Fanfic Mi novia, Tomoyo – PARTE 5

25 de diciembre del 2016

Mi novia, Tomoyo - PARTE 5


WingzemonX

MI NOVIA, TOMOYO

Parte 5

Luego de lo ocurrido en casa de Tomoyo, todo estuvo muy tranquilo, aunque un poco extraño. De manera general, todo seguía normal entre Tomoyo y yo. Seguíamos saliendo y platicando, yo iba a cenar a su casa y ella a la mía, hacíamos la tarea juntas y estudiábamos; todo parecía estar normal… Demasiado normal, y eso era justamente lo extraño. Tomoyo no volvió a mencionar lo ocurrido aquel día, ni tampoco me dio algún indicio de querer volver a intentarlo. No tocó el tema para nada, como si nada de aquello hubiera pasado. Bueno, para ser justa, yo tampoco lo volví a mencionar… Pero es diferente… Además, tal vez fue mi imaginación, pero me pareció que también se volvió algo más reservada con los besos y las caricias. No es que no nos besáramos en estos días o algo parecido, sino más bien que no me parecía tan efusiva como de costumbre. Aunque, como dije, quizás era mi imaginación.

Lo más seguro era que estuviera un poco molesta, o al menos esa conclusión llegue. Y la verdad no la podía culpar. Se notaba realmente que era algo que deseaba con todas sus fuerzas y había esperado demasiado tiempo por ello, y yo lo dejé a medio camino aún después de decirle que lo haría. Tomoyo casi nunca me pedía nada y siempre estaba dispuesta a hacer todo lo que le fuera posible por mí. Tenía que compensárselo de alguna forma, y estaba decidida a ello. La próxima vez que se presentara la ocasión, llegaría hasta el final, sin miedos y sin preocupaciones. Pero… ¿Cómo lograría tal cosa…?

El verdadero problema de lo ocurrido la última vez, había sido dos cosas: la primera, lo sorpresiva y algo agresiva forma en que Tomoyo me lo había propuesto, y en segunda mi amplio y casi absoluto desconocimiento del tema. Lo primero ya no tendría por qué preocuparme, en vista de ya era consciente de que la situación se podía dar. Lo segundo era un poco más complicado. Ese día, gracias a las explicaciones de Tomoyo, y mi propia perspectiva de lo que hacíamos, aprendí muchas cosas, pero estaba segura de que no lo era todo; aún debía haber más por saber, y si no tenía al menos una idea de lo que podría ocurrir la próxima vez, volvería a pasar lo mismo y me terminaría asustando. La solución a eso era obvia: debía investigar más sobre el tema, para no estar en blanco (o bueno, gris) la próxima vez. Lo que no era igual de obvio era el cómo investigar sobre… Eso…

Tomoyo dijo que lo había leído todo en Internet, pero eso para mí no era una opción. La única computadora de mi casa era de mi papá, ¿y qué pensaría de mí si descubriera que busqué sobre eso en su computadora? Me moriría de la vergüenza si eso pasara. En retrospectiva, podría haber ido a uno de esos sitios en los que te rentan una computadora por un par de horas, en los que incluso tienes un cubículo privado para que nadie mire o escuche lo que estás haciendo; pero en su momento simplemente no se me ocurrió. Consideré también la biblioteca, pero dudaba enserio que hubiera libros con ese tipo de información ahí; ni siquiera sabría en qué sección buscar.

Pensé seriamente al respecto por largo rato sin mucho progreso, hasta que recordé casualmente algo: el manga para adultos que nuestra compañera había llevado a la escuela hace un año, y que en aquel entonces yo no quise mirar. ¿Habría alguno de ese tipo pero en el que los personajes fueran dos chicas? Suponía que sí. ¿Pero sería una buena fuente de referencia? Tal vez no. Hasta donde sabía, los mangas en general siempre tendían a ser algo exagerados y fantásticos… Aunque claro, es la opinión de la chica que pasó más de dos años de su vida recolectando cartas mágicas y que ahora vivía con un pequeño ser mágico que bien parecía un pequeño muñeco de león parlante; ¿quién soy yo en realidad para juzgar lo exagerado y fantástico? No perdía nada con intentar. Después de todo no quería una guía completa de cómo tener relaciones con mi novia, sólo quería algunas referencias de con qué me iba a enfrentar; y algo de realidad debían de tener, ¿no?

La única tienda de Mangas que conocía en Tomoeda, no vendía nada parecido a lo que necesitaba. Pero era casi seguro que en Akihabara encontraría algo. Decidida a seguir ese plan, justamente este lunes pasado luego de clases me dirigí para allá, aprovechando que Tomoyo tenía ensayo con el coro.

Tomé el metro hasta Akihabara, y anduve caminando un rato por la calle principal, analizando cada tienda por la que pasaba para detectar sin podía ser el lugar que estaba buscando. Había ido muy pocas veces a Akihabara, y casi siempre había sido en compañía de Tomoyo o de alguna otra de mis amigas. Es realmente un lugar interesante, de muchas formas distintas.

Tardé cerca de media hora, pero al final me encontré con una tienda especialmente de mangas que parecía ser lo que buscaba. El local por fuera se veía pequeño, pero al entrar resultó ser mucho más amplio de lo que esperaba. Libreros y más libreros de mangas por todos lados; era como una pequeña biblioteca, es la mejor forma que se me ocurre para describirlo. Había también posters en las paredes y colgando del techo, cada uno mostrando a diferentes personajes de manga o anime, la mayoría mujeres, y la mayoría notoriamente proporcionadas. Un póster en especial llamó mi atención, en el que aparecía un personaje de cabello negro largo y ojos azules, vestida con un traje, o más bien armadura, súper diminuto de guerrera medieval. Sostenía una espada en su mano derecha, y un escudo redondo sujeto al brazo contrario. Lo primero que me llamó la atención fue su traje. ¿Se suponía que debía pelear usando ese traje que estaba a unos centímetros de ser un bikini? Y yo que pensaba que los trajes que Tomoyo me confeccionaba para cazar cartas eran extravagantes. Lo segundo que noté fue que tenía un cierto aire similar al Tomoyo, en su peinado y rostro principalmente, y también en sus… Pechos… Aunque ese personaje los tenía incluso más grandes que Tomoyo, y eso es decir mucho.

Sin proponérmelo, me había quedado más de lo necesario sobre examinando ese póster, pero al final tuve que volver a la realidad y recordar porqué estaba ahí. Caminé un par de minutos por el local, mirando a más detalle qué más había. Tenían un segundo nivel en el que al parecer había más libreros y los que parecían ser cubículos privados. ¿Por qué ocuparías un cubículo privado en una tienda de mangas? ¿Para leer en privado? Quién sabe. Para mi sorpresa, había también una máquina de sodas y dulces, así como una máquina para preparar capuchinos.

Revisé varios de los libreros, buscando algo similar a lo que necesitaba, pero no era nada sencillo. Había tantos dibujos, colores y letras en todas las portadas, que me sentí un poco mareada. Era increíble la cantidad de mangas que había en ese lugar; era como buscar una aguja en pajar.

No tenía mucho tiempo en realidad. Debía llegar a casa antes de la cena, o mi padre y mi hermano comenzarían a preocuparse y preguntarse en donde estaba si no era con Tomoyo. Debía acelerar la búsqueda de alguna forma, así que hice justamente lo que no quería hacer: preguntar y pedir ayuda.

Me moría de la pena de tan sólo pensarlo. Pero no tenía nada por lo cual sentirme así, ¿no? Después de todo, soy una adulta, buscando un manga para adultos; bastante normal… ¿O no?

Me acerqué entonces al área de cajas; había tres en total, pero sólo una tenía a alguien en ella, una mujer delgada de cabello castaño largo, que hojeaba con expresión molesta una revista. Se veía enojada, o quizás cansada. Por un momento dudé en acercarme, pero no era como si tuviera muchas otras opciones.

– Ah… Disculpe… Estoy buscando un… Manga…

– Estás en el lugar correcto, querida. – Me respondió con un tono sarcástico sin voltear a verme.

– Ah… Sí… Los sé. Es que… Busco uno de esos mangas que… – Mi voz tembló un poco, y comencé a jugar con mis dedos de forma nerviosa. – Uno de esos mangas que son… sólo para adultos… Porque… Tienen cosas… Algo… No… Para niños…

Quería que me tragara la tierra, y el que me volteara a ver de reojo con su misma expresión de casi aburrimiento, no me ayudó mucho.

–  Es tu primera vez en una tienda como ésta, ¿verdad?

Asentí lentamente con mi cabeza.

– La sección de mangas para adultos está hasta el fondo. La reconocerás fácil, tiene un cártel grande en la parte superior.

– Gracias…

Volvió entonces su atención a su revista, supongo yo dando por hecho de que me iría, pero no lo hice. Me quedé cerca de un minuto más frente a la caja, sin decir nada. Ella volvió a verme de reojo a reparar que aún seguía ahí.

– ¿Puedo ayudarte con otra cosa?

– Sí, tal vez… Lo que pasa es que busco algo… Un poco específico… Buscó alguno de esos mangas, pero que sea sólo de… Chicas… Dos chicas… – por mero reflejo alcé mi mano derecha, extendiendo dos dedos, esperando qué asó fuera más claro. – Dos chicas… Que las dos… Que estén… Bueno que hagan… Como…  ¿Me entiende?

¿Entenderme qué si no había dicho nada? Pero igual para bien o para mal, creo que había dado a entender lo que quería. La cajera de me quedó viendo fijamente un rato, y después soltó un fuerte suspiro de resignación.  Cerró su revista, se puso de pie y caminó para rodear el mostrador.

– Sígueme…

De inmediato comencé a caminar detrás de ella y me guio hacia el fondo del establecimiento, donde parecía haber un pequeño anexo de forma rectangular, con una cortinas de esferas de plásticos colgada delante del acceso. En efecto, en la parte superior decía Mangas Sólo para Adultos.

Las tres paredes del anexo estaban cubiertas con libreros, dos a cada lado y tres al frente. La mujer me guio hacia uno que estaba pegado contra pared derecha.

– Todo este librero de aquí tiene sólo del tipo de manga que buscas. – Me comentó, alzando su mano hacia el librero. – Para adultos y sólo chicas. Es todo lo que tengo de momento…

Y creo que en ese punto ella dejó de hablar, y digo creo porque si acaso dijo algo más, yo no escuché absolutamente nada de ello. En cuanto mis ojos se posaron en lo que había en ese librero que me estaba mostrando… Mi mente se puso en blanco y fui incapaz de recordar siquiera en donde estaba parada…

Las imágenes en las portadas de esos mangas, eran cosas que jamás había visto en mi vida. En todas aparecían al menos una chica, y casi todas con muy poca, o casi nula ropa. La guerrera del póster de afuera estaba vestida de manera decente con comparación con las que veía ahí, mostrando sus piernas, sus pechos, y… muchas cosas más; en posiciones provocativas y expresiones extrañas en sus ojos y bocas, y mejillas sonrosadas. En aquellas en las que aparecían dos chicas, ambas salían abrazadas la una contra la otra, o besándose, o algo mucho más fuerte… Recuerdo una en especial, de dos chicas totalmente desnudas, abrazadas la una contra la otra, con sus pechos presionándose mutuamente, mientras se miraban fijamente con total adoración. Pero la que más me impactó fue una en la que aparecían quizás cinco chicas, una de ellas boca arriba con expresión de nervios y quizás de confusión, y las otras cuatro abrazadas de ella, y con sus cuerpos totalmente pegados al suyo. Todas usaban uniforme escolar rojo, pero algo desalineados, y algunas no tenían su saco, o su falda; una sólo tenía su ropa interior.

“¿Qué… es… lo que estoy… viendo…?”, era el único pensamiento consciente que me cruzaba por la cabeza. ¿Quién había hecho todas esas imágenes? Aunque, pese a todo, los dibujos eran muy detallados y coloridos. Las expresiones de los rostros, las formas de los cuerpos, todo parecía muy cuidado… Y explicito…  

– Oye, ¿estás bien? – Escuché casi a lo lejos que la cajera pronunciaba, aunque estaba de hecho parada justo a mi lado.

Incluso pude notar que pasaba su mano frente a mi cara, pero ni así quité mis ojos de ese librero.

– Esto quizás es meterme demasiado en lo que no me importa, ¿pero quieres acaso que te ayude a elegir alguno?

– No lo sé… – Fue lo único que logró salir de mi boca.

– Bien, ¿es para ti o para regalar?

– Para mí… Creo…

– Entonces creo que ocupas algo suave.

Pareció buscar algo en especial entre todos los mangas que había en el librero. Tardó unos segundos, pero al final se estiró para tomar uno de los que estaban hasta más arriba.

– ¿Qué tal éste? – Me preguntó al girarse de nuevo hacia mí, extendiéndome el manga que había tomado. – Es relativamente ligero y romántico, creo que va contigo.

Tenía algo de miedo de verlo, pero al final me armé de valor para echarle un vistazo. Para mi sorpresa, la portada de ese manga en especial no era tan despampanante como las otras. En ella sólo había dos chicas tomadas de la mano, y mirándose mutuamente con una amplia sonrisa en sus rostros. Ambas usaban uniformes color azul claro, de saco y falda larga. Una de ellas tenía el cabello castaño claro, largo y un poco rizado, y la otra lo tenía negro y corto, con la piel un poco morena. De fondo se veían algunos cerezos, y lo que parecía ser el edificio de una escuela. En letras grandes y rosadas en la parte superior, se encontraba escrito el título: “Watashi no Kanojo, Minako-chan”.

Ciertamente se veía muy distinto a los otros. La cajera acababa de decirme que era más suave y romántico; ¿sería cierto? De ser así, posiblemente era justamente lo que estaba buscando. Además, no sabría decir exactamente porque pero… Las dos chicas en la portada me recordaron mucho a Tomoyo y a mí. Era algo en sus expresiones, o quizás en el color de sus cabellos; quien sabe. El caso es que al verlas, me hizo pensar de inmediato en nosotras dos. ¿Sería acaso algún tipo de señal?

– ¿Lo quieres o no? – Escuché que la cajera me decía con un tono molesto, pues al parecer me había quedado un largo rato viendo la portada sin decir palabra alguna.

– ¡Sí! – Respondí y rápidamente tomé el manga entre mis manos. Parecía que era decisión tomada.

Ya con el manga pagado, salí un poco apresurada de la tienda, aunque una vez afuera me detuve. Pensé en guardar el manga en mi maletín, pues me pareció que hubiera sido muy sospechoso llegar a mi casa con una bolsa de una tienda de mangas de Akihabara a la vista, y que provocaría muchas preguntas; sobre todo de mi hermano. Quizás estaba algo paranoica y sobre pensaba las cosas, pero igual era mejor no arriesgarme.

Antes de meterlo en mi maletín, sentí una extraña tentación de echarle un vistazo de nuevo. Miré rápidamente alrededor, como si estuviera por hacer alguna travesura, y entonces lo saque sólo un poco de su bolsa, lo suficiente para poder ver de nuevo a las dos chicas en la portada. En verdad había algo en ese dibujo que me resultaba… Fascinante. No sabía qué era, sólo sabía que era así.

Quizás debí de haberlo hecho antes de comprarlo, pero en ese momento justo tuve curiosidad de leer su reseña en la contraportada y saber de qué trataba exactamente. Sin embargo…

– ¡Hey!, ¡Sakura-chan! – Escuché de pronto que una voz masculina, aunque suave, gritaba a mis espaldas.

Desde que le escuché me pareció reconocible, y el voltearme a ver sobre mi hombro sólo fue casi mera confirmación. Era Yukito, a unos cuantos metros, sonriendo y agitando su mano. Caminaba con pasos lentos hacia mí… Y yo aún tenía el manga para adultos en mis manos…

Frenética, metí el manga con todo y su bolsa a mi maletín, esperando que no se diera cuenta. Una vez que lo logré, me giré hacia él, ocultando mi maletín detrás de mí; no sé porque, no era que Yukito pudiera ver el interior de él y averiguar lo que ocultaba… Hasta donde sé.

– Yukito, hola. – Le saludé despacio una vez que se me acercó.

Yukito me sonrió ampliamente, de esa forma tan dulce que sólo él puede lograr. Vestía un abrigo ligero café, y en su mano derecha traía una bolsa blanca que contenía algo de gran tamaño.

– ¿Cómo estás? Qué sorpresa encontrarte por aquí.

– Ah, sí… Lo mismo digo…

– ¿Viniste a buscar algo?

De manera inconsciente oculté aún más mi maletín a mis espaldas al oír su pregunta.

– No, no… Sólo vine a ver… ¿Y tú?

– Yo compré esto.

Alzó entonces la bolsa que traía con él y sacó su contenido para enseñármelo. Era una caja cuadrada, muy colorida, que tenía en su interior una muñeca. O algo así. Era una figura de algún personaje, una chica de cabellos rubios largos, con un vestido largo estilo antiguo color rojo con los hombros descubiertos. Traía en sus manos un rifle, apuntando con él al frente. Estaba en una posición tal que su cabello y la falda del vestido asemejaban ser movidos por el viento.

– ¿Qué te parece?

– Es bonita. Pero no sabía que te gustaban ese tipo de figuras.

– No en particular. Se la compre a mi amiga, Tsubaki. Su cumpleaños es este fin de semana y le gustan este tipo de cosas. ¿Touya te contó del viaje?

– Ah, sí… Del viaje a Hokkaido, ¿no?

– Sí. La familia de Tsubaki tiene una casa allá y nos invitó a varios compañeros a ir a esquiar y celebrar su cumpleaños. Será divertido.

– Sí, suena divertido.

Me había casi olvidado de ese viaje de Touya y Yukito. Mi hermano nos lo había mencionado como un mes atrás, ¿y ya era ese fin de semana? Había perdido la noción del tiempo en durante ese lapso.

– ¿Vas a tu casa?

– Sí. Ya casi es hora de cenar.

– Yo también voy para allá. ¿Nos vamos juntos en el metro?

Normalmente hubiera estado encantada de aceptar tal propuesta de inmediato, pero normalmente no traía conmigo algo tan comprometedor y vergonzoso oculto en mi maletín. Dudé en qué responder, pero sí le decía que no, era obvio que pensaría que había algo extraño. Además, mi reacción en realidad era algo exagerada. El manga estaba en mi maletín; sólo debía no sacarlo, y no tendría por qué haber problemas.

– Sí… Me encantaría…

No fui capaz de esconder mi nerviosismo en todo el viaje a casa. Yukito me platicaba varias cosas sobre la escuela, el viaje al que iría con mi hermano y sus amigos, o me preguntaba cómo estaba, como iban mis clases, y cómo me sentía con los próximos exámenes. Yo intentaba seguir su conversación de la mejor forma posible, pero en lo único que podía pensar era en lo que ocultaba en mi maletín. De seguro Yukito notó que actuaba de forma rara, aunque no hizo ningún comentario al respecto. Conforme nos fuimos acercando más y más a la casa, me comencé a sentir más relajada, y empecé a dejar de pensar en ello.

Yukito se quedó a comer con nosotros esa tarde. Era el turno de mi padre de cocinar, y una cena hecha por mi padre era algo difícil de rechazar. Mientras poníamos la mesa, inevitablemente surgió el tema de en dónde nos habíamos encontrado.

– ¿Qué hacías tú sola en Akihabara? – Me cuestionó mi hermano, al parecer algo molesto. Pero es algo difícil de decir, pues siempre parece algo molesto.

– Sólo estaba buscando… Un regalo para Tomoyo… Pero no encontré nada…

– No te enfades, Touya. – Comentó Yukito con su habitual tono despreocupado. – Debes recordar que Sakura-chan ya no es una niña.

El comentario no pareció agradarle mucho a mi hermano. Pero así era, ¿no? Ya no soy una niña pequeña, ya soy legalmente una mujer adulta, una estudiante de preparatoria, y próximamente de Universidad. No es que eso me haga sentir especial de una forma en particular, pero siempre me gusta que mi hermano lo recuerde, y quizás así dejé al fin de molestarme…

– ¿Y tú qué hacías en Akihabara? – Le preguntó Touya a Yukito, mientras colocaba dos platos en la mesa, uno para cada uno.

– Estaba buscando una figura para regalarle a Tsubaki. Creo que encontré una adecuada, de la serie animada que le gusta.

– ¿Apenas le compraste su regalo? El viaje es este fin de semana.

– Lo sé. – Yukito pareció un poco apenado, pero ni siquiera así dejó de sonreír. – Pero sabes que ha habido demasiado trabajo, y sólo hasta ahora pude darme tiempo.

– ¿Tu viaje es este fin de semana, Touya? – Escuchamos que papá preguntaba desde la cocina. Se veía algo sorprendido por la noticia.

– Lo anoté en el calendario hace un mes. – Fue la respuesta de mi hermano, señalando con su pulgar al calendario colgado en la pared detrás de él.

En efecto, ahí estaba marcado con plumón verde los próximos días viernes, sábado y domingo, con las palabras “Viaje a Hokkaido de Touya”. Al parecer a papá también se le había olvidado por completo el viaje, al igual que a mí. En su caso, de seguro era debido a toda la cantidad de trabajo que se le había ido acumulando esos últimos días con motivo de la conferencia que iba a dar pronto. En mi caso… Bueno, digamos que después de lo ocurrido en casa de Tomoyo, mi mente tendía a divagar un poco…

– Qué barbaridad. – Comentó papá con cierta preocupación, al tiempo que se acercaba a la mesa con la olla de curry humeando.

– ¿Pasa algo malo, señor Kinomoto? – Le preguntó Yukito, notando de seguro al igual que todos la extraña angustia que se había apoderado de él de pronto.

Papá dejó la olla en la mesa y entonces se dirigió al calendario.

– No, es sólo que me acaban de avisar esta mañana que mi conferencia en Kyoto fue movida de última hora para este sábado en lugar del siguiente.

– ¿Cómo pueden avisarte de algo como eso una semana antes?

– Parece que fue una situación especial.

Tomó el borrador de la pizarra, y borró las marcas de plumón negro que había marcado en el sábado y domingo siguiente, para después marcar el mismo sábado y domingo sobre las de Touya.

– Tendré que viajar el sábado temprano y quizás vuelva hasta el domingo en la tarde.

No sé si quizás estaba un poco distraída; supongo que no, pues recuerdo a la perfección toda la conversación. Pero fuera lo que fuera, tardé un poco en poder entender por completo el significado de lo que acababan de decir; y al hacerlo, me tomó por sorpresa…

– ¿Entonces los dos se irán todo el fin de semana?

– Eso parece. – Señaló papá como respuesta.

¿Mi padre y mi hermano se irían todo el fin de semana y me dejarían sola? Bueno, no precisamente sola, sino con Kero, pero eso ninguno de los dos lo sabía… Bueno, mi padre al menos. Como sea, obviamente no era que fuera la primera vez que me quedaba sola tanto tiempo, pero sí era algo realmente inusual que pasara.

– ¿Qué pasa?, ¿acaso te da miedo estar sola? – Comentó Touya con su molesto tono sarcástico.

– ¡Claro que no me da miedo!

– Bien, en vista de que al parecer ya no eres un pequeño monstruo, sino un monstruo más grande, supongo que puedes quedarte un par de días sola sin quemar la casa, ¿o no?

– ¡Hermano! ¡Claro que puedo!

Escuché entonces que Yukito reía, quizás divertido por lo que ocurría.

– En otros tiempos te hubieras escandalizado ante la idea de dejar a Sakura-chan sola. Se ve que ya has aprendido a confiar más en ella.

– No digas tonterías. – Comentó entre dientes, volteándose hacia otro lado.

– Bueno, ¿tú qué opinas Sakura? – Me preguntó papá directamente. – ¿Estarás bien si te quedas sola el fin de semana?

Guardé silencio unos cuantos segundos, pensando en lo que eso podría significar. La idea de quedarme sola… con Kero, no me provocaba miedo ni ansiedad, ni tampoco preocupación. De manera normal, tampoco me causaría emoción o algo parecido. Aunque fuera algo inusual que ocurriera, no era tampoco que lo considerara algo tan fuera de lo común. Sin embargo, el pensamiento que ocupaba mi mente en esos instantes tras haber escuchado la posibilidad, me hacía verlo todo de otra forma.

¿Estaba bien que estuviera pensando en eso? Antes jamás hubiera pensado apropósito algo así. Pero las cosas ya eran algo diferentes. ¿No era justamente la oportunidad que estaba buscando? Era una gran coincidencia que hubieran movido a última hora la conferencia de Papá al mismo fin de semana del viaje de Touya. Aunque claro, “en este mundo no existen las coincidencias, sólo existe lo inevitable”. ¿Se aplicaría tal frase para un caso como éste?

Papá esperaba una respuesta, así que me apresuré a dársela.

– Claro que sí, no te preocupes papá. – Le contesté con una amplia sonrisa. – Tengo dos exámenes la siguiente semana, así que pasaré el fin de semana estudiando… Pero… – Guardé silencio unos momentos, y bajé mi mirada, algo apenada. – ¿Estaría bien si… Invito a Tomoyo a quedarse a dormir aquí el sábado?

Noté que Touya volteaba a verme entre confundido y molesto por mi pregunta, y eso me puso un poco nerviosa. Pero papá no pareció afectado, y siguió sonriéndome.

– Seguro, no veo por qué no.

Mi sonrisa se hizo aún más grande de lo que ya estaba, y mi corazón saltó de alegría; aunque claro, tenía que disimularlo un poco para que no se dieran cuenta. Mi hermano parecía querer decir algo, pero al final no dijo nada.

Estaba hecho. O casi, al menos. Aún faltaba algo más, que quizás no sería tan sencillo.

Luego de la cena, papá fue a su despacho a preparar el material para su conferencia, Yukito y Touya fueron al cuarto de él, y yo me dirigí al mío con un plato con curry en mi mano. En cuanto abrí la puerta, pude escuchar los distintivos sonidos provenientes del videojuego de Kero. Él estaba sentado en el suelo frente al control, y presionaba con rapidez los botones de éste. En la pantalla de la televisión se veía a dos personajes peleando el uno contra el otro. Estaba tan concentrado que creo que ni siquiera notó que había entrado.

– ¡Vamos!, ¡vamos! ¡Sí!, ¡así se hace! ¡No!, ¡no!

– Kero, te traje un poco de curry. – Le indiqué luego de cerrar la puerta.

– ¡Un segundo!, ¡es el jefe final del Modo Gold! ¡Literalmente es imposible de vencer!

– Está bien, te lo dejaré aquí.

Coloqué el plato en el buró y me senté en la cama. Me quedé en silencio un rato, viendo a los personajes del videojuego moviéndose, pateando y dando saltos en el televisor. Tomoyo siempre había procurado conseguirle los videojuegos más nuevos a Kero, aunque tenía de disfrazarlos diciendo que eran regalos para mí. ¿Me preguntó que pensaba mi padre al ver que Tomoyo me regalaba tantos videojuegos de peleas?, ¿no le habría parecido sospechoso? Bueno, quizás no tanto como las dobles rasiones de comida, sobre todo postres, que acostumbraba comer a solas en mi cuarto.

Kero seguía totalmente concentrado en el juego. Esperé un rato a que la pelea terminara antes de hablarle, pero pasaba el tiempo y ésta parecía interminable. Quizás en verdad la batalla final en Modo Gold era difícil. Intenté esperar un poco más, pero la verdad es que me sentía un poco impaciente. Sentía un pequeño nudo en el pecho y mi corazón latía agitado; mis dedos se apretaban nerviosos contra los pliegues de mi falda. ¿Qué era lo que me preocupaba tanto realmente?

Respiré hondo, me calmé un poco, y sin más rodeos decidí hablar de una vez por todas.

– Kero… Quisiera pedirte un favor.

Al principio creí que no me había oído, pues siguió concentrado en el juego y no me dijo nada; pero luego de algunos segundos ya me respondió, aunque sin dejar de ver la televisión ni apartar sus manos del control.

– ¿Un favor? ¿De qué se trata?

– Yo… Digo… – De nuevo dudé un poco. – ¿Tú podrías… No estar en la casa… Este fin de semana…?

– ¡Nooooo! – Gritó con fuerza de golpe, asustándome un poco.

Se elevó unos centímetros del suelo, agarrándose su cabeza con sus manitas, y mirando casi con horror las palabras “Game Over” que habían aparecido en la pantalla.

– ¡No!, ¡Perdí! ¡No puede ser! ¡Estuve tan cerca!, ¡tan cerca! ¡Si ese último combo hubiera funcionado!

– De… Seguro lo lograrás la próxima vez, tranquilo.

– ¡¿Cuál es el caso de hacer un modo de dificultad tan difícil que nadie pueda…?! – En ese momento calló abruptamente. Luego, giró en el aire hacia mí, volteándome a ver confundido. – ¿No estar aquí el fin de semana? ¿Por qué?

Eso me sorprendió. Creí que no me había escuchado, pero al parecer sí.

– Es que… Papá y mi hermano no estarán. Touya irá a Hokkaido con Yukito y otros amigos, y papá a una conferencia en Kyoto, y… Quisiera invitar a Tomoyo a quedarse a dormir y pasar un tiempo a solas… Así que si tu pudieras irte esos días con Ichihara-san… Yo…

– ¿Tiempo a solas?, ¡¿tiempo a solas?! – Repitió con un tono exasperado, elevándose con rapidez hasta colocarse frente a mi cara. – ¡Si siempre están ustedes dos solas! Ya casi ni tienen tiempo para mí…

– Eso no es cierto, Kero… – Le respondí un poco intimidada por su repentina cercanía, y también por su tono. – Es sólo que aún me estoy adaptando a esta nueva mecánica entre nosotras dos… Y hay cosas que necesitó hablar con Tomoyo… En privado.

No era “hablar” precisamente a lo que me refería, pero no habría forma de que pudiera decirle la verdad.

Kero se cruzó de brazos, y se dio media vuelta para darme la espalda. No tenía que verlo de frente para darme cuenta de que estaba realmente molesto.

– Por favor, Kero. – Le dije juntando mis manos al frente en señal de súplica. – Prometo que te lo compensaré. ¿Recuerdas ese pastel de chocolate y cacahuete  que comimos en Navidad?

Kero se quedó un rato en silencio sin responderme.

– Sí…

– Pues te lo prepararé, ¡todo entero sólo para ti! ¿Qué dices?

De nuevo se quedó callado. Debería de estar realmente molesto para que ni siquiera eso lo hiciera reaccionar. Y la verdad… No estaba tan equivocado. Chiharu una vez, aún sin saber toda la verdad, llegó a reclamarme que ambas pasábamos demasiado tiempo las dos solas y ya casi no la procurábamos; Touya también llegó a comentármelo en una ocasión. No era que lo hiciéramos a propósito, simplemente que todo esto era muy nuevo, y se me dificultaba, al menos a mí, entender cómo comportarme.

– Pues… ¡Está bien! – Escuché como exclamaba Kero y rápidamente descendía de nuevo al control en el suelo. – Pero sólo porque Mokona me debe una revancha de Super Space Fighter V.

Y dicho eso, comenzó a presionar los botones del control para comenzar un nuevo juego.

– ¡Gracias!, ¡gracias Kero!

Ahora sí estaba hecho… De acuerdo, no del todo. Aún faltaba preguntarle a Tomoyo si quería quedarse a dormir en mi casa, pero estaba casi segura de que diría que sí. Entonces pasaríamos una noche juntas, totalmente solas, sin preocuparnos porque alguien nos interrumpiera o molestara. Sería un momento adecuado para… Para…

Sólo hasta ese punto me puse a pensar detenidamente en lo que estaba planeando. ¿Estaba armando una situación en la que ambas nos quedáramos solas en casa para poder…? Cielos… Mis mejillas se calentaron ante la idea. ¿Estaba segura de lo que quería hacer? ¿No era todo muy precipitado? Ni siquiera había podido empezar a leer el manga que había comprado, y ahora sólo tenía cinco días para prepararme. ¿Iba a estar lista? ¿Y si volvía a ocurrir lo mismo que la última vez? De seguro Tomoyo ahora sí se molestaría enserio, si no era que ya lo estaba.

Era un pésimo momento para tener un ataque de pánico, pero era justamente lo que comenzaba a sentir. Me senté… Ah no, ya estaba sentada en la cama. El caso es que me quedé meditando unos momentos en la situación. Me dije a mí misma que era justamente lo que deseaba, para eso fui a Akihabara en un inicio. Y no importaba si era muy pronto; de hecho mientras pronto mejor, ¿no? Así que me quitaría este pendiente… ¡Pero no era un pendiente del que estábamos hablando! Se trataba de… hacer el amor… con mi novia… Debía de ser un momento de emoción y alegría, no de estrés y preocupación… ¡¿Entonces porque sentía que me iba a desmayar?!

Sin darme cuenta, comencé a respirar agitadamente.

– ¿Estás bien? – Escuché que Kero me preguntaba, volteándome a ver sorbe su hombro derecho.

– ¿Yo? ¡Sí!, claro. – Respondí apresurada.

Tenía que pensar rápido. Tenía poco tiempo, y debía aprovecharlo. Tomé mi maletín y me dirigí apresurada a la puerta de pronto.

– Voy al baño.

– Con tu maletín de la escuela? – Escuché que Kero me preguntaba cuando ya estaba de pie en la puerta.

– Ah… Sí… – Le respondí quedito, y entonces me salí de ahí antes de que me pidiera más detalles.

De hecho no era una mentira; realmente me dirigía al baño con mi maletín, o más bien con mi nuevo manga. No se me ocurrió ningún otro lugar en el que podría estar a solas. Me metí rápidamente antes de alguien me viera y cerré con llave. Bien, ¿y ahora qué?

Me recargue contra el lavabo, y miré nerviosa el maletín. ¿Porque me sentía tan nerviosa a estas alturas? Quizás era la idea de leer… Eso… Ahí, en mi casa, con sólo una puerta de madera entre mis padre, mi hermano, Yukito, Kero y yo. El que tuviera que esconderme así parecía tan incorrecto… Aunque en verdad en ese tema de esconder cosas a la gente, la actual dueña de las Cartas Clow, o más bien Cartas Sakura, no podía darse el lujo de fingirse nueva en ello.

Suspire con fuerza para tomar valor, y sin más abrí el maletín y lo saqué. Fue algo curioso tomarlo entre mis dedos. Quizás era porque éstos me temblaban un poco, pero la sensación del material de la portada se sintió diferente. Admiré un rato más el dibujo de la portada, y sobre todo quise analizar con más cuidado la apariencia de las dos chicas. La de cabello castaño claro y rizado, transmitía un porte elegante y delicado. Sus ojos eran grandes, verdes y brillantes. Tenía una bonita figura, no tan exagerada como la de otros dibujos mangas que había visto. La otra chica tenía una apariencia y figura un tanto más atlética. Tenía ojos azules, piel un poco morena, y era unos centímetros más alta que la otra. Su cabello era corto, con un peinado casi similar al de un chico; pero aun así tenía un toque muy femenino en ella, sobre todo en la expresión de su rostro, en su sonrisa, y en la forma tan delicada en que tomaba la mano de la otra. ¿Cuál sería su historia?

Me olvidé de leer la contraportada y me fui directo al inicio. El dibujo a blanco y negro del interior no era tan llamativo como el de la portada, pero no era nada descuidado. De hecho tenía mucho detalle en cada viñeta, sobretodo en los fondos. La historia básicamente era sobre una chica llamada Saeiki, la de cabello negro y corto, una buena estudiante y deportista, que acababa de ingresar a una academia muy prestigiosa y elegante de sólo mujeres que se encontraba algo escondida entre los bosques. Ahí ella conoce a Minako, la chica de cabello castaño, que era de un año más arriba que ella, y era algo así como la chica más popular de la escuela, hermosa, inteligente y perfecta. En cuanto la vio por primera vez, Saeiki parece enamorarse de inmediato de ella. Pero Minako al parecer es novia de otra chica igualmente hermosa y popular llamada Asuka. Saeiki no se considera la gran cosa para gustarle a alguien como Minako, en especial compitiendo contra alguien como Asuka, por lo que decide olvidarlo. Pero al parecer no le será tan sencillo como ella cree…

Lo sé, no es una historia precisamente de best seller, pero no está tan mal considerando el tipo de manga que se suponía que era. De hecho, me resultó más interesante de lo que esperaba. Me agradó mucho el personaje de Saeiki; no es completamente parecida a mí, pero hay algunos detalles en ella que me hacen recordarme a mí misma. Ocurría lo mismo con Minako; tenía una personalidad tranquila y amable, siempre sonriente, que me hacía pensar de inmediato en Tomoyo; también había muchas diferencias, pero los parecidos me resultaban más fascinantes.

Comencé a leer el primer capítulo de forma calmada, al parecer olvidándome en donde me encontraba. Casi todo el inicio era la llegada de Saeiki a esta nueva Academia, como conoce a Minako, a Asuka y al resto de los personajes, todas mujeres, estudiantes o maestras. Cada una tenía una personalidad un tanto singular, que contrastaba mucho con la personalidad más o menos más normal de Saeiki, lo que la hacía en ocasiones confundirse o incluso asustarse un poco.

Me había concentrado tanto en lo personajes y en lo que contaban, que en verdad olvidé por un momento el tipo de manga que estaba leyendo… Hasta que algo me lo recordó abruptamente…

Fue en el último tercio del primer capítulo. Saeiki se reunió con la entrenadora del club de atletismo, algo tarde para ver si podía inscribirse. Al salir, pasó frente a un salón vacío, y comenzó a escuchar extraños sonidos provenientes de él. Algo en esos sonidos pareció llamarle mucho la atención, por lo que no pudo evitar la curiosidad de correr un poco la puerta y asomarse. Lo que vio del otro lado, lo dejó atónita… Eran Minako y Asuka, las dos solas en el salón. Asuka estaba sentada sobre uno de los pupitres, con el saco y blusa de su uniforme totalmente abiertos, y su sostén alzado. Sus pechos estaban al aire, y tengo que decir que la forma en la que estaban dibujados era muy llamativa, redondos y con pequeños pezones. Minako estaba agachada, con su rostro pegado contra su busto, con uno de sus pezones entre sus labios, y parecía besarlo, lamerlo y succionarlo un poco; Asuka tenía su cabeza hacia atrás, sus labios separados y su rostro totalmente rojo… Bueno, no rojo porque el dibujo era a blanco y negro, pero se entendía el efecto de sonrojo en su rostro. No pude evitar recordar esa ocasión en la que Tomoyo me estaba haciendo eso mismo a mí… De nuevo sentí que mi rostro se calentaba, pero ahora no era sólo mi rostro.

Me sentí un poco incomoda y nerviosa, pero seguí leyendo. Saeiki parecía sorprendida, y pensaba que debía irse y no estar viendo eso. Sin embargo, según lo que ella misma dice, algo parecía atraerla, y hacerla querer ver un poco más. Y era justamente como yo me sentía. Una parte de mí me decía que no debía de estar viendo eso, pero otra parte más fuerte me impedía abandonarlo. Minako siguió probando los pechos de Asuka, y ésta parecía disfrutarlo enormemente. Era un manga, pero por las onomatopeyas parecía que gemía con fuerza. La expresión en el rostro de Minako era algo distinta. En todo el capítulo se había mostrado muy amable y gentil, casi un ángel. Pero en ese momento tenía una expresión provocadora, y decía cosas como “¿esto te gusta, verdad?”, “Siempre te ha gustado que te chupe así tus pervertidos pezones”. “Qué chica tan mala, soltando esos gemidos tan indecentes en donde acabamos de tener clases. No podrás estar sentada en este lugar sin recordar lo que te estoy haciendo, y de seguro te mojarás ahí con todos a tu alrededor…” Saeiki y yo compartíamos la misma reacción de sorpresa; quizás esa era la intención final de la autora.

Luego de un par de páginas, Minako se aparta y Asuka se deja caer hacia atrás, quedando recostada sobre el pupitre, o más bien eran dos pupitres que habían puestos pegados uno frente al otro, y respiraba agitada. Minako se le quedó viendo un rato, admirándola. Comenzó a sacarle la vuelta al pupitre, hasta colocarse frente al rostro de Asuka, que colgaba del otro lado. Metió de pronto sus manos en su falda, y se bajó sus pantaletas, así como si fuera cualquier cosa. Recuerdo que esa sola viñeta, de ella con sus manos bajando por sus piernas con todo y su ropa íntima, mientras tenía esa expresión tan provocadora en su rostro… Recuerdo que me dejó estupefacta, y tuve que cerrar el manga un minuto para digerirlo. Eso no me había molestado sino… Creo que todo lo contrario. Era difícil de explicar. No entendía bien lo que eso me hacía sentir. Eran sólo dibujos en un papel, pero realmente… sentía que provocaban algo en mi cuerpo; me hacían sentir… extraña…

Lo volví a abrir justo en donde me había quedado. Si todo hasta ese momento me había sorprendido, no sabría con qué describir lo que siguió. Minako se retiró por completo sus bragas y entonces se subió la larga falda de su uniforme con ambas manos, hasta dejar expuesto su sexo, que no tenía nada de vello dibujado. Estando la cabeza de Asuka aun colgando del pupitre, se acercó a ella y, literalmente, ¡pego sus labios vaginales contra su rostro! O más bien contra su boca, ya que en una viñeta se veía como Asuka sacaba su legua y comenzaba a… lamerla…

“Sexo Oral”, pensé de inmediato recordando lo que Tomoyo me había dicho. ¿Entonces era cierto?, ¿la gente realmente hacía eso? Minako pareció disfrutar mucho lo que estaba pasando. Su espalda se arqueaba un poco, y según las onomatopeyas, creo que pequeños gemidos surgían de sus labios, a pesar de que estaba sosteniendo su larga falda con sus dientes. Con una mano se tomaba y acariciaba su pecho izquierdo por encima de su uniforme, y con la otra recorría a tientas el torso desnudo de Asuka, poniendo principal atención en sus pechos.

¿En verdad que te lamieran ahí… se sentía… bien…? Recordé que el roce de la lengua de Tomoyo contra mis pezones, había tenido un efecto muy fuerte en mí. ¿Qué pasaría si ella…? Mi respiración se agitó un poco, al igual que mis latidos; era al parecer lo mismo que a Saeiki le ocurría. Estaba casi hipnotizada por lo que estaba viendo, y no podía apartar sus ojos. Entonces ella también comenzó a tocarse sus propios pechos, de menor tamaño que las dos chicas frente a ella, pero que aun así parecían provocarle mucho gusto al acariciarlos. Minako siguió haciendo que Asuka le lamiera por un rato, pero luego se apartó abruptamente, confundiéndola un poco. Minako se puso de rodillas para poner su rostro cerca del de Asuka, y lo tomó con un toque dulce entre sus manos. Sus rostros estaban contrarios, pero eso no le impidió darle un beso en los labios, que luego se convirtió en uno de lengua. El dibujo era bastante explícito en ese punto, mostrando las lenguas acariciándose, y el rastro de saliva que quedaba entre ellas.

Luego de eso pareció haber un pequeño salto. Lo próximo que se mostró, fue a Asuka de nuevo sentada en el pupitre, con sus manos apoyadas contra éste. Tenías sus piernas abiertas, y al parecer se había quitado su falda y pantaletas, y éstas estaban en el suelo. Minako estaba de rodillas entre sus piernas, y ahora era ella quien la lamía con ímpetu, y Asuka parecía enloquecer con todo lo que le hacía. Minako también se había quitado su falda, y tenía su mano derecha contra su propio sexo y lo acariciaba… Justo como Tomoyo lo hizo en aquella ocasión… Sorprendentemente, Saeiki también lo hacía… Seguía de pie en la puerta, viendo apenas por una pequeña separación. Y ya no sólo se acariciaba sus pechos sobre el uniforme, sino que había metido una mano debajo de su falda, y se acariciaba con sus dedos.

“Masturbarse…”, así era como Tomoyo lo había descrito, y como lo habían mencionado en las clases de sexualidad. Recordé que yo misma lo había intentado en aquella ocasión. ¿Por qué Saeiki lo hacía? ¿El estar viendo eso la hizo querer hacerlo? ¿El estar leyendo esto… me hacía a mí quererlo igual? Inconscientemente, bajé mi mirada hasta mi falda. No me había percatado hasta entonces, pero sentía un pequeño cosquilleó entre mis piernas…

Cerré el manga, y lo dejé sobre el lavado. Con mi mano izquierda, tomé mi falda y la alcé un poco. Separé sólo un par de centímetros mis piernas, para poder acercar los dedos de mi mano derecha… Los coloqué un poco sobre esa área en especial, esa área que me estaba casi llamando. Fue extraño, pero sentía la tela un poco húmeda, y también toda esa área en general radiaba un calor un poco mayor al resto de mi cuerpo. Presioné mis dedos un poco, y un pequeño escalofrío me recorrió toda la espalda y pareció salir por mi boca en forma de un pequeño gemidito ahogado. Moví un poco más los dedos. Se sentía, extraño… Pero no desagradable. Acaricié un poco más, un poco más… No sabía qué pasaría si seguía, sólo sabía que quería seguir. Seguir, y seguir, seguir hasta que…

– ¡Oye monstruo! – Escuché con mucha fuerza que mi hermano gritaba, seguido de un par de golpes con fuerza en la puerta. – ¡¿Te quedaste dormida o qué?!

El susto fue tan grande que casi sentí que el corazón me saldría por la garganta. Casi me resbalé y caía de espaldas al suelo, pero logré sostenerme del lavabo con fuerza para evitarlo.

– ¡Ya voy!, ¡Ya voy!

Asustada, nerviosa, alterada, y cualquier otro estado de ánimo similar, guardé el manga en mi maletín y abracé éste con fuerza contra mí. Jalé la cadena del baño para disfrazar un poco la situación. Abrí la puerta lentamente, y del otro lado se encontraba Touya, quien me miró fijamente, algo enojado. Noté que centraba su atención principalmente en mi maletín.

– ¿Qué estabas haciendo?

– Ay, hermano… Eso… No se pregunta…

Antes de que me siguiera cuestionando más al respecto, corrí apresurada hacia mi cuarto y cerré la puerta. ¿Podría haber parecido más sospechosa? No lo creo.

Me había dejado llevar, y sólo fueron unas cuantas páginas. ¿Era eso normal? Quién sabe. Pese a todo, parecía que el manga de Saeiki y Minako me sería más interesante y útil de lo que esperaba. Pero, ¿me ayudaría lo suficiente antes del sábado?

CONTINUARÁ…

NOTAS DEL AUTOR:

¿Alguien más sintió este capítulo algo apresurado? No sé, siento que puse muchas cosas en muy poco tiempo. En fin, ¿cómo han estado? Ando en una carrera por ir actualizando más seguido mis seis Fanfics actuales, y al fin le tocó el turno a esta historia. ¿Qué les pareció el capítulo? A mí me gustó, ya que hasta ahora sólo había sido Sakura y Tomoyo, y fue agradable ver a algunos otros personajes. Pero bueno, cómo ven ya todo se va armando y si tenemos suerte caerá en su lugar pronto. Crucen los dedos. No olviden dejar sus comentarios y opiniones.

  Capítulo AnteriorCapítulo Siguiente  

Mi novia, Tomoyo. “Mi nombre es Sakura Kinomoto, y la chica que está dormida a mi lado en la cama, es mi novia, Tomoyo…” Historia narrada desde la perspectiva de Sakura Kinomoto, en la que expresa sus pensamientos y emociones al comenzar una relación con su mejor amiga, Tomoyo Daidouji, y cómo lidia con los cada vez más profundos contactos físicos entre ambas.

+ “Cardcaptor Sakura” © CLAMP, Editorial Kodansha, Madhouse.

Si te ha gustado mi trabajo y deseas ver más de él, puedes apoyarme invitándome un café. Será enormemente apreciado.

2 pensamientos en “Mi novia, Tomoyo – PARTE 5

  1. Pingback: Mi novia, Tomoyo – PARTE 6 – Wingzemon3X.net

  2. Pingback: Mi novia, Tomoyo – PARTE 4 – Wingzemon3X.net

Deja un comentario