Fanfic Mi novia, Tomoyo – PARTE 3

20 de diciembre del 2016

Mi novia, Tomoyo - PARTE 3


WingzemonX

MI NOVIA, TOMOYO

Parte 3

Me había tocado quedarme a dormir varias veces en la casa de Tomoyo después de la remodelación de su habitación, por lo que esa no era la primera vez que veía su cuarto de baño. Aun así, sentí bastante ansiedad en el momento en el que ella abrió la puerta, y me guío gentilmente con su mano hacia el interior de esa habitación cerrada, de azulejo morado y rosado, compuesta únicamente por la tina y un área de regadera para lavarse el cuerpo. El espacio era un poco pequeño, tanto que sentía que no había el suficiente como para que dos personas se movieran con libertad por él.

Una vez que estuvimos adentro, Tomoyo cerró la puerta detrás de nosotras, y aunque no la vi me pareció escuchar que ponía seguro a la puerta. Era obviamente algo muy normal de hacer cuando se va a tomar un baño, pero en aquel momento, por todos los nervios que sentía quizás, sólo podía pensar en el hecho de que se suponía no había nadie más en la casa, por lo que no tendría mucho sentido poner seguro para que nadie entrara… Al menos que la intención fuera hacer que nadie saliera. Tomoyo fue a la tina, posiblemente con la intención de empezar a llenarla. Yo me quedé prácticamente de pie frente a la puerta, con mi espalda casi pegada contra ésta. ¿Qué hacía?, ¿intentaba mantener la mayor cantidad de distancia que ese pequeño espacio me permitía? En retrospectiva, realmente mis reacciones fueron algo exageradas, pero estando ahí no lo veía así.

Tomoyo se inclinó sobre la tina para abrir la llave de agua. A estos días no sé si lo habrá hecho apropósito o no, pero me pareció que había inclinado el cuerpo más de lo necesario, y al hacerlo la corta falda azul marino de su uniforme se levantó de atrás un poco. El agua caliente empezó a llenar la tina, y poco a poco el vapor empezó también a cubrir el cuarto.

Tomoyo se quedó en la misma posición, inclinada sobre la tina, como contemplando como el nivel del agua iba subiendo. Luego de un rato, se enderezó de nuevo, y sin siquiera voltear a verme o decirme algo, tomó su blusa blanca, la que ya se había desabotonado anteriormente, y se la retiró con delicadeza, dejándola caer al suelo. La blanca piel de sus brazos quedó expuesta, y su espalda era prácticamente protegida solamente por sus largos cabellos. Cuando empezó a desvestirse, no pude evitar desviar mi mirada hacia otro lado con algo de temor. Me sentía realmente nerviosa, y algo incómoda. Aun así, una parte de mí era incapaz de ignorar por completo lo que ocurría delante de mí. De reojo, vi como Tomoyo colocaba sus manos a un costado de su cadera, desabotonaba su falda, y luego baja el cierre de ésta; la prenda se deslizó casi por sí sola por sus piernas hasta llegar al suelo.

Pude ver en ese momento que usaba unas muy lindas pantaletas, del mismo tono de rosa y encaje que su brasier. En secundaria, casi todas las chicas poco a poco empezaron a usar brasieres, por obvias razones; por lo que, lo crean o no, las conversaciones sobre ropa íntima eran más que comunes durante los recesos. Recuerdo que una vez estábamos Tomoyo, yo, y otras dos compañeras de nuestro salón conversando, y una de ellas nos preguntó abiertamente si siempre combinábamos el brasier con las pantaletas. Una pregunta peculiar. En realidad a mí no me gustaba mucho hablar de eso en la escuela; en especial me provocaba mucha pena la idea de que alguno de los chicos escuchara la conversación. No respondí nada en ese momento, pero de hacerlo mi respuesta hubiera sido que no lo hacía, no siempre al menos; no era algo al que le pusiera especial cuidado al cambiarme, aunque en aquel entonces el brasier apenas acababa de ser incluido entre mi guardarropa. Las demás respondieron casi lo mismo, aunque Tomoyo agregó algo más a su respuesta.

– A veces sí, a veces no. Normalmente no es una prioridad para mí. Pero cuando sea un momento muy especial, me gustaría que todo en mí combinara a la perfección.

Eso nos confundió un poco, y por más que las otras dos chicas le insistieron en que les explicara a qué se refería con un “momento muy especial”, no dio más explicaciones al respecto. Tal vez no era la manera más correcta de deducirlo, pero luego de notar como sus pantaletas y brasier, no sólo ambas prendas eran hermosas y de apariencia fina, e incluso se veía recién compradas, sino que además combinaban a la perfección una con la otra, no pude evitar pensar: “¿Es esto a lo que se refería con un momento muy especial?”

Tomoyo se giró de vuelta hacia mí, y me sonrió. Al sentir su mirada de nuevo, mi cuerpo se estremeció un poco y se tensó. La forma de su cuerpo ya era complemente apreciable. Su brasier y pantaletas rosadas, así como sus medias largas negras, eran lo único que la cubrían. Se sentó como cuidado en la orilla de la tina, y con ambas manos tomó su media derecha para empezar a retirársela; mientras su ojos y su atención estaban fijos en mí.

– ¿Qué ocurre? ¿Te estoy incomodando? – Me murmuró con un tono dulce.

– A… Algo. – Le respondí suavidad.

– No veo por qué, si ya me has visto desnuda con anterioridad.

– Sí… ¡Pero nunca bajo estas circunstancias!

Tomoyo rió ligeramente.

– ¿A qué circunstancias te refieres? – Me preguntó con un tono inocente.

– Pues a éstas… Tú, y yo… Como novias, juntas, a punto de…

– ¿A punto de tomar un baño caliente?

– Sí… Eso.

Terminó de retirarse ambas medias, y entonces se puso de pie una vez más. Se volteó dándome la espalda como antes, pero esta vez hizo su cabello hacia el frente.

– ¿Me ayudas con mi brasier? – Me preguntó pronto.

Yo hice al inicio que no entendía, pero claro que lo entendía. Miré tímidamente su espalda, blanca, sólo con los elásticos rosados de la ropa íntima resaltando. Trague saliva, y empecé a recorrer muy lentamente la distancia, de menos de un metro, que me separaba de ella. Para ese entonces el cuarto de baño estaba cubierto de esa leve neblina blanca. Me paré justo detrás de ella, y llevé mis dedos, algo temblorosos hacia los broches del brasier para desatarlos. Cuando mis dedos rozaron un poco la piel de su espalda, escuché como un pequeño suspiro surgía de sus labios. Una vez desabrochado, Tomoyo por su cuenta tomó cada tirante, y los pasó por sus brazos para poder retirarse por completo su ropa íntima, y dejarla caer al suelo junto su camisa, su falda y sus medias.

Creía que era imposible, pero mi corazón empezó a latir incluso  mucho más rápido que antes. Veía de reojo el brasier en el suelo, y luego volteaba a ver su espalda, ahora sí totalmente desnuda y expuesta. Sin voltearse aún, tomó los extremos de sus pantaletas y empezó a bajarlas por sus largas piernas. Esa había sido la última, la última prenda que cubría su cuerpo. Ahora, a menos de unos cuantos centímetros de mí, se encontraba ella, desnuda en su totalidad, humedeciéndose por el sólo contacto del vapor.

Se inclinó de nuevo hacia el frente como lo había hecho en un inicio, y cerró con su mano la llave de agua caliente. Tampoco sé si eso lo habrá hecho apropósito, pero de nuevo me pareció que se inclinaba más de lo necesario, y alzaba un poco su cadera hacia mí. Pero ahora no había falda o pataleta que la cubriera, por lo que podía ver directamente su trasero… Ese hermoso y bien formado trasero… ¡Ah!, ¡yo no dije eso! Pero… Ahí sí tuve que voltearme a otro lado sin remedio, pero no por mucho, ya que pude ver por el rabillo del ojo como ella se volteaba una vez más hacia mí, y por mero reflejo tuve que mirarla…

Sí, ya había visto desnuda a Tomoyo anteriormente, habíamos ido a aguas termales juntas, y nos cambiábamos en los vestidores… Pero al verla en ese momento, al estar de pie, a una distancia tan corta de mí… Fue como si realmente hubiera sido la primera vez. La primera vez que admiraba con mayor claridad la forma y tamaño de sus pechos, adornados con esos pequeños pezones rozados, la primera vez que contemplaba con detenimiento las curvas de sus costados, el ancho de sus caderas y el largo de sus  piernas. La primera vez que ponía directamente mis ojos en la parte baja de su torso, coronada por sus vellos oscuros del mismo tono exacto de su cabello. La primera vez que veía por completo a Tomoyo, la Tomoyo real, sin nada que la cubriera o escondiera…

Creo que me quedé ida por un rato, y sólo reaccioné hasta que Tomoyo se inclinó un poco hacia mí, colocando su rostro frente a mío, y mirándome fijamente.

– ¿Te vas a meter con la ropa puesta?

– ¿Qué? No, claro que no…

– Entonces déjame ayudarte.

Antes de que pudiera decir algo, dirigió sus manos hacia mí, y comenzó a desabotonar el saco azul de mi uniforme.

– Pero… pero… Yo puedo sola…

No pude detenerla, y en realidad tampoco hice  mucho esfuerzo en hacerlo. Sólo permanecí quieta, cerré los ojos presa la pena, y dejé que ella hiciera lo que deseara. Todo lo hizo con suma delicadeza y cuidado. Primero me quitó el abrigo, luego me desató la corbata, y después empezó a desabotonar uno a uno los botones de mi blusa; debajo de ésta usaba una camiseta de tirantes blanca. Tomó las tres prendas, y las colocó con cuidado sobre una canasta ubicada hacia un lado. Mientras ella hacía ello, yo aproveché para desabotonarme mi falda y bajármela. A diferencia de Tomoyo, yo no usaba nada tan bonito de ropa interior; usaba unas pantaletas blancas, sencillas, y un brasier color beige, también de diseño muy sencillo. En comparación, me daba mucha vergüenza que me viera así.

Con algo de nervios tomé la orilla de mi camiseta, y la jalé hacia arriba. El vapor ya había humedecido un poco la tela de ésta, y sentí un poco de frío cuando se separó de mi piel. Cuando terminé de quitarme mi camiseta, sentí de pronto como los brazos de Tomoyo me rodeaban por detrás, dándome un delicado abrazo. Se quedó en esa posición unos segundos sin decirme nada. Luego apartó sus brazos de mí, y sentí como colocaba sus dedos en mi espalda y empezaba a desabrochar mi brasier. De nuevo, me quedé quieta, hasta que terminó de desabrocharlo, y entonces alcé mis brazos, abrazándome a mí misma.

– ¿Puedes darte la vuelta un segundo? – Le pregunté.

– ¿Por qué?

– Sólo un segundo, por favor…

Tomoyo no puso objeción, se apartó de mí unos pasos y luego se dio la media vuelta. La voltee a ver sobre mi hombro para verificar que en verdad se había volteado. Suena tonto quizás, pero me sentía más tranquila si no me veía mientras me quitaba esas últimas prendas. Me retiré yo misma mi brasier, y luego, imitando lo que Tomoyo había hecho, me senté en la orilla de la tina y me quité mis medias. De vez en cuando la miraba de reojo a para verificar que siguiera dándome la espalda. Lo último eran mis pantaletas blancas. Me puse de pie, y la bajé lentamente por mis piernas hasta mis tobillos. Y eso era todo. Ahora también estaba desnuda, totalmente expuesta, lo que me hacía sentir extrañamente indefensa. Con un brazo, intenté cubrir mi busto, y con otra mi pelvis y mi vello castaño. No lo veía, pero podía sentir mi rostro arder.

– Ya… terminé…

En cuanto me escuchó, Tomoyo se dio la media vuelta hacía mí, y el sentir de nuevo sus ojos sobre mi cuerpo, no hizo más que incrementar mi temor. Y es que de hecho, ella no hizo nada para disimular que estaba echando un vistazo a toda mi persona, desde mi rostro hasta mis piernas, haciendo largas paradas en algunos puntos. Pero no tenía como quejarme, ya que después de todo yo había hecho casi lo mismo apenas un momento atrás.

– Te ves tan hermosa, Sakura-chan.

– No… No me mires así. Y no… No lo soy, no tanto como tú…

Tomoyo se me acercó con cautela y tomó mi rostro entre sus manos, obligándome a verla a los ojos. Se me acercó aún más, y me dio un muy delicado y corto beso en los labios.

– ¿Entramos?

– ¿No vamos a lavarnos el cuerpo primero?

– Sólo será un baño caliente rápido, para que te relajes. Ven.

Me tomó de las manos, y de buena o mala manera evitó que siguiera cubriéndome con mis brazos. Me guío hacia la tina, metiendo ella primero una pierna y luego la otra. Yo la seguí. Tomoyo se sentó en un extremo de la tina, con su espalda contra la pared, e hizo que yo me sentara delante de ella, dándole la espalda. Me volvió a rodear con sus brazos desde atrás, y me jaló hacia ella con algo de rapidez. Pegó además su mejilla contra mi cabello, y entonces nos quedamos así…

Yo estaba prácticamente paralizada, con mi vista clavada a la pared de enfrente entre todo el vapor. Mi espalda estaba pegada contra ella y podía sentir sus grandes pechos, presionándose contra mí. Cada vez que ella respiraba, sentía como su cuerpo se rozaba un poco contra el mío. Sus brazos me rodeaban también por el área de mi busto, y sus antebrazos rozaban un poco mis pezones. El calor que brotaba de su cuerpo era mucho más tangible para mí que el de la propia agua caliente que nos rodeaba.

– Esto es agradable, ¿verdad? – Me susurró muy despacio, y con sus manos empezó a acariciarme los brazos.

– Sí… Eso creo.

– ¿Eso crees? ¿Acaso no te sientes más relajada?

– ¡Sí!, ¡Sí!… Claro que sí.

¿Me sentía más relajada? Era difícil decirlo con seguridad. El agua caliente era relajante en verdad, y un abrazo por parte de Tomoyo siempre había sido algo agradable. Pero nunca habíamos tenido un abrazo sin ninguna prenda de ropa encima, por lo que el sentir tan directamente su piel contra la mía, era algo realmente nuevo, y hasta extraño.

Nos quedamos calladas largo rato, tal vez por dos o tres minutos, y conforme ese tiempo pasaba, yo también comenzaba a sentirme más tranquila. Incluso me permití cerrar los ojos…

– ¿Has tenido alguna otra noticia de Meiling? – Escuché de pronto que me susurraba, aunque no logré escucharla del todo claro.

– ¿Cómo dices? – Le respondí, abriendo de nuevo mis ojos e intentando voltearla a ver.

– Que si has tenido alguna noticia nueva de Meiling.

La pregunta me confundió, sobre todo porque la haya soltado tan de repente, pero supuse que sólo intentaba sacar algún tema de conversación para hacerme sentir más tranquila.

– No, nada. Creí que tú te comunicabas con ella por correo electrónico.

– Así es. Pero tampoco he sabido nada de ella desde su última visita. – Sentí en ese momento que colocaba una mano sobre mi cabello, y comenzaba a acariciármelo. – Esperemos que todo haya resultado bien.

El tacto de Tomoyo siempre ha sido tan delicado. Siempre me trata y me acaricia como si fuera el tesoro más preciado y delicado del mundo. Ella no estaba nada nerviosa en esos momentos, ni incomoda. Se veía realmente relajada, incluso feliz por estar compartiendo ese momento tan íntimo. En cambio yo, había actuado todo lo contrario durante todo ese rato. Comencé a sentirme mal de nuevo, pero por motivos totalmente distintos.

– Tomoyo. – Murmuré luego de un rato de silencio. – ¿Porque todo esto siempre te es tan natural y sencillo?

– ¿Qué quieres decir?

– Pues a esto, a todo. – Fue hasta ese momento en el que me volví consciente plenamente de lo que estaba por decir, pero ya no había vuelta atrás. Tal vez no era el mejor lugar o momento para hablarlo, pero aun así me decidí. – Tal vez no lo has notado, pero… Desde que comenzamos a ser novias, cada acercamiento físico entre nosotras ha sido realmente difícil para mí en un inicio. Primero fue el tomarnos de la mano, luego besos normales, los besos de lengua, los besos en el cuello… Incluso esto que estamos haciendo ahora. – Alcé mis manos, colocándolas sobre los brazos con los que Tomoyo me abrazaba. – Pero para ti todo siempre ha sido tan fácil, tan natural…

– ¿Y eso te preocupa?

– ¡Claro que sí! Digo… Me refiero a que… Si… si todo esto es tan sencillo para ti, ¿no debería de serlo también para mí? ¿No debería de sentirme ansiosa y preparada de manera natural para todo esto como tú en lugar de sufrir un ataque de pánico cada vez? Todo esto me hace pensar que… tal vez soy una muy mala novia…

Sí, justamente así era como me sentía: como una muy mala novia. Por qué, ¿qué clase de persona no estaría ansiosa de besar, abrazar o de tener más intimidad con su pareja a la que se supone ama tanto?, ¿qué clase de persona reaccionaría de esta forma ante estas situaciones tan normales como lo hacía yo? Tomoyo era una persona maravillosa, y no se merecía algo como eso. Ella se merecía alguien que la tratara con el mismo amor y deseo con el que ella me trataba…

De pronto, sentí como el abrazo de Tomoyo se volvió mucho más fuerte, pegándome más contra ella. Intenté voltear hacia atrás y preguntarle algo, no estoy muy segura de qué exactamente, pero al hacerlo ella pegó su mejilla contra la mía.

– ¡Eres tan adorable, mi Sakura-chan! – Exclamó con fuerza con ese tono jovial y emocionado que le era tan característico, y empezó a frotar su suave mejilla contra la mía.

– ¿Adorable?, ¿pero por qué lo dices? – Intentaba preguntarle, totalmente confundida por esa reacción tan espontánea; aunque viniendo de Tomoyo, ya debería de sentirme acostumbrada.

Aligeró un poco el abrazo, y entonces me permitió que me volteara lo suficiente para que pudiéramos vernos a los ojos. Yo esperaba que ella estuviera molesta o triste por lo que había dicho, pero no fue así. En su lugar, estaba sonriéndome ampliamente, como si nada.

– No hay nada malo en ti, Sakurita. – Empezó a decirme, colocando su mano derecha sobre su mejilla. – Lo que sientes es totalmente normal, ya que todo esto es realmente nuevo para ti.

– Pero, ¿acaso para ti no lo es? ¿Acaso ya habías hecho todo este tipo de cosas antes con alguien más?

En algunas ocasiones llegue a pensar que posiblemente Tomoyo había tenido un novio, o una novia, con anterioridad y por ello todo esto le era mucho más sencillo. Pero ella siempre ha afirmado que le gustaba casi desde el momento justo en el que nos conocimos. Además, aunque admito que siempre he sido algo distraída, me gustaría pensar que si Tomoyo hubiera tenido alguna pareja antes, me hubiera dado cuenta, y no hubiera tenido motivo alguno para ocultarlo. Aun así, la posibilidad nunca me abandonó.

Sin embargo, en ese momento, Tomoyo negó lentamente con su cabeza.

– Para nada. Tú has sido mi primera en todos los sentidos, Sakura-chan.

– ¿Pero entonces…?

Tomoyo me seguía sonriendo y me miraba a los ojos con suma ternura. Con sus manos me acariciaba mi mejilla, mi cuello, mi oído, y mi cabello.

– No es nada extraño ni especial. En primera, este tipo de cosas nunca han sido muy de tu atención, o algo en lo que pensaras mucho, ¿o sí? Podría apostar a que Sakurita nunca pensó de manera cuidadosa todo lo que conllevaría tener una pareja, ¿verdad? En especial este tipo de acercamientos físicos como los llamas.

Sentí como si una pesada piedra me cayera encima. ¿Para qué negarlo?, justamente así era. No era que nunca hubiera pensado en tener un novio, aunque en verdad nunca había pensado en tener una novia hasta hace poco. Pero nunca me había puesto a pensar, o investigar, o me había preocupado en saber con claridad todo lo que conllevaba, todo lo que se tenía que hacer o no hacer. Simplemente era algo en lo que casi no pensaba… Y tal vez debería de haberlo hecho.

– Pero no hay nada malo con eso, es sólo como es tu personalidad. – No tardó mucho en señalarme. – Además, enamorarse siempre es algo confuso y aterrador para cualquiera, y el comenzar digerir que esa persona que amas es otra chica, no lo hace más sencillo sino todo lo contrario. Es natural que tengas tus dudas y miedos ante este tipo de cosas; yo también las sentía.

– ¿De verdad?

Escucharla decir que ella también había tenido dudas, me tomó realmente por sorpresa.

– Claro que sí. Pero mi etapa de confusión y miedos fue hace casi diez años atrás, cuando nos conocimos por primera vez. En ese entonces me sentía muy confundida sobre lo que sentía por ti, y qué significaba ello en mí. Pero tuve muchos años para pensarlo, meditarlo, entenderlo, imaginarme lo que sería estar juntas, de entender lo que serían los besos, los abrazos… y todo lo demás.

– ¿Desde que estábamos en primaria? – Le pregunté confundida. ¿Acaso me estaba diciendo que había estado pensando en todas esas cosas… desde que teníamos nueve años?

Tomoyo ocultó sus labios detrás de sus dedos, y escuché cómo reía ligeramente con un tono inocente.

– Mi madre siempre dijo que tenía una mente adelantada para mi edad, pero nunca supo que tanto.

No pude decir nada, sólo sonreír ligeramente algo nerviosa. El saber que pensaba en mí de esa forma desde entonces, me hacía sentir un poco diferente sobre algunas cosas… Incluidos los trajes con los que me grababa… Pero ese es otro tema.

– Por otro lado, no sólo nunca habías pensado mucho en estos temas, sino que además llevas sólo diez meses como mi novia, y sólo un poco más entendiendo tus sentimientos. Es más que natural que todo esto te sea difícil en un inicio.

– No lo había pensado de ese modo.

– Si te sentías de esta forma, deberías de habérmelo dicho antes. Sabes que puedes decirme cualquier cosa que te preocupe, y que intentaré ayudarte en ello lo mejor que pueda. ¿O no?

Asentí con mi cabeza, aunque luego no pude evitar bajar mi mirada con vergüenza.

– Tienes razón, lo siento. Temía que si te enterabas de que todo esto me estaba dando algo de problemas, tal vez te enojarías, pensarías que quizás no estaba del todo decidida con esta relación… o no lo sé.

Tomoyo rodeó mi cuello con sus brazos, y pegó su frente contra la mía.

– Yo también tengo que disculparme. Desde que empezó todo esto, me he dejado llevar demasiado por mi emoción. Me imaginé y deseé tanto que hiciéramos todas estas cosas juntas, que sólo me arrojaba sin pensar en que esto podría ser incómodo para ti. ¿Me puedes perdonar?

– ¡Pero no tengo nada que perdonar, Tomoyo! No has hecho algo malo. Todo este tiempo has sido una novia magnífica. He sido… enormemente afortunada de estar contigo.

Noté como la sonrisa de Tomoyo se acrecentaba y sus mejillas se ruborizaron.

– Haces que me muera de la pena, Sakura-chan. – Exclamó llena de emoción, colocando sus manos en sus mejillas y meciéndose de un lado a otro.

De repente, todo el temor, toda la incomodidad, todo el miedo que sentía, se fueron esfumando. Una sensación de enorme bienestar comenzó a cubrir mi pecho, y pude suspirar con alivio al fin. Debía de haber hablado con Tomoyo  de esto desde hace mucho; la sensación de que mi forma de reaccionar era incorrecta, era lo que más me afectaba de todo ello. Pero claro, eso no quitaba el hecho de que aún ese tipo de situaciones me provocara… cierta pena…

Volví a caer en cuenta de nuevo en qué situación estaba, en que yo estaba desnuda, y Tomoyo también. Inconscientemente llevé de nuevo mis brazos hacia mi busto, intentando cubrirme con ellos, y me volteé hacia otro lado. Tomoyo sólo volvió a reír.

Comencé a sentir nervios, pero eran un tipo distinto. Eran más similares a emoción. Mis ojos se movieron ligeramente hacia un lado, lo suficiente para poder ver de reojo el cuerpo desnudo de Tomoyo; por su posición, el agua le cubría de la mitad del abdomen para abajo, por lo que sus pechos eran claramente visibles, y eso no le parecía importar. ¿Por qué me habría a mí de molestar entonces? No estaba con una extraña, estaba con mi novia. Si alguien me vería desnuda, ¿no tendría que ser ella justamente? Bajé mis brazos con mucha lentitud, dejando al descubierto mi propio busto. Tomoyo no pudo, o no intentó, disimular su emoción ante esto, ni la forma tan directa en que clavaba su mirada en mí, pero de no de una forma desagradable. Tomoyo me miraba con gran expectación, como si viera lo más hermoso del mundo. En su momento no podría haberlo descrito con palabras, pero si me preguntaran ahora diría que Tomoyo me miraba… Con un gran deseo.

– ¿En verdad… deseas tanto… Que hagamos el amor…? – Le pregunté de manera tímida.

– Por supuesto que sí. – Me respondió sin siquiera pensarlo. – Es algo que he esperado con ansias desde hace mucho tiempo. Pero no tienes que preocuparte por eso. Yo voy a esperar el tiempo que sea necesario hasta que te sientas lista.

Mi rostro se ruborizó, y mi pecho se cubrió de un fuerte calor. Sonreí ligeramente sin poder evitarlo. Me sentía tan feliz en esos momentos, y estaba tan admirada de la maravillosa persona que tenía al frente, que cada día me impresionaba más. Me desvié a otro lado con algo de pena. Respiré lentamente un par de veces, y entonces lo dije…

– Tomoyo… Yo… deseo hacerlo… Contigo… – Le susurré muy despacio, con un pequeño hilo de voz surgiendo de mis labios. Luego la volteé a ver de reojo, pues era incapaz de sostener la mirada. – Pero por favor… sé gentil conmigo…

Vi que Tomoyo parecía exaltarse enormemente por lo que le acababa de decir. Aunque, por algo que aún ahora no entiendo, parece que le había emocionado más lo segundo que dije, que lo primero.

– ¡No puedo creer que lo hayas dicho!, ¡debí de haberlo grabado! – De la nada volvió a abrazarme con fuerza con ambos brazos, jalándome contra ella y frotando su mejilla con la mía; yo no entendía qué había pasado.

– ¡¿Qué cosa?! ¿Dije algo malo?

– Para nada, nada. No te preocupes. Iremos mucho más lento, ¿está bien?

Lo último me lo había susurrado muy despacio sobre mi oído, casi como si fuera un secreto. Yo simplemente asentí lentamente con mi cabeza, y oculté de manera disimulara mi rostro contra su cuello. Dudé un poco de lo que había dicho, pero dichas dudas se esfumaron casi de inmediato. Estaba segura de lo que desea hacer, y así lo haría…

CONTINUARÁ…

Bien, ya al fin en el siguiente capítulo en tan esperado Lemon prometido para que todos hagan su limonada. A ver qué tal me sale. Crucen los dedos para que lo pueda tener pronto, y dejen sus comentarios.

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Mi novia, Tomoyo. “Mi nombre es Sakura Kinomoto, y la chica que está dormida a mi lado en la cama, es mi novia, Tomoyo…” Historia narrada desde la perspectiva de Sakura Kinomoto, en la que expresa sus pensamientos y emociones al comenzar una relación con su mejor amiga, Tomoyo Daidouji, y cómo lidia con los cada vez más profundos contactos físicos entre ambas.

+ “Cardcaptor Sakura” © CLAMP, Editorial Kodansha, Madhouse.

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