempre parecía que hacer todo eso le era tan natural, y siempre estaba tan confiada de todo, que en muchas veces me hacía sentir que yo estaba mal, y que yo era la única que cometía errores. ¡Pero no trato de decir que estuviera feliz porque Tomoyo se hubiera puesto así! Me sentía culpable de que haber provocado que ella sintiera que debía darme espacio y contenerse para no hacerme sentir mal. Simplemente trato de decir que… me gustó sentir que… Ella también podía llegar a sentir que algo no le salía bien, y poder estar ahí para ayudarla cuando eso ocurriera…

Ser la pareja de una persona perfecta, puede ser algo agotador. Pero Tomoyo es mucho más de lo que esa apariencia de perfección exterioriza, y es algo que me encanta ir descubriendo poco a poco; a la verdadera Tomoyo, a la que sólo yo puedo ver.

Ciertamente, ya sea tener un novio o una novia, las relaciones entre individuos que se aman, parecen ser mucho más complicadas de lo que la ficción, incluidos los mangas para adultos, lo hacen ver. Las personas son personas, no dibujos en un papel. Aún siento que me queda mucho por aprender, pero cada día que paso con Tomoyo, siento que entiendo un poco más. Quizás eso sea una relación después de todo, ¿no? Un conjunto de momentos bellos, malos, divertido, difíciles, incomodos, placenteros… Y experimentarlos todos con esa otra persona, y aprender de ellos los dos juntos. ¿No lo creen?

Nos separamos luego de un rato, y cada una pasó sus dedos por sus respectivos ojos, intentando limpiar cualquier rastro de lágrimas que hubiera en ellos. El ambiente parecía haberse calmado mucho más, y me sentía de nuevo como casi siempre solía sentirme en su compañía.

– Así que… – Comenzó a decir con un tono discreto. – ¿Qué dijiste hace unos momentos sobre arreglar que nos quedáramos solas el fin de semana?

Me quedé echa piedra al escuchar tal pregunta.

– ¿Eh? ¿Dije eso en voz alta?

– Me parece que sí.

Intenté recordar en mi cabeza todo lo que había dicho, y en efecto, creo que sí lo había hecho. Ni siquiera lo había pensado mucho; solamente se me escapó por los labios sin proponérmelo.

– Bueno… Es sólo que… Yo…

La miré apenada mientras jugaba nerviosa con mis dedos. Ella también me miró y me sonrió. Me tomó con delicadeza de las manos, mientras observaba fijamente mis ojos.

– No tienes que hacer nada que no quieras, Sakura-chan. No debes forzarte sólo porque crees que me debes algo. Debes de hacerlo sólo porque así lo desees tú.

– Pero yo…

Susurré muy despacio, y entonces hice una pequeña pausa. Me perdí unos instantes en los hermosos zafiros que eran sus ojos. Se veían tan brillantes en sus momentos… Eran casi hipnóticos…

Pensé un rato en lo que estaba por decir. ¿Estaba segura de qué era lo que quería expresar? Me lo pregunté varias veces a mí misma, y siempre la respuesta fue la misma…

– Yo creo que sí lo deseo…

Tomoyo pareció un poco asombrada de oírme decir eso.

– ¿De verdad?

Asentí rápidamente con mi cabeza, y tomé sus manos con algo más de fuerza.

– Pero… ¿Tú quieres…?

– ¿Puedo ser honesta? – Una sonrisa coqueta se dibujó de pronto en sus labios. – La verdad es que he querido tirarte al suelo y comerte a besos desde el momento en que me dijiste que íbamos a estar solas estos dos días.

De nuevo, sentí como me quedaba petrificada abruptamente, y perdía por completo el aliento. Sentí la cabeza tan caliente en esos momentos que casi creí que me saldría vapor por las orejas.

Tomoyo rio ligeramente, al parecer divertida por mi reacción.

– Lo siento. ¿Demasiada honestidad?

– Algo… – Murmuré con mi voz apagada.

Cerré mi boca y respiré muy profundo por mi nariz. Sin soltar sus manos, di un paso al frente, cortando en gran medida la distancia. Mi rostro quedó a unos escasos centímetros del suyo; mis ojos seguían contemplando los suyos sin ningún desvío.

– Pero… No… Me molesta… – Le susurré muy despacio, estando muy, muy cerca de sus labios.

– ¿Enserio? – Me susurró ella del mismo modo, y me pareció que acercó incluso un poco más su rostro al mío. – Podríamos ir más… Lento esta vez…

– De hecho no me molestaría intentar ir… Un poco rápido… Si quieres…

Estaba tan cerca. Su fresco aliento me provocaba ligeras cosquillas en mi rostro. Podía percibir por completo el delicioso aroma de su perfume… Ese… delicioso aroma…

– ¿Estás segura…?

– Sí… creo… que… sí…

Me encanta el aroma de ese perfume de frutas…

Ya no pude resistirlo más. Uní abruptamente mis labios a los de ella en un intenso beso, que Tomoyo no tardó mucho en corresponderme. Sentía como si hacía años que no la besaba; así de ansiosa me puse al sentir de nuevo esa agradable sensación de cosquilleo que me recorría el cuerpo. Rápidamente nos abrazamos mutuamente con más energía que antes, apretando nuestros cuerpos la una contra la otra.

Sin romper el abrazo, ni separar nuestros labios ni un milímetro, nuestros cuerpos, casi por voluntad propia, comenzaron a acercarse más a la cama hasta que nuestras piernas toparon con ella. Y de un instante a otro, ambas nos dejamos caer de lado…

CONTINUARÁ…

Notas del Autor:

Y luego de algo de espera, ésta ha sido la penúltima Parte de este fanfic. Así es, la siguiente es la última parte, que creo que ya sabrán de qué tratará. Así que estén pendientes, porque la última parte se publicará más pronto de lo que creen. Así que recuerden comentar, votar, seguirme en Facebook y toda la cosa. ¡Nos vemos!

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Mi novia, Tomoyo. “Mi nombre es Sakura Kinomoto, y la chica que está dormida a mi lado en la cama, es mi novia, Tomoyo…” Historia narrada desde la perspectiva de Sakura Kinomoto, en la que expresa sus pensamientos y emociones al comenzar una relación con su mejor amiga, Tomoyo Daidouji, y cómo lidia con los cada vez más profundos contactos físicos entre ambas.

+ “Cardcaptor Sakura” © CLAMP, Editorial Kodansha, Madhouse.

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2 pensamientos en “Mi novia, Tomoyo – PARTE 6

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