Fanfic Mi novia, Tomoyo – PARTE 2

18 de diciembre del 2016


Lamentablemente no pude terminar esta parte antes de irme de vacaciones, pero ya está aquí. Que lo disfruten.

Ankoku-chan

MI NOVIA, TOMOYO

Parte 2

Tomoyo sigue durmiendo profundamente; creo que en verdad está exhausta. Yo también lo estoy, pero no soy capaz de dormir, ni siquiera de cerrar los ojos. No es como en otras ocasiones en las que tengo el pendiente de que mi hermano, mi padre o Kero lleguen en cualquier momento; en esta ocasión podría dormir tranquilamente hasta el día siguiente, y todo estaría bien. Pero no puedo.

Es tan extraño; me encuentro viendo fijamente el techo mi propio cuarto entre toda la oscuridad, como lo he hecho tantas veces antes de igual forma, pero aun así… En estos momentos lo veo algo diferente a como siempre. ¿Pero qué cambió?, nada en lo absoluto. La lámpara es la misma, también el color. Incluso esa pequeña rajada que se había marcado justo sobre mi cama, lleva ya largo rato ahí. No, el techo no es el que cambió, sino los ojos que lo están viendo, o más bien la chica que es dueña de esos ojos…

Son tantas las emociones e ideas me cruzan en la cabeza en estos momentos. Sigo pensando en todas ellas, y recordando… recordando todo lo que he vivido a lado de esta persona, y me ha conducido hasta este momento y lugar preciso. Desvío la mirada del techo hacia mi diestra; Tomoyo está recostada sobre su costado, con su rostro plácido sobre la almohada, sonriendo levemente mientras sueña. Mi sabana y cobertor sólo la cubren de la mitad del torso hacia abajo, lo que deja una parte considerable de su delicada piel blanca alumbrada por la tenue luz de la lámpara encendida de mi buró. Podría verla por siempre dormir; es como una delicada muñeca de porcelana. Su cuerpo desnudo es hermoso; su rostro, sus curvas, sus pechos relativamente grandes y redondos, sus caderas anchas, sus piernas largas… Al principio me preguntaba como una chica podía admirar, e incluso sentirse atraída de esta forma por el cuerpo de otra, pero lo fui aprendiendo poco a poco… Aunque no por la buena, ya que como he dicho, los contactos físicos fueron mis mayores obstáculos cuando empezamos nuestra relación.

Aún después de habernos dado nuestro primer… segundo… y creo que también tercer beso en una misma tarde, los besos en general siguieron siendo un poco problemáticos para mí. Pero al igual que con tomarnos de la mano, todo fue cuestión de irme acostumbrando, y empezar a disfrutarlos también. Y una vez que eso ocurrió, me sentía mucho más relajada y tranquila. Podría decir que una vez superado eso, empecé a pasar por los momentos más felices y tranquilos de mi relación con Tomoyo. No teníamos ningún problema, nos llevábamos muy bien, incluso mucho mejor que antes, y no había nada de complicaciones de las cuáles preocuparse. Bueno, aunque un poco después ocurrió el incidente de los besos de lengua, y los besos en el cuello… Pero esos no son tan importante como para contarlo… ¿O sí?

Lo que pasó con los besos en el cuello y los besos de lengua, es que fueron las puertas a una serie de cosas que me eran completamente inesperadas. Tomarnos de la mano y los besos, para eso estaba preparada, y a menor o mayor medida sabía que vendrían tarde o temprano… Pero lo demás, no precisamente. No me malentiendan; la gente tiende a pensar que soy en exceso inocente y distraída con ese tipo de cosas… Y la verdad lo soy… Tal vez demasiado… Pero no era una niña; sabía muy bien que las parejas hacían más cosas que tomarse de la mano y besarse, cosas más… atrevidas; pero nunca caí en cuenta de que ese también tendría que ser mi caso, de que eso también se me aplicaría, hasta que se me fueron presentando ante mí de pronto. ¿Suena raro? Bueno, tal vez lo sea un poco…

Un día, ambas nos encontrábamos en medio de un beso, algo más apasionado y profundo que de costumbre, reunidas a solas detrás de del edificio de los salones. De pronto, sentí como Tomoyo se separaba, y entonces… bajaba… Más allá de mi mentón, hasta llegar a mi cuello, dándole un delicado beso en mi costado derecho de la nada, sin siquiera avisarme. Me quedé helada; realmente me tomó por sorpresa que lo hiciera. Y no se detuvo con uno, sino que siguió con otro, y con otro; hundió por completo su rostro contra mi cuello, y lo empezó a besar lentamente, pero de manera continua sin descanso. Sentía sus labios rozando de esa forma mi piel, su respiración cálida, y el aroma de su cabello muy cerca de mi rostro. Se sentía extraño. Recuerdo que sentí como mi piel se erizaba, y un par de pequeños suspiros surgieron de mis labios.

No sé cuánto duró haciéndolo, y tampoco recuerdo si ella se separó por su cuenta o si yo la aparté; aunque me gusta pensar que ella tomó la iniciativa. Sólo recuerdo que luego de eso, me miró a los ojos, me sonrió mientras me acariciaba la mejilla y me preguntó con ese tono dulce y delicado que casi me hizo derretirme:

– ¿Te gustó?

Vaya pregunta.

De seguro mi rostro estaba totalmente rojo en esos momentos, y mi mirada algo embobada. Ni siquiera pude hablar para responderle, simplemente asentí con mi cabeza diciéndole que “sí”. ¿Dije que sí? ¿Por qué lo hice? Ya a estas alturas no puedo negar que me encantan los besos en el cuello, e incluso otro tipo de caricias en esa zona que para mi sorpresa resultó ser una de mis más sensibles. Pero en esos momentos me encontraba realmente confundida, así que probable no pensé muy bien mi respuesta.

El asunto no pasó a mayores, pero igual lo volvió a hacer un par de veces más luego de eso, y el resultado para mí no fue muy diferente al primero. Siempre pensaba si sería prudente decirle algo al respecto, mencionarle que aquello me era un poco incómodo, o algo… Pero poca oportunidad tuve de hacer algo como eso pues un día indirectamente me dijo que era mi turno de hacerlo… ¿Cómo se puede decir algo como eso indirectamente? Bueno, luego de besarnos como siempre, de la manera normal, y luego de volver a besarme en el cuello, la manera no tan normal, me miró fijamente a los ojos, inclinó su cabeza hacia un lado e hizo su cabello hacia atrás, dejando descubierta la suave y blanca piel de su cuello… Pensándolo bien, eso es lo suficientemente directo, ¿verdad?

Está de más decir que me quedé hecha estatua un largo rato antes de animarme a hacer cualquier movimiento. Supongo que era lo justo; si Tomoyo me lo hacía, posiblemente significaba que a ella le debería de gustar ese tipo de besos, y si eso la haría sentir bien… Acerqué mi rostro lentamente a su cuello, y pegué mis labios a su piel. El primero fue un beso pequeño y rápido, que revelaba de inmediato la timidez que tenía. Aun así, Tomoyo suspiró un poco en mi oído en cuanto se lo di, y su cuerpo tembló ligeramente, pegándose contra el mío. ¿Eso le había gustado? Mientras me acercaba, sentí como su respiración se agitaba un poco, como víctima de la expectativa. Volví a pegar mis labios a su cuello una vez más, e intenté besarla con la misma naturalidad con la que lo haría en su mejilla o en sus labios. Primero uno, luego otro, y luego otro. Luego me comencé a mover hacia arriba, y luego hacia abajo, todo con extrema suavidad. En verdad no sabía qué estaba haciendo; sólo sabía que eso de alguna manera provocaba que Tomoyo comenzará a suspirar con satisfacción, y que se aferrara aún más contra mí. Eso me fue suficiente para desear seguir haciéndolo, con tal de hacerla sentir tan bien como al parecer estaba logrando.

La piel de su cuello era blanca como leche, y extremadamente suave. De nuevo podía percibir su aroma tan dulce, de nuevo a fresa o uva. No me avergüenza admitir que después de un tiempo, ese aroma se volvió casi un estimulante para mí. El olerlo, me hace pensar de inmediato en Tomoyo, y en las cosas que hemos hecho juntas mientras respiraba ese delicioso olor. El estar en esos momentos besándola de esa forma que a mí me parecía tan atrevida, con el aroma de su perfume impregnándose en mi rostro, sintiendo su cuerpo temblar y apretándose contra el mío, sentir su aliento y suspiros sobre mi oído, y como su piel se calentaba un poco… Fue… Increíble. ¿Han oído esa expresión que dicen en la televisión de sentir que son las únicas dos personas en el mundo y que nada más importa? Bueno, ese fue el momento justo en el que comprendí lo que eso significaba. Fue tan placentero sentir como ella parecía disfrutar tan gratamente algo que yo le estaba haciendo.

Luego siguieron los besos de lengua, pero no hay ninguna historia muy interesante detrás de ellos. De hecho, ni siquiera recuerdo cómo fue la primera vez, pero fue muy parecido a los besos de cuello: me parecieron extraños, algo incomodos al principio, no sabía para nada qué hacer o cómo, y con el tiempo empecé a acostumbrarme a ellos. Lo más sobresaliente de esa experiencia, es que me intrigaba mucho el por qué también los llamaban “besos franceses”.  De haber estado más enterada del uso de Internet como Tomoyo, posiblemente hubiera podido haberlo investigado mejor; digo, ¿cómo vas a una biblioteca buscando un libro que te diga porque se les llaman besos franceses a los besos de lengua?, ¿en qué clase de libro encuentras algo así? Pero no sólo era el  nombre, ya que en realidad, si lo piensan bien, ni siquiera son besos propiamente. ¿Por qué el acto de juntar las lenguas es tan… bueno, llamativo? Quién sabe.

Aunque de manera un poco turbulenta, había logrado sobrepasar los acercamientos físicos de manera exitosa, y de alguna forma, que no sé si estaba o no relacionada, los acercamientos sentimentales también se iban afianzando. Para esos momentos, yo ya estaba totalmente segura de que era novia de Tomoyo, y que me encantaba serlo, que en verdad la amaba, y que ella a mí. Pensé, inocentemente, que con eso habría sido todo, y que de ahora en adelante todo sería mil veces más sencillo. Pero en efecto, ignoraba que todo lo anterior era apenas la punta del iceberg…

Esto sucedió mucho más reciente; tal vez uno o dos meses  atrás, pero estoy segura que no tres. Todo comenzó una mañana normal en el salón, cuando la primera clase aún no comenzaba. Yo me encontraba sacando mi cuaderno y caja de lápices de mi mochila, cuando vi por el rabillo del ojo que Tomoyo entraba y caminaba hacia mi lugar. Alcé mi mirada, le sonreí, y estaba por decir los buenos días, pero ella se me adelanto de forma abrupta…

– Buenos…

– Sakura. – Exclamó de inmediato, colocando sus manos sobre mi pupitre. – ¿Quieres ir a mi casa luego de clases?

– … Días…

– Ah, sí, lo siento. Buenos días, Sakura. ¿Quieres ir a mi casa luego de clases?

Fuera del extraño apuro que tenía en lanzarme la invitación, en realidad no hubo nada que me hizo pensar en decir que no; no había nada raro en ello, ya que era más que común el ir a mi casa o a la suya luego de clases, a hacer la tarea, a merendar, o simplemente comer dulces y ver la televisión; inclusive era normal que una se quedara a dormir en la casa de la otra.

– Por supuesto que sí, Tomoyo. – Le respondí con naturalidad. – ¿Qué quieres hacer?, ¿tienes algo en mente?

Noté en esos momentos que la sonrisa en los labios de Tomoyo se acrecentaba… Pero no era su sonrisa normal y despreocupada de siempre. No, había algo extrañamente diferente en esa sonrisa.

– Un par de cosas, quizá. Pero serán sorpresa, ¿te parece bien?

– Está bien. Tus sorpresas siempre son muy interesantes, Tomoyo; siempre sabes cómo… Bueno, sorprenderme.

Tomoyo dirigió sus dedos a sus labios, cubriéndose su boca con cierta elegancia, y río levemente de manera discreta.

– Lo tomaré como un cumplido. – Miró hacia los lados, como cuidado que nadie estuviera cerca, o estuviera escuchándonos. Entonces, se inclinó hacia mí, acercó sus labios a mi oído, y me susurró… – Mi madre tiene una junta muy larga hoy, y no llegará hasta muy noche.

Más importante que lo que me dijo, fue cómo lo dijo. Ese tono de voz nunca lo había oído en Tomoyo. Era casi… ¿provocador?; no estoy segura de qué palabras se usan exactamente para describir algo como eso. Pero fuera lo que fuera, me causó un pequeño escalofrío. ¿Por qué me lo dijo de esa forma?, ¿y por qué se me había acercado a susurrármelo tan discretamente al oído? Se lo iba a preguntar, pero el maestro llegó en ese momento, y todos tomaron rápidamente su asiento. No le di mucha más importancia, y de hecho incluso luego de un par de horas, lo había olvidado.

El resto del día continuó de forma normal. En un par de ocasiones más tocamos el tema, pero no dijimos ni comentamos algo muy significativo. Como habíamos acordado, luego de la última clase nos dirigimos juntas a su casa, caminando una a lado de la otra, conversando de ningún tema en particular y bromeando; todo me parecía muy común, como cualquier otro día.

Al llegar a la enorme y elegante casa de Tomoyo, en efecto la señora Sonomi no estaba. De hecho, no había nadie, ni siquiera un empleado; la casa estaba sola y en completo silencio, a excepción de la presencia de nosotras dos. Tan así fue que sentía que mis pasos provocaban mucho eco al andar, aunque tal vez era mi imaginación. Pese a qué había estado en esa casa un sin número de veces antes, esa sensación de soledad que la impregnaba ese día me causó un poco de miedo. Pero no tenía por qué temer si estaba con Tomoyo, y además en su casa.

Subimos las escaleras y fuimos directo a su cuarto. La habitación de Tomoyo había tenido una pequeña remodelación un par de años atrás, creo que como regalo de cumpleaños. Habían tumbado una pared para ampliarlo aún más, le construyeron su baño propio con tina, le habían puesto alfombra nueva, retapizado, comprado muebles nuevos incluida una cama más grande y nuevos sillones para su pequeña sala para invitados, e incluso le construyeron una terraza. Lo que sí no se había tocado al parecer, era su sala de proyección, en dónde tenía… Todas las grabaciones y películas que me había hecho con los años. Claro, no sólo de mí; también había otro tipo de videos, de otras cosas y personas… Pero la mayoría son míos…

Nos sentamos en su sala, pero no en los sillones sino en el suelo, sobre su alfombra como acostumbrábamos, y comimos algunas galletas que Tomoyo había traído de la cocina, así como un poco de té. Igualmente, hasta ese punto todo se sentía como cualquier otro día.  Comenzábamos a platicar y bromear, como siempre.

– ¿Supiste lo de Naoko? – Me preguntó justo antes de darle una mordida a su galleta. – Rika me dijo que conoció a un chico en la última obra en la que audicionó.

– ¡No!, ¿de verdad?

– Sí. Me dijo que ella no lo ha admitido abiertamente, pero que está casi segura de que están saliendo.

– ¡No puede ser! Qué bien por Naoko, espero que ese chico sea dulce y lindo, porque Naoko se merece a alguien muy especial.

– Bueno, si eso te sorprendió, tal vez no deba decirte lo de Rika.

– ¿Qué pasa con Rika?

– Oh, nada. Te enterarás tarde o temprano.

– ¡Oh vamos! ¿Te dijo algo? ¿Rika también consiguió novio?

– Más que eso.

– ¿Más que eso?

Estuvimos alrededor de una hora conversando, y poco a poco comencé a detectar algo que no era del todo “normal”. De vez en cuando, Tomoyo guardaba silencio, y miraba fijamente su taza unos segundos. Luego me volteaba a ver, abría la boca como queriendo decir algo, pero de inmediato se detenía, dudaba, y entonces mencionaba otro tema y la conversación volvía a fluir. No le di importancia las primeras dos veces, pero luego volvió a ocurrir una tercera, exactamente igual que las anteriores.

– ¿Estás bien, Tomoyo? – Le pregunté directamente. – ¿Algo te molesta?

– No, para nada. ¿Por qué lo dices?

– No lo sé. Me parece que estás un poco más pensativa que de costumbre. ¿Querías decirme algo hace un momento?

Guardó silencio, y desvió su mirada unos momentos hacia su lado derecho. Sus dedos se movían inquietos sobre su taza. Luego, respiró muy hondo por la nariz, y soltó lentamente el aire por la boca. Algo más decidida, se viró de nuevo hacia mí.

– Sí… Hay algo que quería… Que quiero decirte. Es el motivo por el que te pedí que vinieras hoy… – Noté como su rostro se ruborizaba y una ligera risita nerviosa surgió en sus labios. Llevó sus manos a sus mejillas y cerró los ojos mientras continuaba hablando. – No sé ni cómo decirlo, tal vez debí haberlo ensayado…

– ¿Decirme qué?

– Sakura… No sé si estés consciente de ello, pero mañana se cumplen exactamente diez meses del día en que nos dijimos nuestros sentimientos por primera vez… El día en que comenzaste a ser mi novia…

¿Diez meses? ¿Ya casi íbamos a cumplir un año? La verdad era que no me había dado cuenta de que hubiera pasado tanto tiempo desde aquel día.

– No lo recordaba. Lo siento, ¿de… debía de haberte comprado algún regalo o algo parecido?, ¡aún podría hacerlo si es mañana! Lo siento, no sabía que…

– No, no Sakura. No es eso… – En ese momento extendió su mano sobre la mesa, para tomar con mucha delicadeza la mía, y verme a los ojos con una amplia sonrisa. – Sólo lo mencioné para decirte que… Estos diez meses que hemos pasado juntas, han sido los más felices de toda mi vida. Cada día contigo es aún mejor de lo que hubiera imaginado. Cada beso y abrazo que me has dado, me han hecho tan dichosa. Yo… Realmente te amo Sakura, de verdad te amo. Eres la persona más importante para mí en el mundo entero…

– Tomoyo… Me apenas…

Sentía que mi rostro quemaba, y mi espalda cosquilleaba de escuchar todo lo que me decía. Tomoyo siempre había tenido una gran facilidad para decir cosas bonitas, en especial cosas bonitas que me hacían derretirme.

– Tú… Tú también eres la persona más importante para mí… – Empecé a decirle con un pequeño hilo de voz saliendo de mis labios, que de seguro apenas y debió serle comprensible. Respiró hondo para tomar fuerzas, y poder alzar mi mirada y verla a los ojos como era debido cuando se decía algo como eso, a la vez que tomaba su mano con un poco de fuerza. – Y Yo… Yo también te amo, Tomoyo… ¡Te amo mucho…!

Lo último lo había gritado más fuerte de lo que esperaba; por suerte no había nadie más en la casa para escucharme, además de Tomoyo. Le verdad me hubiera gustado poder decirle algo mejor, algo más tierno y emotivo como lo que me acababa de decir, pero siempre se me dificultaba hacerlo. Pero al parecer fue suficiente para Tomoyo, pues noté de inmediato como su rostro se iluminaba por completo, y su sonrisa se acrecentaba de oreja a oreja.

– Oh, Sakura… Te amo, te amo, te amo, te amo…

Repitió lo mismo varias veces mientras le sacaba la vuelta a la mesa gateando por la alfombra. Se dirigió directo hacia mí y, sin siquiera dejarme reaccionar, me rodeó y me abrazó con fuerza… No, de hecho no fue sólo un abrazo: prácticamente se me lanzó encima, se aferró a mí, y me plantó un fuerte y sorpresivo beso los labios. El empujón de su casi tacleada, hizo que cayera al suelo de espaldas, y ella se fuera conmigo de paso, pero eso no pareció importarle; de hecho, casi parecía que esa hubiera sido su intención. De un momento a otro estaba literalmente tirada de espaldas en el piso, y ella estaba prácticamente recostada sobre mí mientras me besaba, me parecía, con cierta desesperación.

Por mí parte yo… Estaba algo confundida. ¿Qué se suponía que estaba haciendo exactamente? Tomoyo nunca había sido así de agresiva con sus abrazos o con sus besos. ¿Era normal que las parejas se besaran en esa posición?, tal vez era otra de esas cosas que desconocía, y por eso me resultaban tan extrañas. ¿Debía de corresponderle o intentar apartarla de mí? No estaba segura. Pero me era extraño sentir su cuerpo presionando y, de cierta forma, aplastando el mío, de sentir sus pechos de un tamaño relativamente grande, presionándose de esa forma contra los míos algo medianos; qué decir además de su cadera pegada contra la mía, y su pierna derecha posicionada entre las mías. Me siguió besando por un largo rato más, sin que yo pudiera correspondérselo del todo, hasta que al fin se detuvo y se alzó un poco, apoyándose en sus manos a cada lado de mi cabeza para alzarse un poco, pero teniendo aún parte de su cuerpo presionándome. Me miró fijamente con sus ojos brillosos, casi embelesados; aunque de seguro yo en esos momentos he de haber tenido una cara de total asombro y confusión.

– Te amo Sakura, te amo muchísimo. Y por eso quiero ser por completo tu novia, y que tú seas por completo la mía…

De nuevo no entendí. ¿A qué se refería con por completo mi novia?, ¿no lo era ya?

Se volvió alzar, sentándose ahora sobre mis piernas, y colocando sus rodillas a cada lado de mi cadera. Comenzó entonces a desabotonarse el abrigo azul de su uniforme, un botón a la vez…

Quiero demostrarte cuanto te amo realmente, de todas las formas posibles.

Se retiró el abrigo por completo, dejándolo caer al suelo, y pasó a desabotonarse también la camisa blanca que usaba debajo, todo esto sin quitarme los ojos de encima. ¿Qué estaba haciendo?, ¿por qué se estaba desnudando? Fue algo muy extraño, ya que ya había visto a Tomoyo desnuda en otras ocasiones pasadas. Habíamos ido juntas a aguas termales, por ejemplo, nos cambiábamos juntas en los vestidores de la escuela. Pero por alguna razón, en ese momento preciso, el ver como se comenzaba a abrir por completo su blusa ante mí, me puso extremadamente nerviosa.

Su torso estaba ahora al descubierto, a excepción del sostén rosa pastel con encaje que le cubría el busto. Los pechos de Tomoyo enserio habían crecido desde la secundaria; eran fácilmente el doble de grandes que los míos. Pero no era sólo eso, todo su cuerpo se había formado de una forma hermosa y escultura; fácilmente podría pasar por una modelo o actriz famosa.

– ¿Qué estás haciendo? – Logré preguntarle al fin, pero aún era incapaz de salir por completo de mi asombro.

No podía quitar los ojos de su hermoso sostén, ni evitar admirar la forma en que éste se presionaba contra su busto, levantaba sus senos y les daba una forma redonda y casi perfecta. Creo que nunca me había puesto a verlos con ese detenimiento para notarlo.

Tomoyo me sonrió ampliamente, y extendió su mano derecha hasta mi rostro, comenzando a acariciármelo con la yema de sus dedos, con extremo cuidado, como si temiera lastimarme.

– Lo que te dije, demostrarte cuanto te quiero, Sakura. – Murmuró en voz baja y entonces fue bajando lentamente, hasta recostar de nuevo su cuerpo sobre mí. Acercó su rostro a mi oído derecho, y entonces me susurró de la misma forma que lo había hecho en el salón de clases. – Mi corazón, mi alma, y mi cuerpo… Todo mi ser es tuyo Sakura, para que hagas lo que desees… Quiero sentirme totalmente unida a ti. Sakura… Quiero que hagamos el amor…

Mis ojos se abrieron como platos y mi boca se abrió tanto que pensé que mi mandíbula se me zafaría. Mi cabeza marchaba al mil por hora, dándome vueltas una y otra vez, intentando encontrar la forma adecuada de reaccionar. Ahora, creo que tal vez podría haberlo hecho mucho mejor que haber gritado…

– ¡¿QUÉ QUEEEEEEEEEEÉ?! – Exclamé con fuerza, prácticamente presa del pánico, y sin darme cuenta que el oído de Tomoyo estaba prácticamente a centímetros de mi boca.

Pero no podía culparme por reaccionar de esa forma, ¿o sí? Admito que no era nada cercano a una experta en relaciones, e incluso en estos momentos no lo soy. Pero… ¿Esa era forma correcta de proponer algo como eso? Además, entre un beso francés y… “hacer el amor”,  ¿no tiene que haber algún tipo de punto intermedio? Yo pensaría que sí… Aunque la verdad nunca me había puesto a pensar mucho sobre tema, y con eso me refiero a nada.

Tomoyo se volvió a sentar de la misma forma que antes, y llevó su mano al oído en el que le había gritado sin querer, tocándoselo suavemente con sus dedos.

– No es la clase de gritos que esperaba… – Murmuró con un tono ligeramente burlón.

– Lo siento, no… no fue mi intención…

– Descuida, no te preocupes.

Sólo Tomoyo podría reaccionar de una forma tan calmada y dulce luego de haberle gritado con fuerza en su oído. Se alzó apoyándose en sus rodillas y manos en el suelo, colocando estas últimas a cada lado de mi cabeza, de tal forma que se mantenía suspendida sobre mí.

– ¿Te molestó lo que dije?

– No es eso, Tomoyo… Es sólo que… – Tragué saliva con algos de nervios. Sentir su mirada penetrante, tan fija en mí, me hacía sentir desarmada. – ¿No es… cómo… demasiado pronto…?

– ¿Demasiado pronto? – Me contestó, aparentemente desconcertada por lo que le acababa de decir. Luego me volvió a sonreír, con una extraña ilusión, y a la vez inocencia en su mirada. – Pero Sakura, si yo he deseado hacer esto desde el momento mismo en que aceptaste ser mi novia.

De nuevo volví a sentir que mi quijada casi se zafaba de la enorme sorpresa que me inundo al escucharla.

– ¿Estás… hablando enserio…? – Fue lo único que se me ocurrió preguntar, luego de quedarme callada por… No sé qué tanto tiempo, pero fue mucho.

– Por supuesto que estoy hablando enserio. – Me contestó con uno de los tonos más gentiles y amigables que le había escuchado, y viniendo de Tomoyo eso era decir mucho. Bajó de nuevo su cuerpo lentamente hacia mí, acercando su rostro. Pensé que me besaría, pero en su lugar se dirigió directo a mi cuello, susurrando con su aliento cálido sobre mi costado derecho. – Yo realmente quiero hacerlo. No sabes todas las veces que me lo he imaginado, Sakura. Ha sido casi una tortura estar tan cerca de ti sin poder tocarte por completo, sin poder besar toda tu piel, sin poder sentir el calor de tu cuerpo directo contra el mío…

– ¡Tomoyo!, ¿Qué… qué estás diciendo…?

El escuchar decir tales palabras me dejaba atónita. Mi lengua se trababa, y el aliento se me escaba. No podía creer que Tomoyo estuviera diciéndome eso. Era demasiado para mí; sentía que me desmayaría.

Empezó de pronto a besarme un lado del cuello, mientras posicionaba sus dedos en el otro, y me lo acariciaba, subiendo y bajando, hasta tocar también mi oreja. No era capaz de moverme, ya fuera por el asombro, o por lo que sus labios y su aliento en mi cuello me hacían sentir. Había vuelto a recostar su cuerpo sobre el mío, y de nuevo estaba totalmente pegada contra mí, presionándome. Con cada movimiento que hacía, nos frotábamos un poco. Los besos se transformaron en un segundo en pequeñas lamidas, que hicieron que un fuerte suspiro surgiera de mi boca, y mi espalda se arqueara un poco. Eso había sido totalmente involuntario; mi cuerpo había reaccionado solo, al igual que mi respiración que empezaba a agitarse más y más.

– Tomoyo… Por favor… Detente… – Supliqué en voz baja, apenas capaz de formar palabra alguna.

Mi cuerpo estaba débil, incapaz de moverse con total libertad. No mentiré: tenía un poco de miedo en ese momento. O aún peor: me sentía totalmente indefensa. Yo que se supone soy la maga más poderosa del mundo, estaba totalmente a merced de Tomoyo, a que pasara lo que ella quisiera que pasara, a hacer lo que ella quisiera hacer, sin que pudiera oponerme. Pero en realidad, siempre había sido así. Tomoyo siempre se había mostrado tan experimentada e inteligente en estas cosas; era siempre la que me guiaba, la que me enseñaba y en esa ocasión no era la excepción.

Al parecer mis palabras surtieron efecto, pues se detuvo en ese mismo instante. Se volvió a separar de mí, aunque mantuvo su rostro suspendido sobre el mío a unos pocos centímetros. Extendió sus dedos con dulzura hacia mi mejilla, y me la acarició con mucho cuidado, con total delicadeza en su tacto, mientras me sonreía y miraba fijamente. Aunque todos sus actos eran dulces y de seguro los hacía con la intención de calmarme, no surtían casi ningún efecto en mí.

¿Qué se suponía que debía decir o hacer? ¿Eso qué estaba pasando era normal? ¿Cómo esperaba ella que reaccionara exactamente si de la nada se me lanzaba encima sin siquiera darme tiempo de entender lo que estaba pasando? Ni siquiera para ese punto había podido procesar a qué se refería con esas palabras que me había susurrado al oído de esa forma. ¿Quería que hiciéramos el amor? No era una niña, entendía perfectamente el concepto, pero… ¿Qué era lo que quería que hiciéramos exactamente? Siendo ella y yo, ambas chicas… ¿Cómo funcionaba eso? Sé lo que deben de estar pensando: ¿Me había atrevido a empezar una relación con otra mujer y nunca me dio curiosidad de saber sobre cómo sería eso? Bueno… ¡Perdón! No era un tema que tuviera tan presente, y en la escuela sólo te explican cómo un hombre y una mujer lo… hacen.

Desvíe mi mirada hacia otro lado, intentando evitar su mirada. Mi respiración seguía agitada, y sentía como mi pecho subía y bajaba sin control. Sentí entonces como sus gentiles manos tomaban mi rostro entre ellas y lo giraban lentamente hacia el frente de nuevo, haciendo que una vez más nuestros ojos se encontraran frente a frente. Tomoyo me pareció tan hermosa en ese mismo momento, casi como un ángel que flotaba sobre mí, con un misterioso brillo detrás de ella decorándola.

 – Lo siento, Sakura. Creo que me dejé llevar demasiado por el momento; nunca fue mi intención asustarte. – Me susurró con mucha dulzura; mantenía su rostro a una distancia corta del mío, tanto que lograba sentir ligeramente su aliento rozar mi piel cuando hablaba. – Pero no tienes que temer, lo que menos quiero es que te sientas incomoda con esto. Tienes razón, mi manera de reaccionar tal vez no fue la correcta, y lo lamento. Lo que te dije antes es verdad; enserio deseo dar este paso contigo, lo he deseado desde hace muchísimo tiempo. Pero no haré nada que tú no quieras, ¿está bien?

No supe qué contestar. No era que no quisiera, era simplemente que… No me sentía preparada psicológicamente para algo como eso, en especial cuando ni siquiera entendía bien qué era exactamente. Intenté explicarle eso, pero de mi boca no surgió ni media palabra.

Tomoyo se me acercó una vez más, pero ahora sí unió sus labios a los míos. Ya no era un beso casi agresivo como el de hace unos momentos, sino un beso mucho más suave, mucho más dulce, mucho más… agradable. Era esa clase de besos los que me gustaban, los lentos, aquellos en los que podía sentir plenamente en roce de sus labios y los míos, poder percibir por completo cada uno de los sentimientos que me intentaba transmitir. Empecé a relajarme poco a poco, y entonces al fin fui capaz de correspondérselo como era debido. De hecho, fue uno de los besos más duraderos que recuerdo hasta entonces.

Sin separar nuestros labios ni un instante, volvió a tomar mi rostro con sus manos, como si estuviera sujetando. Hizo entonces que su cálida y húmeda lengua se abriera camino, hasta entrar en mi boca, y empezó a buscar sin espera la mía. Mi lengua y la suya empezaron a acariciarse mutuamente con lentitud, creando pequeños sonidos húmedos. De un momento a otro, dejé a preocuparme tanto por lo abrupto o extraño de la situación, de lo nerviosa o confundida que estaba, o de sí quería o no que eso pasara. Todo mi entorno se convirtió únicamente en la sensación de calidez y bienestar que me causaba el roce de sus labios y su lengua.

No sé cuánto paso. Sólo recuerdo que cuando Tomoyo se separó al fin, mis labios por mero reflejo inconsciente intentaron buscar a tientas de nuevo los suyos, como si no quisieran que esa cálida unión se rompiera aún. Al reaccionar por completo, sentía mi rostro cálido y mi respiración muy agitada y acelerada. Abrí mis ojos con cuidado, encontrándome de nuevo con su hermoso y angelical rostro, que me seducía y tranquilizaba a su vez.

Se levantó de pronto, quitándose por completo de encima de mí, y en su lugar se puso de rodillas a mi lado; yo seguía recostada en el piso, y la volteaba a ver cómo la debilidad de mi cuerpo me lo permitía. Posó su mano sobre su cabello, y me lo empezó a acariciar.

– Vayamos un poco más lento si así lo deseas. – Me indicó con un tono amoroso. – ¿Tomamos un baño?

– ¿Un… baño…?

– Un baño caliente te relajará, ya lo verás. Confía en mí.

Me extendió en ese momento su mano derecha, la cual yo acepté casi sin proponérmelo. Me ayudó a ponerme de pie, y entonces empezó a guiarme paso a paso hacia la puerta de su baño. No sé cómo no choqué contra ningún mueble o pared en el camino, pues no era capaz de dejar de mirarla mientras avanzaba tomada de su mano…

CONTINUARÁ…

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Mi novia, Tomoyo. “Mi nombre es Sakura Kinomoto, y la chica que está dormida a mi lado en la cama, es mi novia, Tomoyo…” Historia narrada desde la perspectiva de Sakura Kinomoto, en la que expresa sus pensamientos y emociones al comenzar una relación con su mejor amiga, Tomoyo Daidouji, y cómo lidia con los cada vez más profundos contactos físicos entre ambas.

+ “Cardcaptor Sakura” © CLAMP, Editorial Kodansha, Madhouse.

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