Fanfic Mi novia, Tomoyo – PARTE 4

23 de diciembre del 2016

Mi novia, Tomoyo - PARTE 4


N.A. Vaya, no tienen idea de lo difícil que fue escribir esto en primera persona. No soy muy fan de escribir así, de hecho creo (al menos que mi memoria me fallé), que es la primera historia que hago así, por lo que escribir este tipo de escenas de esta forma me fue endemoniadamente complicado como no tienen idea. Al final creo que me salió lo mejor que me pudo haber salido. Disfrútenlo.

WingzemonX

MI NOVIA, TOMOYO

Parte 4

No estuvimos mucho tiempo más en la tina. Tomoyo salió primero, y con las gotas de agua escurriendo por su cuerpo, caminó hacia el armario para sacar dos toallas, las dos de color rosado. Yo aún no sacaba mis pies del agua, cuando ella se me aproximó y me extendió una.

– Gracias.

Tomoyo empezó a secarse el cabello al tiempo que caminaba hacia la puerta. Yo pasé la toalla por mis hombros y brazos, y un poco por mis muslos, para después rodear mi torso con ella y seguirla hacia afuera. Al salir, mi cuerpo se había acostumbrado tanto al agradable calor del baño, que una fuerte sensación de frío me invadió. Me quedé de pie frente a la puerta, viendo con atención como Tomoyo caminaba hacia la cama y se sacaba su cuerpo. Parecía tan relajada, tan natural; cómo si acabara de salir de bañarse sola. Caminaba sin nada de ropa por su cuarto con total libertad. Incluso las cortinas de la habitación estaban abiertas, y no le importaba.

Di un par de paso hacia las cortinas para correrlas, pero apenas mostré mi intención, escuché que Tomoyo me hablaba desde la cama.

– ¿Tienes frío? ¿Quieres que encienda la calefacción?

– ¿Qué? No… No, estoy bien…

Tenía mis manos aferradas al nudo de mi toalla e manera nerviosa. La toalla era un poco pequeña, por lo que tenía que apretarla con algo de fuerza para que cubriera por completo mi torso, y se mantuviera en su lugar. Tomoyo se había sentado en la orilla de la cama, y me miraba con curiosidad desde ese lugar, como preguntándose cuando iría hacia ella. Seguí mi camino hacia la ventana, sin embargo, para correr las cortinas, lo cual no fue muy sencillo de hacer con una mano, mientras con la otra sostenía mi toalla.

– ¿No te agrada la luz natural? – Escuché como comentaba con total calma. – No creo que realmente alguien pueda vernos.

– Lo sé, pero…

Bueno, lo cierto era que la casa más próxima estaba algo lejos y con un amplio jardín y patio de por medio, por lo que era poco probable que alguien alcanzar a vernos desde la ventana… Pero aun así la sola posibilidad me incomodaba mucho.

Los últimos centímetros para correr la cortina fueron algo complicados de lograr, pero cuando estaba por rendirme sentí como la mano de Tomoyo se posaba sobre la mía, y de un movimiento lento me ayudaba a completar mi tarea. Sin darme cuenta, ella se había parado de la cama, y colocado detrás de mí. Cuando se estiró, su cuerpo se pegó contra mi espalda, lo que me provocó una ligera sensación cálida, agradable considerando que seguía con frío.

Tomoyo soltó la cortina y mi mano, y entonces me rodeó con ambos brazos, abrazándome y pegando su rostro contra mi cabello.

– Sigues un poco nerviosa, ¿verdad? – Me murmuró con suma gentileza.

El sentirla tan cerca de repente, me congeló un poco, y lo único que fui capaz de hacer para responderle, fue asentir con mi cabeza. Ella me abrazó con más fuerza contra ella, y se quedó así, sin decir nada, ni hacer nada más; posiblemente intentaba tranquilizarme.

– Y… Entonces… – Susurré de pronto con duda en mis palabras. Como pude, voltee a verla sobre mi hombro. Sentía mi rostro arder. – ¿Cómo… empezamos…? ¿Qué es lo que… haremos exactamente?

Tomoyo, sin desvanecer esa tierna sonrisa que siempre lleva consigo, inclinó su cabeza hacia un lado, y me miró fijamente, algo divertida.

– ¿Qué haremos exactamente? ¿No habrás aceptado hacer esto sin saber qué es lo que haríamos, o sí?

– ¡Claro que no! ¡Sí lo sé…! Sólo… No estoy segura…

Me daba un poco de pena admitirlo tan abiertamente. Ella misma me lo acababa de decir hace unos minutos en la tina: todo eso no era un tema en el que pensará de manera regular, y con “no pensarlo de manera regular”, me refiero a casi nunca.

– No es que no sepa nada de eso. Sé lo que se supone que se hace cuando un hombre y una mujer… Lo hacen. Pero no sé exactamente cómo… tú… y yo…

Me sentía como una niña de diez años otra vez. Insegura, algo temblorosa y dudosa. La verdad era que mis acercamientos teóricos hacia… El sexo, habían sido realmente reducidos hasta ese entonces. Obviamente sabía cómo un hombre y una mujer hacían “eso”. Todos sabían cómo era, eso te lo enseñaban en la escuela. Incluso, aunque me apena un poco, en un par de ocasiones durante mis años de secundaria, me había tocado cruzarme con… Cierto tipo de imágenes, que ya no dejaban mucho más a la imaginación lo descrito en las explicaciones escolares. Incluso hace un año, una compañera de la escuela había llevado una revista manga para adultos a escondidas a la escuela, que supuestamente le había encontrado a su hermano y se las enseñó al resto de las chicas. Yo no quise verla, aunque escuché de lejos un poco lo que decían o describían. Fuera de eso, estaba pasando por toda esa experiencia, prácticamente en blanco.

¿Por qué nunca tuve la curiosidad de investigarlo, de saber más al respecto? ¿Por qué nunca consideré la posibilidad de que esto pasaría, de que terminaría en ese lugar y momento, con la persona que amo? ¿Sería acaso porque hasta hace unos meses atrás, jamás consideré que esa persona sería otra mujer?

Tomoyo se separó un poco de mí, y con mucha delicadeza me hizo darme la media vuelta para que estuviéramos cara  a cara; yo no me opuse a ello. Su mirada se volvió un poco intimidante para mí, y me vi forzada a voltearme a otro lado.

– Dime algo, Sakura-chan. ¿Qué es para ti realmente hacer el amor? – Me preguntó directamente, mirándome fijamente a los ojos. – Y no me refiero al acto físico que nos enseñaron en la escuela, o lo que ponen en las revistas para adultos. Realmente, para ti, ¿qué es que una pareja enamorada haga el amor?

Me quedé muda. ¿Qué podría responder a una pregunta cómo esa? Tomoyo notó de inmediato que no era capaz de decirle nada, y en el fondo muy seguramente lo esperaba desde un inicio. Me volvió a sonreír, y entonces alzó su mano derecha hacia mi mejilla, y me acarició con la yema de los dedos.

– ¿Crees que es algo que sólo un hombre y una mujer pueden hacer? Yo creo que somos el vivo ejemplo de que se puede sentir un gran amor por otra persona, independientemente de si es un hombre o una mujer. ¿No lo crees?

– Sí… Lo somos. Pero creo que en realidad… No sé… No sé lo que es realmente… Hacer el amor.

– ¿Quieres que te diga que es para mí?

De nuevo no le respondí con palabras, sino que sólo asentí lentamente con mi cabeza.

Tomoyo tomó mi rostro con sus manos, y se me acercó. Pensé de inmediato que me besaría, por lo que, quizás por reflejo, cerré mis ojos, esperando el contacto de sus labios. Sin embargo, dicho contacto no ocurrió. En lugar de ello, Tomoyo mantuvo su rostro a unos centímetros de mí, tan cerca que podía sentir su respiración sobre mi rostro. Quise abrir mis ojos de nuevo, pero por alguna razón no pude. De hecho, era incapaz incluso de moverme…

– Ya te lo he dicho antes, pero jamás he hecho el amor con nadie, Sakura-chan. Siempre desee que si algún día lo hacía, sería contigo, contigo y con nadie más… – Sentí como bajó sus brazos desde mejillas hacia mi cuello, luego por mis hombros, y mis brazos. – Para mí, que dos personas hagan el amor, es más que un acto físico específico que se pueda describir. Es más que seguir una lista de pasos o instrucciones fijas en una lista. Para mí, se trata de un acto de completa intimidad…

Sus manos siguieron bajando por mis brazos, acariciando cada centímetro de piel en la ruta hacia mis manos, las cuales tomó dulcemente y empezó a guiarme para que comenzara a caminar. ¿Hacia dónde?, no lo sabía en su momento, ni tampoco me lo pregunté. Sólo me dejé llevar por ella, totalmente sumida en la sensación que me provocaba escuchar su dulce voz.

– Yo creo que… Cuando dos personas hacen el amor, sienten como si fueran las únicas personas en el mundo. Por esos breves momentos, no importan los problemas, no importa la escuela, el trabajo, o lo que esté pasando más allá de la puerta. Uno se transforma en el todo del otro, y ya no hay nada ni nadie entre ellos…

Aún tenía los ojos cerrados, cuando sentí que mis piernas se encontraban con el borde de la cama. Ella me siguió guiando, haciendo que me sentara en la cama. Ella se sentó a mi lado. Sentí entonces como dirigía su mano hacia mi rostro, y me acariciaba tenuemente con la yema de los dedos, pasando por mi frente, mis parpados, mi nariz, mis mejillas, mis labios, mi barbilla, y turnándose entre uno y otro. Luego de unos segundos, bajó por mi cuello y mis hombros, y se dirigió a la altura de mi pecho… Al nudo que mantenía mi toalla atada a mi cuerpo.

– No hay obstáculos, ni ropa, ni paredes, ni barreras. – Escuchaba como susurra, ahora directamente sobre mi oído. Temblé un poco; recuerdo que sentí como mi piel se erizaba. Tomó mi toalla, y empezó a desatarla; ni siquiera me cruzó por la cabeza detenerla. – Sus cuerpos y sus almas pueden de esa forma sentirse por completo el uno al otro. Cada beso, cada caricia, cada abrazo…

Sentí frío cuando la tela de la toalla dejó de proteger mi cuerpo. Sentí por unos momentos el impulso de cubrirme, pero Tomoyo se me adelantó, rodeándome con sus brazos, y pegándose contra mi costado. Los senos de Tomoyo estaban pegados contra mi brazo; era una sensación extraña tenerla directamente, sin nada de ropa, y sentirla tan cerca, tan cerca de mí…

Comenzó entonces a frotar su rostro contra mi mejilla y mi cuello; el roce de su nariz me daba un poco de cosquillas. No tardó mucho en comenzar a besarme. De manera lenta, delicada. Era un poco diferente a los besos de cuello de costumbre. No eran tan fuertes y apasionados como siempre… Pero por alguna razón, se sentían mucho, mucho más. La sola cercanía de sus labios con mi piel me provocaba una sensación enorme que me recorría todo el cuerpo. ¿Por qué era tan diferente? ¿Qué era lo que me provocaba eso tan fuerte?

– Todo lo que hacen, lo hacen pensando únicamente en la otra persona. – Escuché como continuaba susurrándome, entre un beso y otro. – Y deseando que él sienta todas sus emociones con cada acción…

Tomoyo me tomó de los hombros, y suavemente comenzó a hacer que me hiciera hacia atrás para recostarme en la cama. ¿Por qué hacía eso? En realidad, no importaba. Sólo quería seguir escuchando su voz, y sentir su cuerpo contra el mío; estaba tan cómoda, que no quería hacer nada que la hiciera detenerse. Mi espalda desnuda se encontró directamente con el cobertor de la cama de Tomoyo. Se sentía tan suave; fue como recostarme sobre una nube… Aunque nunca me he recostado sobre una nube antes, pero creo que se ha de sentir parecido a lo que sentí en esos momentos. Tomoyo se recostó a mi lado también, y continuó besando mi cuello. Rodeó mi cuerpo con un brazo, y empezó acariciar mi costado y brazo.

Mi respiración se agitó. No era como se me aceleraba con los besos de cuello, era algo mucho más fuerte. Incluso mi corazón comenzó a latir con más fuerza, lo sentía brincar debajo de mi pecho.

– Así que, en pocas palabras, ¿qué se hace cuando dos personas hacen el amor? – Me murmuró muy despacio sobre mi oído. – Lo que sea que ambos deseen hacer…

Volví a temblar cuando escuché esas últimas palabras tan cerca de mí. Había escuchado todo lo que dijo, pero fue hasta ese momento en el que comencé a procesarlo, en el que comencé a entender las palabras que me acababa de decir, y ese sólo hecho me sonrojó… En sentido figurado, ya que de manera literal de segura ya lo estaba desde hace mucho. Abrí lentamente mis ojos, e intenté voltear a verla como me fue posible; pero mi cuerpo se sentía débil, muy débil…

– Creo que en realidad sabes mucho de esto… Para nunca haberlo hecho… – Señalé entre suspiros profundos. Tomoyo rio un poco, sonriendo con ligera astucia en su expresión.

– Soné muy segura mí misma, ¿verdad? – Me preguntó con un tono burlón. – He leído mucho al respecto, tal vez más de lo que debía. Pero en realidad, todo eso que dije es cómo me imagino que es, como me he imaginado muchas veces que sería… Hacerlo contigo… Sakura-chan…

Tomó mi rostro de nuevo con sus manos y volvió a acercarse hacia mí. Esta vez, si unió sus suaves labios contra los míos, y ahí los dejó, moviéndolos dulcemente en uno de los besos más tiernos que nos habíamos dado. Sin separar la unión de nuestros labios, sentí como se iba colocando lentamente sobre mí, como cuando estábamos en el suelo. Ahora ya no sentía miedo o asombro como antes. En realidad, ni siquiera me molestaba en pensar al respecto; estaba más concentrada y lo bien que se sentía ese beso. Todo se sentía con mucha más fuerza que otras ocasiones, todo lo podía sentir con mucha más plenitud.

No sé cuánto nos besamos. Dependiendo del momento, al recordarlo, me parece que fue mucho, o muy poco. Volví a abrir mis ojos, y con lo primero que encontré, por supuesto, fue con el rostro de Tomoyo, suspendido sobre mí, mirándome fijamente con una amplia sonrisa, y con sus mejillas sonrosadas. Yo le regresé su sonrisa.

Es extraño de describir, pero el escuchar esas palabras, y no sólo escucharlas, sino además sentir en carne propia que esa persona ante mí me amaba tanto, me… deseaba tanto, fue una sensación realmente agradable, halagadora. Tomoyo me miraba como siempre, pero ahora incluso más que antes: cómo si fuera la persona más hermosa y maravillosa que hubiera visto en su vida. Y así era como me sentía en esos momentos, así era como Tomoyo me hacía sentir.

– Quiero sentir contigo todo eso que describes, Tomoyo. – Le dije luego de un rato de estar en silencio, simplemente contemplando su expresión. – Quiero realmente… Hacer el amor contigo… ¿Cómo comenzamos…?

Tomoyo me volvió a sonreír ampliamente, y se me volvió a acercar. De nuevo, de manera instintiva, intuí que me besaría, por lo que cerré mis ojos y aguardé. Justo cuando estaba por hacerlo, se detuvo, y pronunció muy despacio…

– Ya… lo hicimos…

– ¿Qué…?

Me sorprendí un poco de escucharla decir tal cosa. Quise abrir mis ojos y preguntarle a qué se refería, pero entonces cortó los escasos milímetros que había entre nuestros labios, sellando así el beso que había visto venir. Ya no era lento o delicado como antes, sino un poco más fuerte, un poco más rápido. Bajó también todo su cuerpo, recostándolo contra el mío. No había ninguna tela, ni nada que separara nuestros cuerpos; ninguna “barrera o pared”. Ella agitaba un poco su cuerpo mientras me besaba, e irremediablemente se rozaba contra el mío. Sus pechos presionaban los míos con fuerza. Mis pezones, estaban algo sensibles; podía sentir por completo el roce de su piel contra ellos, cada uno más placentero que el anterior. Sus piernas se apretaban un poco contra las mías, como si intentara abrazarlas. Sus manos acariciaban mi cuello, mis mejillas y mis hombros. ¿Y yo? Yo no hacía, o podía hacer algo. Simplemente dejé que ella hiciera lo que quisiera… Y fuera lo que fuera que hiciera, mi cuerpo se lo agradecía enormemente.

El beso convencional no tardó mucho en convertirse en un beso de lengua, y yo la dejé. Abrí ligeramente mis labios, y permití que su lengua entrara en mi boca, y acariciara la mía. Casi siempre me portaba muy pasiva… ¿Así se diría?, en ese tipo de besos; casi siempre me quedaba quieta, y dejaba que ella fuera la que decidiera qué hacer. Pero en ese momento me atreví a hacer algo un poco diferente. Comencé a mover mi propia lengua, de manera insegura contra la suya, intentando ganar un poco de terreno, hasta lograr introducirme en su boca. Ella de hecho no se opuso de gran forma a ello; de hecho más bien pareció permitírmelo. Me pareció tan raro tomar aunque fuera un poco el control por una vez, pero no me desagradó.

Tomoyo se separó abruptamente de mí, y tomó una larga bocanada de aire. En ese instante me di cuenta que a mí también se me había ido el aliento, y respiraba con agitación intentando remediarlo. Tomoyo alzó su cuerpo un poco, y se acomodó su largo cabello hacia un lado. Volvió a bajar, pero ahora no hacia mis labios, sino directo a mi cuello, y empezó a turnarse entre besos y lamidas en esa zona tan sensible. Estuve unos momentos preguntándome si yo debía de hacer algo también. ¿Debería también intentar besarle el cuello? ¿Acariciarla? No tuve mucha oportunidad de pensar en ello, ya que en ese momento, Tomoyo hizo algo… Inesperado.

Colocó una de sus manos en mi costado derecho, y lo acarició. Eso no fue lo inesperado. Lo inesperado fue que empezó a subir lentamente por él al tiempo que me besaba, a subir… Hacia mi busto. Cuando menos lo pensé, los dedos de Tomoyo habían llegado hacia mi pecho derecho, y comenzaba a pasarlos en círculos por todo él, esquivando, posiblemente apropósito, el área de mi pezón.

Eso me sorprendió mucho. Abrí de nuevo mis ojos, y voltee a ver como pude, viendo su mano sobre mi seno. ¿Me estaba tocando… ahí? Eso era tan raro, era una parte tan privada para mí, nunca se la había mostrado a nadie… Bueno, no deliberadamente ni prolongadamente, pero lo que definitivamente nunca había dejado era que alguien me tocara de esa forma. Fue… Tan extraño. No era que sintiera nada en especial, sólo ligeras cosquillas en mi piel cuando los rozaba con sus dedos. No se trataba tanto de lo que me hacía sentir físicamente, sino lo que significaba que alguien me estuviera tocando de esa forma, en ese lugar… Al menos así era, hasta que al fin dirigió sus dedos hacia mi pezón, y empezó a acariciarlo de manera regular, de arriba hacia abajo, con la yema de los dedos.

Un suspiro se escapó de mis labios al sentir esa caricia, que en verdad, en verdad se sentían demasiado, incluso más que cuando sus pechos se frotaban con ellos hace unos momentos. Cada toque era como una pequeña chispa, y apenas terminaba de procesar una, cuando le seguía la siguiente y la siguiente. ¿Era natural que estuvieran tan sensibles? Creo que nunca los había tenido así antes; de haberlos tenido, el sólo roce con mi ropa hubiera sido bastante incómodo. ¿Era acaso como resultado de lo que estábamos haciendo? Porque para ese entonces, no podía negar el hecho de que mi cuerpo estaba reaccionando de una forma que jamás había hecho antes. Me sentía caliente, no sólo mi rostro, sino todo mi cuerpo, hasta la punta de los pies; incluso sentía que mi frente sudaba ligeramente. La parte que más sentía caliente, era la parte baja de mi vientre. Sentía además en esa área una extraña presión, que no era desagradable, sólo… Inusual. Mi piel, sobre todo algunas zonas como mi cuello, mis pezones, mis labios, mis costados… Se encontraban muy sensibles, extremadamente sensibles. El sólo roce de los dedos, los labios o la lengua de Tomoyo, se sentía demasiado. Me faltaba el aire, y necesitaba dar profundas bocanadas de aire para no asfixiarme. Y mi corazón… ¡Cielos!, mi corazón latía tan fuerte, como si estuviera haciendo ejercicio.

– ¿Se siente bien si te tocó aquí? – Escuché que me preguntaba justo después de una lamida en mi cuello, y justo antes de otra más. De seguro su pregunta era acerca de lo que hacía en mi pezón, el cuál seguía acariciando con sus dedos.

– Yo… No lo sé… Cre… Creo que… ¿Tal vez…? – Le respondí suspiros, volteando mi rostro hacia otro lado. Me daba mucha pena decirlo abiertamente, pero en efecto se sentía bien… Muy bien.

– Me alegra tanto escuchar eso, Sakura. – Agregó con mucha emoción. – Me alegra tanto hacerte sentir bien. Quiero hacerte sentir cada vez mejor Sakura, quiero ser la única que te haga sentir así…

Mientras decía eso, percibí como iba bajando por mi cuello, luego por lo hombro, y luego bajó un poco más, y un poco más… Y presentí a donde se dirigía…

– ¡¿Qué?! ¡Ah! Espera, Tomoyo…

No escuchó mi petición, o quizás prefirió no escucharla. Siguió bajando los últimos centímetros que le faltaban, y entonces colocó sus labios contra mi pezón izquierdo, en un delicado y muy suave beso, que para mí se sintió mucho más… Un fuerte suspiro surgió de mis labios, y mi espalda se separó un poco de la cama sin que yo quisiera. No me dio ni siquiera tiempo de asimilarlo por completo, cuando volvió a darme otro beso en el mismo sitio, y otro, y otro, cada uno más duradero que el anterior. Siguió así, hasta que los besos ya no fueron suficientes, y tuvo que usar su lengua. Su lengua… Hasta ese momento preciso, nada de lo que hubiera sentido físicamente en mi vida se comparó a lo que sentí cuando la cálida lengua de Tomoyo tocó mi piel, de abajo hacia arriba, apenas con la punta, recorriéndolo todo de manera lenta…

– ¡Ah! – Lo que surgió de mi boca ya no fue un simple suspiró; había sido un pequeño gemido, pero no de dolor, sino de algo más…

No se detuvo ahí. Continuó, y continuó, explorando por completo esa área específica con su lengua, poco a poco con algo más de apuro. Sus dedos seguían acariciándome del otro lado, igualmente aumentando su velocidad al mismo ritmo que su lengua. Eso, era demasiado para mí…

– No, Tomoyo… Por favor… ¡Ah! Se… Siente muy raro… ¡No! ¡Ah!

Apenas y podía hablar. Cada vez que ella hacía algo, un pequeño gemido se escaba de mí y cortaba mis palabras. De hecho, ni siquiera estoy segura si realmente lograba decir algo o sólo lo pensaba, pues Tomoyo jamás pareció mostrar intención alguna de detenerse, sino todo lo contrario. No sabía qué pensar, ni siquiera podía pensar. Era como descargas de sensaciones que me recorrían una detrás de otra, y no podía procesarlas todas. Mi cuerpo se estremecía y temblaba, mi espalda se arqueaba un poco, y mis piernas se agitaban. ¿Todo eso que sentía era normal? Tenía un poco de miedo, pues todo era tan nuevo, tan diferente a lo que habíamos hecho hasta entonces.

Llevé mi mano derecha hacia mi boca en intento de silenciarme. Funcionó en parte, ya que aunque la silenciaba, mi voz no lograba permanecer oculta por completo. Fui consciente entonces que los dedos de mi otra mano apretaban con fuerza el cobertor. Era curioso, me recordó a cuando me ponían una vacuna de más pequeña. El miedo me hacía querer aferrarme a algo mientras me inyectaban, como a mi asiento, o a la camisa de mi padre. El acto era muy similar, pero el sentimiento era totalmente distinto.

Mis piernas se estiraban y flexionaban sin razón aparente. Parecían estar buscando una posición exacta, pero yo no lo ordenaban; ellas lo hacían por sí solas, como si tuvieran vida propia. En uno de esos movimientos involuntarios, alcé mi pierna izquierda, y de alguna forma mi muslo terminó entre las piernas de Tomoyo, pegándose contra ella.

– ¡Ah! – En ese momento, Tomoyo se separó abruptamente su rostro de mí, y soltó un pequeño gemido al aire.

Yo no entendía lo que había pasado, y tardé un par de segundos en entender siquiera que lo había hecho. Abrí mis ojos con debilidad, y la vi aún sobre mí, con una mano sobre mi pecho, y la otra apoyada en la cama. Tenía su cabeza echada hacia atrás, y sus ojos muy abiertos puestos en el techo. ¿Qué había pasado?

Fue cuando me di cuenta de que mi muslo se había pegado contra ella. ¿Acaso en un movimiento brusco la había golpeado? Tal vez le había dolido y por eso lo había hecho. Me alarmé mucho de golpe… Pero esa alarma fue remplazada por algo más casi de inmediato. Sentí algo curioso contra mi muslo. Me di cuenta de que lo había pegado contra la entrepierna de Tomoyo sin querer. Sentía ligeramente los piquetes de sus vellos contra mi piel, y una extraña sensación, caliente y húmeda. Recuerdo haber pensado, ingenuamente, “¿Sigue húmeda de la tina?”, pero no era eso…

De repente, Tomoyo empezó a moverse. Movió un poco su cadera hacia el frente, y luego hacia atrás con movimientos lentos; estaba frotándose contra mi muslo… No entendía porque estaba haciendo eso, pero lo hacía. Se movió hacia adelante hacia atrás, y yo sólo sentía sus vellos, haciéndome un poco de cosquillas, pero principalmente esa extraña sensación húmeda, que se quedaba en mi piel. Tomoyo volvió a bajar, y siguiendo haciendo lo mismo: lamiendo o acariciando mis pezones, pero ahora los turnaba con los movimiento de su cadera contra mi muslo. Al parecer no la había golpeado ni hecho nada malo… Sino todo lo contrario.

Escuché como Tomoyo empezó a soltar también ligeros suspiros entre cada una de sus lamidas. Su rostro se puso mucho más rojo, y en su piel pálida eso se notaba muchísimo más. Los movimientos de su cadera se volvieron poco a poco más rápidos, y eso provocaba que lo que me hacía lo hiciera igual. Conforme progresaba, mi cuerpo parecía estarse adaptando a la nueva sensación, y ya no me era tan extraña. En lugar de preocuparme por si lo que sentía estaba bien, o qué era exactamente, mi cuerpo empezó a relajarse, a recostarse por completo sobre el edredón, y simplemente dedicarse a sentir, a sentirlo todo…

Luego de un largo rato, Tomoyo se detuvo, y se dejó recostar como roca sobre mí. La escuché respirar agitadamente.

– ¿Estás bien? – Le pregunté un poco preocupada.

– Sí, descuida… Sólo un poco cansada…

– Lo siento… Lo estás haciendo todo tú sola…

– Descuida… No sabes lo feliz que esto me hace, Sakura…

Voltee a verla, y noté un pequeño brillo asomándose entre sus parpados cerrados. ¿Estaba… llorando?

– ¿Cómo te sientes tú?

– Yo… Me siento bien… No sabía que mis pechos pudieran ser así de sensibles… – Sin darme cuenta, acerque una de manos a mi pecho, tocándolo ligeramente con mis dedos. Sí, se sentía bien, pero no tan bien como cuando Tomoyo lo hacía.

– Tal vez sea una pregunta inapropiada en estos momentos. – Tomoyo se volvió a alzar, apoyando sus codos a cada lado de mi cabeza para verme de frente. – ¿Pero nunca te has tocado antes?

– ¿Tocado?

– Hablo de… – Miró de reojo al techo, como queriendo pensar en qué decir después. –Masturbarte…

– ¡¿Eh?!

Me sobresalté un poco al escuchar tales palabras. Sí, había oído algo sobre eso antes. ¿Pero qué era exactamente? Hice un rápido recuento a las clases de sexualidad de la secundaria. Masturbarse, era según recordaba, un acto por el cuál alguien se estimulaba a sí misma de manera sexual, sin la presencia de otra persona… O algo así. Esas clases me daban tanta pena, que creo que sólo se me grababa la mitad de lo que oía.

– No creo… Haber hecho algo como eso… – Comenté un poco avergonzada.

– Oh, no te alarmes, no es algo fuera de lo común. – Tomoyo tenía su rostro apoyado contra sus manos, y su torso recostado contra el mío, al parecer de manera cómoda, al menos para ella; incluso subía y bajaba sus piernas de manera natural. – Leí en una ocasión que no todas las mujeres lo hacían, pero lo recomendaban para conocer mejor tu cuerpo, tus zonas sensibles, y qué es lo que te gusta, para que así tu pareja lo pudiera saber también.

– ¿Dónde… lees todas esas cosas… Tomoyo?

Me sonrió en ese momento de oreja a oreja de forma inocente.

– Internet es una maravilla, ¿sabes? Ya no es sólo para envío de correos y jugar en línea. Puedes encontrar tantas cosas sobre un tema que te interese…

– Oh… Bueno, en mi casa la única computadora es la de mi padre, y sólo la uso para trabajos de la escuela… No creo que le gusté que busque… Ese tipo de cosas… – Me quedé callada unos momentos. Había una pregunta, cuya respuesta creo que era más que obvia, pero aun así lo hice. – ¿Tú… lo has hecho…?

Tomoyo no me respondió, no de inmediato al menos. Se quedó viéndome con su misma sonrisa. Su expresión era tan tierna, tan hermosa… Se veía incluso más hermosa que de costumbre. No sé si era su expresión, o ese sonroso tan nuevo en sus mejillas, o quizás su mirada, pero había algo muy diferente en ella.

– He hecho algunas cosas de ese estilo. – Me respondió. – Quería saber dónde en mi cuerpo se sentía bien que me acariciara, y esperaba que eso me ayudara a saber en dónde podría gustarte a ti. Ese es el truco de esto, ¿no lo crees? Hacerle a tu pareja lo que te gustaría que te hicieran a ti…

– Entonces… ¿A ti te gustaría… que yo…?

Colocó su dedo índice sobre mis labios, silenciándome.

– No debes de presionarte, Sakura. Déjamelo todo a mí, ¿de acuerdo?

Aún con su dedo contra mí, asentí con mi cabeza, estando de acuerdo con su petición. Aunque no lo estuviera, ¿qué otra cosa podría hacer? En realidad no estaba muy segura de qué hacer, y para bien o para mal, Tomoyo parecía saber mucho más del tema. En parte eso me hizo sentir segura. Posiblemente si ninguna de los dos supiera al respecto, haríamos algo mal, o incorrecto. Alguna saldría lastimada, o Peor… ¿Es un pensamiento demasiado fatalista?

De repente, se inclinó hacia mí, y me dio un pequeño beso en la punta de la nariz.

– Ya me siento mejor. ¿Continuamos?

– Si… Si tú quieres…

Se volvió a inclinar hacia mí, dándome otro beso, pero ahora en los labios. No tardó mucho en bajar, directamente y sin escalas, hacia mi busto de nuevo. Ahora cambio de lado, y empezó a lamerme del lado derecho, y a acariciarme del lado izquierdo. Y de nuevo, yo simplemente la dejé hacer lo que quisiera, lo que ella creyera que era lo correcto. Como dije, mi cuerpo ya se había hecho a la idea de todas las cosas nuevas que estaba sintiendo, por lo que sin confusión o medio de por medio, podía limitarme a simplemente sentir… Sentir sus caricias… Sentir sus besos, sus lamidas… Sentir el calor de su cuerpo contra el mío… De sentirlo todo.

Jamás esperé que se llegara a sentir de esa forma. Era como sentir las mariposas en el estómago que me causaban los besos, pero multiplicados por cien. Me sentía tan relajada, tan tranquila; no quería que terminara pronto. Pero como ya parecía broma recurrente del Dios de las relaciones, si es que existe algo como eso, justo cuando estaba acostumbrada a ese algo nuevo y lo comenzaba a disfrutar plenamente, de golpe tenía que ser remplazado por algo más grande y sorprendente, y más difícil de digerir que lo anterior.

Tomoyo separó sus labios y su mano de mí, y pensé que posiblemente volvería a descansar, o tal vez de nuevo había hecho algo sin querer que provocara el cambio. Sin embargo, no se separó por completo. En su lugar, sentí que me daba un beso en mi vientre, y luego me dio otro, aunque más abajo. Y luego otro, y otro de la misma forma. Beso, tras beso, creando un pequeño camino que bajaba y bajaba… Y bajaba… A mitad de su recorrido, me alarmé un poco. Mis ojos se abrieron en alerta, y me apoyé en mis brazos para alzar un poco mi torso y voltear a ver qué era lo que hacía. Tomoyo ya había pasado mi ombligo… Y siguió bajando.

– ¡Espera…!, ¡Espera Tomoyo! ¡¿Qué… vas a hacer?! – Le casi grité con nervios. – ¿No irás a…? ¡No!, ¡espera!

Fue más un reflejo que una acción consciente. Alcé mi mano izquierda hacia ella y la coloqué sobre su frente para empujarla un poco hacia atrás. Al mismo tiempo, apreté mis piernas entre sí con la mayor fuerza que pude.

– ¿Qué ocurre? – Me preguntó confundida. Mi mano seguía pegada contra su rostro y sólo era capaz de verme entre mis dedos.

– ¿Qué… qué ibas a hacer… ahí…?

– Bueno, iba a… – Guardó silencio, y noté como miraba de reojo a otro lado, pensando. – Supongo que es mejor decir las cosas como son… Te iba a besar y lamer tu vagina, Sakura, como lo hice en tu pecho.

– ¡¿Qué?! – No sé qué me hizo saltar más, lo que dijo, el hecho de que lo dijera tan directamente y de forma tan “natural”.

De nuevo, tal vez fue más un reflejo involuntario que otra cosa, pero de inmediato me aparté de ella como un gato asustado. Me hice rápidamente hacia atrás en la cama, hasta que me encontré con la cabecera. Apreté aún más mis piernas, e incluso me intenté cubrir con mi mano… esa área, y con mi otro brazo rodee mis pechos.

Tomoyo me miró confundida desde el extremo de la cama. Se puso de rodillas sobre el cobertor, y me miró fijamente desde la distancia.

– ¿Dije algo malo?

– No, claro que no. – Le respondí tartamudeando un poco. – Es sólo que… Eso que dijiste de… besos y lamidas… a… ahí… – Bajé en mi mirada un poco hacia mis piernas. – Eso no suena muy… Bueno… Normal…

– Pero claro que lo es. – Me respondió con un tono jovial. – Se llama sexo oral…

– ¡¿Sexo qué?! Cómo… ¿un examen oral…?

– No precisamente. Es cuando una persona estimular el sexo… Es decir, los genitales, de su pareja con sus labios y su lengua con el fin de darle placer, como lamer el vagina en una mujer, o en los hombres el pe…

– ¡Demasiada información! – Le exclamé con fuerza, intentando evitar que no prosiguiera.

– Lo siento, es un poco confuso para mí. – Llevó su mano derecha a su mejilla, e inclinó su cabeza hacia un lado. – No sé bien qué sepas o que recuerdes de este tema, o qué palabras sean las políticamente correctas para describirlas. Y siento que mis explicaciones hasta ahora han sido algo reducidas, y supuse que una definición más extensa te sería de más utilidad…

No debía de ser nada sencillo para Tomoyo, lidiar con alguien como yo, que no sabía casi nada de ese tema. En definitiva todo eso no era su culpa, yo era la culpable por nunca haber puesto el interés debido en ese tipo de temas; y ahora la hacía sufrir un poco por mi ignorancia. Aun así, lo que me acababa de decir me dejó intrigada. ¿Sexo oral?, ¿realmente existía algo como eso…? En aquella ocasión cuando nuestra compañera había llevado aquella revista a la escuela y todas comentaban sobre ella, me pareció escuchar que mencionaban algo parecido, pero en su momento creo que no lo entendí a la perfección.

– Entonces… las personas… ¿Hacen eso de manera normal…? ¿Lamerse… entre sí…?

– Si lo dices de esa forma suena un poco extraño, pero sí. Y según leí, es algo que se siente realmente bien…

En ese momento, se sentó normal en la cama, y abrió un poco sus piernas en mi dirección, dejando a mi completa vista su entrepierna… Apenas la vi por una fracción de segundo, antes de voltearme por completo hacia otro lado, apenada por la posición que Tomoyo había tomado tan repentinamente. Nunca había visto de frente y directo la vagina de otra mujer antes; en un par de ocasiones me había visto a mí misma en un espejo en el baño, principalmente cuando me estaba empezando a crecer el vello ahí abajo, y estaban los dibujos de los libros de biología; pero fuera de eso, nada más.

– Yo sólo me he acariciado con mis dedos. – Escuché que me decía, y poco a poco fui volteándola a ver de nuevo. – Pero me imaginó que si Sakura me acariciará aquí con su lengua, se sentiría mucho… mucho… mejor…

Tomoyo seguía sentada y con sus piernas separadas. Había colocado una mano sobre su entrepierna, y movía un poco sus dedos sobre esa área mientras hablaba. ¿Qué estaba haciendo exactamente?

– ¿Dices que… te gustaría… que yo…?

– ¡Por supuesto que sí! – Respondió rápidamente sin pensarlo dos veces. – Pero no te presionaré a nada, Sakura. No haré nada que te haga sentir incomoda…

– De hecho, ya que lo mencionas… – Le sonreí con algo de nervios. – No creo estar… Lista para eso del… Oral… Si estás de acuerdo… ¿Podríamos dejarlo así por hoy?

A Tomoyo pareció sorprenderle un poco mi petición, y por primera vez en toda esa tarde su sonrisa se desvaneció. Creía que al fin había hecho algo mal, que al fin había dicho algo que la había hecho enojar. Pero todo lo que habíamos hecho esa tarde, había sido bastante denso para mí; en verdad no me sentía preparada ni física ni mentalmente para hacer lo que me describía, y en especial temía que luego de ello viniera una sorpresa aún mayor. Buscaba la manera de decirle eso mismo, pero con otras palabras, algo que me ayudará a evitar que se enojara o decepcionara. Por suerte para mí, no hizo falta. Tomoyo volvió a sonreírme luego de un rato, como si nada hubiera pasado.

– Está bien, Sakura. Te dije que iríamos más lento, y supongo que tal vez presioné demasiado…

– No, no es eso. Yo… en verdad disfruté mucho lo que hicimos.

– ¿De verdad?

– ¡Sí! Jamás… Me había sentido así antes… Fue casi…

– ¿Mágico?

Era curioso escucharla usar esa palabra para describirlo. Mágico, sí… En definitiva lo era, parecido a la magia. Había sido… Mágico. Asentí con mi cabeza, y le regresé su sonrisa.

– Oh Sakura… No sabes… Lo feliz que me hace sentir tus palabras… No sabes, lo bien que me hace sentir… que compartamos esto…

Me sentí más que aliviada al oírla, no sólo porque no estuviera molesta, sino porque hubiera accedido a detenernos por hoy. Aunque me sentía un poco culpable. Le había dicho que quería y que haría el amor con ella, pero a la mitad del camino me acobardé. Aunque, no podía culparme por ello. El traerme hasta aquí sin decirme nada, lanzárseme encima… Me esforcé lo más que pude, y creo que Tomoyo en parte lo sabía.

Noté entonces que algo inusual ocurría. La respiración de Tomoyo se había acelerado de nuevo, y soltaba pequeños suspiros que resoban en el perfecto silencio del cuarto. Cuando la miré de nuevo, ella tenía su mirada baja, y sus ojos entrecerrados. ¿Qué miraba? Bajé mis propios ojos por su cuerpo, hasta ver que aún tenía sus dedos entre sus piernas, y se acariciaba igual que antes, aunque ahora, con un ritmo mayor.

– Tomoyo… – Susurré un poco extrañada ante lo que veía. – ¿Qué estás haciendo?

Parecía tener toda su atención puesta en eso que estaba haciendo. Sus movimientos eran similares a como cuando alguien se rascaba, pero no usa sus uñas sino la yema de los dedos. Comencé a percibir un extraño sonido que hacían sus dedos al moverse, sonaba algo chicloso, húmedo.

– Esto… es a lo que me refería cuando te pregunté si te habías tocado alguna vez. – Me respondió entre suspiros. – Me estoy… Masturbando…

– ¡¿Te estás qué?!

¿Eso era masturbarse? Claro, tenía sentido al menos en el concepto, ¿pero por qué lo estaba haciendo? Sin querer, mis ojos se clavaron por completo en su mano y en cómo se movía contra sí, y fui incapaz de apartar mi mirada en lo absoluto. Cada vez que sus dedos se movían el cuerpo de Tomoyo parecía reaccionar, temblaba un poco, y suspiraba con más fuerza. ¿Eso significaba que… se sentía bien? ¿Acariciarse con sus dedos en esa parte… se sentía bien?

– No puedes culparme. – Siguió diciéndome. – Todo esto que hicimos, me excitó demasiado…

¿Lo que habíamos hecho?

Noté entonces que con su mano izquierda, se tomaba a sí misma su pezón izquierdo, y comenzaba a acariciárselo con sus dedos, en círculos, de abajo hacia arriba, como ella misma lo había hecho conmigo.

– Se siente muy diferente que las otras veces que lo he hecho. ¿Será porque no estoy sola?

Tomoyo, mi novia Tomoyo, estaba totalmente desnuda delante de mí, y estaba tocándose su intimidad, y sus pechos. ¿Por qué lo hacía?, ¿era normal que lo hiciera? No entendía nada,  pero… Entre tanta confusión que me causaba lo que veía, también había algo de… fascinación. No sé si era la forma correcta de decirlo, pero era parecido. No podía dejar de verla, no podía dejar de admirar cada una de sus acciones, de escuchar cada uno de los sonidos que surgían de sus labios. Tomoyo, ¿en verdad se sentía tan bien lo que hacías?

Sin detenerse, volvió a alzar su cabeza para voltear a verme. El sentir sus ojos sobre mí me hizo retroceder mi cuerpo un poco y pegarlo contra la cabecera.

– El que me veas tan fijamente mientras hago esto, me da un poco de pena…

– Yo… Lo siento… – Intenté disculparme, y luego quise voltearme a otro lado.

– No por favor, no dejes de mirarme. – Me dijo con algo de súplica en su tono. – Me da pena, pero quiero que me mires, por favor… Mírame, mira lo que he hecho cuando estoy sola, pensando en ti… Lo que deseo hacer contigo, Sakura…

¿En las noches pensando a mí? ¿A qué se refería con eso? No lo sabía, pero igual tomé su palabra y no dejé de verla ni un instante. Tomoyo hizo su cadera más al frente, apoyándose en sus pies, y llevó su mano izquierda hacia atrás para apoyarse en la orilla de la cama. Lo que hizo, provocó que su cuerpo se hiciera más visible para mí desde mi posición, y pudiera ver con mayor claridad, sus vellos oscuros, y los movimientos exactos que sus dedos. Entre un movimiento y otro, podía ver rastros de lo que eran sus labios vaginas, los cuales, por alguna razón, brillaban, como si estuvieran… ¿mojados? Recordé cuando esa pare de Tomoyo se había pegado a mi muslo, y la sensación cálida y húmeda que sentí. ¿Era eso?

Estaba tan sumida en ver lo que Tomoyo hacía, que no me di cuenta de que mi propia respiración, por alguna razón, comenzó a hacerse más rápida, y otra vez empecé a sentir calor. ¿Pero… porqué…? Tomoyo no me estaba tocando en esos momentos, ni siquiera estaba cerca de mí. ¿Por qué mi cuerpo volvió a reaccionar como hace unos momentos?

Una idea cruzó por mi cabeza, y por más que lo intenté no la pude hacer a un lado, sobre todo alimentada por los gemidos que Tomoyo soltaba sin pudor. Si yo me tocaba en esa parte como Tomoyo lo hacía… ¿También me sentiría así de bien? Era algo que me causaba curiosidad, pero también algo de rechazo. ¿Era normal tocarse en esa parte y de esa forma? Bueno, Tomoyo lo estaba haciendo justo frente a mí. Eso debía significar algo… ¿no?

Con sumo cuidado, casi como si tuviera miedo de romper algo, separé ligeramente mis piernas. Sentí en ese momento algo de frío, ahí abajo. Acerque mi mano colocándola a unos cuantos milímetros de distancia, y me di cuenta que no era que estuviera fría; más bien esa parte en especial de mi cuerpo estaba mucho más caliente que el aire de la habitación. Dudé mucho si proseguir o no. No era tan raro, prácticamente me tocaba en esa parte cada vez que me bañaba, y nunca había sentido nada fuera de lo normal. Esa ocasión no debía porque ser diferente… Pero estaba equivocada.

En cuanto mis dedos tocaron mis labios, los sentí húmedos, resbaladizos, y cálidos. Además, al igual que ocurría con mis pezones, al parecer se encontraban un poco sensibles. El sólo roce de la yema de mis dedos, se sentía bastante. Comencé a acariciarme con algo de curiosidad, de un lado a otro, de arriba hacia abajo. Ese líquido que me cubría no era agua de la bañera, era algo que surgía de mi cuerpo, algo que traspiraba como sudor. ¿Qué era?, ¿era normal? Rápidamente intenté hacer memoria de nuevo. Clases de sexualidad… El hombre insertaba el pene en la vagina de la mujer, pero ésta requería de cierta… ¿cuál era la palabra que usaban? ¿Lubricación?, para que el pene entrara más fácilmente. ¿Era eso a lo que se referían? Pues realmente ponía toda esa zona bastante resbaladiza.

Se sentía bien, pero no tan bien como al parecer a Tomoyo le hacía sentir. ¿Sería acaso que lo estaba haciendo mal? Voltee a ver a Tomoyo de nuevo, intentando ver con más claridad cómo ella lo hacía. Para mi sorpresa, Tomoyo me estaba viendo fijamente con una amplia sonrisa mientras se seguía tocando. ¿Me estaba viendo intentando imitarla? ¿Cuánto tiempo llevaba observándome? Me invadió una enorme sensación de vergüenza de pies a cabeza. Me sentí tentada retirar mi mano y volver a juntar mis piernas, pero… No lo hice. Aunque la pena era enorme, había otro sentimiento que era mucho más fuerte que ella…

No retiré mi mano, no cerré mis piernas, ni siquiera desvié mi mirada hacia otro lado. En su lugar, seguí intentando acariciarme, tal y como Tomoyo lo estaba haciendo. Pero ella comenzó a hacerlo con mucha más rapidez de pronto. Yo quise hacerlo también, pero el hacerlo tan rápido se me hizo un poco incómodo, por lo que decidí hacerlo más lento, despacio, sólo explorando, conociendo a más detalle esa parte de mí, con la que prácticamente había vivido toda mi vida, pero sólo hasta ese momento me había dado el tiempo de conocer. Era una sensación agradable, placentera, como un relajante masaje. ¿Eso era lo que Tomoyo estaba sintiendo? No, lo que ella sentía en esos momentos era algo mucho, mucho más intenso, y eso lo podía percibir fácilmente.

– Sakura… Sakura… – Escuché que suspiraba con fuerza.

Los dedos de Tomoyo habían comenzado a moverse con más rapidez, e incluso su cadera se agitaba un poco. Los que antes fueron suspiros y gemidos, ya eran algo más. Tomoyo empezó a gritar, a gritar con mucha, mucha fuerza, tanto que de no haber estado solas fácilmente alguien la hubiera escuchado. Me asusté un poco. Su cuerpo empezó a estremecerse de forma violenta, y su espalda se arqueó tanto, que casi parecía que quisiera hacer la posición de arco.

– ¡Sakura!, ¡Sakura!, ¡Oh Sakura!, ¡Te amo! ¡Te…! ¡¡Aaah!!

Todo culminó con un fuerte grito, mayor que los anteriores. Su cuerpo cayó por completo en la cama y se retorció un poco. Tenía su mano derecha presionando su entrepierna, y con la otra se abrazaba a sí misma. Su cabeza quedó colgando de la orilla de la cama, y escuché como soltó otros gritos más luego de aquel más fuerte, pero cada uno con menos fuerza que el anterior, hasta que se fue tranquilizando, poco a poco, hasta volverse sólo pequeños y casi inaudibles suspiros.

De un minuto a otro, se encontraba plácidamente recostada, con su cabeza colgando al igual que su largo cabello, pero plácidamente aun así. Respiraba agitada, como si acabara de correr en una carrera, y su pecho subía y bajaba. ¿Qué acababa de pasar?

Gateé por la cama con cautela hacia ella, hasta colocarme a su lado.

– Tomoyo… ¿Estás bien?

– Más que bien. – Me respondió apenas con un peño hilo de voz. Luego, notándosele gran debilidad en su cuerpo, se alzó como le fue posible, y extendió sus brazos hacia mí, abrazándome. Dejó caer su cuerpo contra el mío, y yo la sostuve, pues parecía que estuviera a punto de caerse. – Sakura… gracias por todo…

– ¿Gracias? – Respondí confundida. – Pero en realidad yo no hice nada, Tomoyo.

– No lo digo sólo por hoy. En todo este tiempo, aunque todo esto de ser una pareja es tan nuevo y extraño para ti, e incluso algo aterrador, aun así te esfuerzas y dar todo por mí, por nosotras. Recuerda eso la próxima vez que sientas que eres una mala novia, porque eso es lo que hace una buena novia, ¿sabes?

Me sorprendió oírla decir eso tan de repente. No había olvidado lo que había dicho en la tina, sobre sentirme que no era una buena novia. El escucharla decir eso, me llenó de una gran alegría. La abracé con fuerza contra mi cuerpo, y pegue mi frente a la suya.

– Gracias, Tomoyo… Tú eres la mejor novia que pudiera haber pedido…

Nos recostamos unos segundos para que Tomoyo pudiera descansar. Ella estaba abrazada de mí, con su rostro recostado sobre mi pecho, con sus ojos cerrados como si durmiera. No estaba muy segura de qué hacer en una situación así, pero supuse que unas pequeñas caricias en su rostro o cabello no le molestarían a nadie; al menos a mí me gustaba que mi padre lo hiciera cuando intentaba dormirme en sus piernas, y ella había dicho que el secreto era tratar a tu pareja como a ti te gustaba. Estuvimos así por largo rato, hasta que se me ocurrió mirar al reloj despertador en el buró a lado de la cama de Tomoyo. Eran casi las seis de la tarde.

– Tomoyo, ya es algo tarde. – Le susurró muy despacio, aunque en realidad ella no estaba dormida. – Tal vez deba de irme antes de que anochezca.

– ¿Por qué no te quedas a dormir? – Me sugirió sin apartarse de mí ni abrir los ojos.

– Pero mañana es día de escuela.

– No me importa. – Me abrazó con más fuerza de pronto. – No me quiero separar de ti ni un instante en estos momentos. Por favor…

¿Cómo decirle que no a una petición como esa?

– Está bien.

Nos quedamos recostadas una a lado de la otra por un rato más. Platicamos un poco de manera casual, justo como lo estábamos haciendo cuando recién llegamos, sólo que ahora estábamos acostada en la cama… Y desnudas. Fue un poco extraño comenzar a platicar de manera normal, estando en un estado no tan normal, al menos para mí. Pero al final fue agradable, se sintió tan natural, como si siempre lo hubiéramos hecho así.

Nos levantamos luego de una hora más o menos, y fuimos de nuevo al cuarto de baño, esta vez para darnos un baño completo cómo debe de ser. Aunque la señora Sonomi iba a llegar un poco tarde, igual nos vestimos para que no hubiera sorpresas. Vimos algo de televisión, comimos bocadillos, e hicimos juntas la tarea que teníamos para el día siguiente. El resto de la tarde y la noche, fue más parecida a las tantas tardes que habíamos pasado juntas, y las que tanto me gustaban. Pero no todo era completamente igual, y eso lo sabía.

En retrospectiva, esa ha sido posiblemente una de las tardes más felices que pasé en compañía de Tomoyo. No por las cosas que hicimos, o más bien que Tomoyo me hizo. Sino por todo lo que sentí, todo lo que aprendí, todo lo que entendí en esos momentos; de mí, de Tomoyo, de nosotras. Sakura Kinomoto la novia, que había llegado a esa casa en la tarde, no había sido la misma que se había ido a la mañana siguiente. Algo había cambiado en mí, ahora me sentía mucho más segura de mi misma, y de la relación que tengo con Tomoyo. Fue mágico, en más de una forma.

En los días siguientes, no habíamos vuelto a hacer algo parecido de nuevo, ni se había tocado el tema otra vez… Bueno, al menos justamente hasta hoy, justamente hasta este momento, en el que estoy recostada a lado de Tomoyo de nuevo, como en aquella ocasión… Pero con sentimientos distintos tras lo que acabamos de hacer. Porque hoy mismo, no sólo volvimos a hacer lo que habíamos hecho ese día, sino que hicimos mucho más…

CONTINUARÁ…

En ocasiones uno cree que tiene planeado en roca lo que pasara en su historia, y lo que los personajes harán y no harán. Pero en otras, lo más sano es dejar a los personajes libres, y que estos reaccionen e interactúen como les sea natural, sin forzarlos, y que todo fluya según su curso. Más o menos algo así fue este capítulo. No fue precisamente como me imaginé que sería en un inicio, sino más bien yo diría que fue como debía de ser, como los personajes así lo quisieron. Difícil de entender, ¿no?

Como sea, obviamente esto no termina aquí. Aún hay un par de cosas más que Sakura querrá contar de esta historia. Así que nos leemos en la siguiente entrega. Cuídense.

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Mi novia, Tomoyo. “Mi nombre es Sakura Kinomoto, y la chica que está dormida a mi lado en la cama, es mi novia, Tomoyo…” Historia narrada desde la perspectiva de Sakura Kinomoto, en la que expresa sus pensamientos y emociones al comenzar una relación con su mejor amiga, Tomoyo Daidouji, y cómo lidia con los cada vez más profundos contactos físicos entre ambas.

+ “Cardcaptor Sakura” © CLAMP, Editorial Kodansha, Madhouse.

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2 pensamientos en “Mi novia, Tomoyo – PARTE 4

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