Fanfic Mi novia, Tomoyo – PARTE 1

17 de diciembre del 2016

Hola a todos. Éste es un Fanfic basado en la serie de anime Card Captor Sakura, y no soy dueño de la serie ni de los personajes. Este Fanfic tendrá contenido Yuri explícito en toda la historia, además de contenido Lemon posteriormente (más temprano que tarde). Está centrado (como ya pudieron adivinar) en los personajes de Sakura y Tomoyo de la mencionada serie.

Que lo disfruten, y déjenme sus comentarios, por favor.



WingzemonX

MI NOVIA, TOMOYO

Parte 1

Mi nombre es Sakura Kinomoto, tengo dieciocho años, y estudio el último año de preparatoria; vivo en Tomoeda con mi padre y mi hermano mayor. Y la chica que está en estos momentos dormida a mi lado, cubierta únicamente por el mismo cobertor rosado y sábanas blancas que yo, es mi novia, Tomoyo Daidouji… Sí, así es: mi novia, mi alegre, elegante, y hermosa novia.

No les mentiré, aún se siente un poco raro pensarlo, mucho más el decirlo en voz alta; es algo que no debería de ser así, pero no lo puedo evitar. Incluso en este instante de tiempo, incluso en este momento tras todo lo que hemos vivido los últimos meses, aún me es difícil creer que sea real. ¿Cómo pasó?, ¿cómo fue exactamente que recorrí el camino exacto que me condujo a este momento? No lo sé; supongo que… Simplemente pasó. No fue algo que podía haber controlado o decidido. Fue algo que pasó, o más bien algo que tenía que pasar.

“En este mundo no existen las coincidencias, sólo existe lo inevitable.” Alguien me dijo estás palabras no hace mucho, y hasta ahora comprendo en plenitud su verdadero significado.

Tomoyo y yo hemos sido amigas desde tercero de primaria; pero no sólo amigas, sino “grandes” amigas. Desde el primer día en que cruzamos mirada, ella siempre estuvo ahí para lo que necesitara… Y también para lo que no necesitara, como hacerme trajes de combate y grabarme con ellos; lo cual, pensándolo en retrospectiva, tiene más sentido ahora que sé lo que sé ahora… Pero me estoy adelantando.

De acuerdo a lo que me ha contado, de pequeña Tomoyo sufría de algunos problemas de salud, que la hicieron pasar gran parte de su infancia en casa. Luego, cuando su salud al fin mejoró, entró a un Colegio Privado, en el que no le fue tan sencillo acoplarse, lo cual en estos momentos me es muy difícil de creer. ¿Tomoyo?, ¿con problemas para hacer amigos? Siempre me ha parecido la persona más agradable, amable, y extrovertida del mundo, con una brillante luz en ella que fácilmente atrae a cualquiera a querer estar en su compañía. Recuerdo que la primera vez que se lo dije, sus mejillas se ruborizaron un poco, me sonrió ampliamente, y me contestó:

– Eso sólo fue posible hasta te conocí a ti, Sakura-chan…

Eso tampoco me era muy sencillo de creer. Pero frecuentemente Tomoyo me dice ese tipo de cosas, de que es mejor persona desde que estoy con ella, lo que me hace apenarme mucho. No creo tener ese tipo de habilidad que tanto afirma.

Nuestro primer encuentro fue en verdad de lo más casual, pero fue de esas veces especiales en las que, prácticamente en un instante tras conocer a una persona, ya sabes de antemano que acaba de llegar a tu vida para quedarse. Para mí no fue tan claro en aquel momento, no como lo es ahora que lo recuerdo. Cuando ya faltaba cosa de un par de meses para terminar el tercer grado, la compañía de su madre pasó por algunos problemas, lo que la orilló a tener que sacar a Tomoyo del colegio, en un inicio de manera temporal, e inscribirla en la Primaria Tomoeda, dónde yo estudiaba.

Era un día de inicios del año. La maestra entró al salón, y todos tomamos asiento y guardamos silencio, justo como cada mañana. Pero esa mañana en especial llevaba algo distinto consigo. Detrás de la profesora, había entrado una segunda persona, una hermosa jovencita usando el uniforme de saco negro, falda y boina blanca; tenía largos cabellos oscuros, piel clara y ojos azules, y caminaba con su espalda recta y gran porte a cada paso. Cuando se paró frente al salón con una amplia sonrisa en el rostro, y sus manos cruzadas al frente, de inmediato llamó la atención de todos. Recuerdo que se comenzaron a oír algunos murmullos entre mis compañeros, la mayoría preguntándose quién sería, o haciendo alusión a lo bonita que era.

La profesora tomó un pedazo de tiza, y escribió de arriba hacia abajo un nombre en grande para que todos pudieran verlo sin problema. Luego se giró hacia todos, y con un tono solemne nos dijo…

– Ella es Daidouji Tomoyo, y será su compañera en todo lo que resta del año escolar. Viene del Colegio Herrington, y confío en que la harán sentir como en casa,

– Es un placer conocerlos a todos. – Agregó Tomoyo con su dulce y distintiva voz, haciendo una pequeña reverencia hacia el frente.

Muchos se sorprendieron de escuchar de dónde venía. Yo no lo sabía en aquel momento, pero el Colegio Herrington era, y aún lo es, una de las primarias más costosas y exclusivas de Tokio. La verdad es que tardé mucho tiempo en enterarme de que la familia de Tomoyo tenía dinero… Pero en realidad no es de las primeras cosas que le preguntas a una persona, o no debería de ser.

Escuché que los demás volvían a comentar. Algunos seguían señalando lo bonita que era, sobre todo por sus ojos y largo cabello tan bien cuidado; aun así, me pareció escuchar también un par de comentarios no del todo agradables. Por ejemplo, me pareció oír que alguien mencionaba que su tono pálido de piel era algo extraño; a mí no me lo parecía. Otros hacían alusión despectiva a su colegio anterior, dando a entender que debía de ser algún tipo de niña mimada o engreída. Eso tampoco me lo parecía, no a simple vista.

La profesora empezó a recorrer el salón con la mirada, buscando un lugar desocupado. No recuerdo con claridad qué pensaba en esos momentos. No sé si sólo quería ser buena alumna y ayudar a mi profesora, o si realmente deseaba conocer mejor a la nueva alumna; quizás fue un poco de ambas cosas. El punto es que antes de que ella eligiera por su cuenta, alcé mi mano al aire, y exclamé con algo de fuerza.

– ¡Profesora! Hay un lugar desocupado a mi lado.

Yo en aquel entonces me sentaba al lado derecho del salón, en el penúltimo asiento de la fila más pegada a las ventanas que daban al patio. Al escuchar mi voz, la profesora se volteó hasta ver mi mano alzada, y luego vio que en efecto el asiento a mi derecha, estaba vacío.

– Muchas gracias, Kinomoto. Dadouji, ¿Por qué no pasas a sentarte a lado de Kinomoto?

– Sí, profesora. – Respondió ella de inmediato, asintiendo con la cabeza y luego comenzó a caminar en mi dirección.

Yo la seguía con la vista, intentado sonreírle con gentileza. Ser nueva en una escuela desconocida, siempre era algo aterrador, en especial cuando ya estábamos cerca del final del año.

– Hola, mucho gusto. – Le dije con entusiasmo cuando ya se encontraba de pie a mi lado. – Me llamo Kinomoto Sakura.

– Encantada, yo soy Daidouji Tomoyo. – Me respondió con la sonrisa más hermosa que había visto hasta entonces, después de la que mi madre tenía siempre en sus fotos.

El que se presentara de nuevo me produjo un poco de gracia, pues no sólo acababan de decir su nombre al frente hace sólo unos minutos atrás, sino que éste incluso continuaba escrito de manera muy visible en el pizarrón. Me sentí tentada por unos momentos en señalarlo, pero decidí mejor no incomodarla con ello.

– Supongo que ahora nos sentaremos juntas. Espero que podamos llevarnos bien.

– Muchas gracias.

Me volvió a sonreír de la misma forma que antes. En verdad, era una sonrisa hermosa… Aunque, recordándolo ahora, también un poco melancólica. Tomoyo estaba pasando por varias cosas en ese momento, no sólo el cambio de escuela y el estado económico de la empresa de su madre, sino también la separación de sus padres. Siempre admiraré como era capaz de, incluso desde entonces, siempre radiar ese aire tan hermoso y agradable a su alrededor, incluso en las peores situaciones.

La profesora nos indicó que sacáramos nuestros cuadernos, y comenzáramos a anotar una serie de oraciones en ingles que empezó a escribir en el pizarrón. Saqué mi cuaderno de mi mochila, y vi de reojo que mi nueva vecina hacia lo mismo, al igual que una caja de lápices, muy elegante y bonita, y su contenido estaba perfectamente ordenado. Cada quien empezó a concentrarse en su respectivo cuaderno por un rato, hasta que escuché con claridad el sonido de la puntilla del lapicero de Tomoyo rompiéndose, y haciendo que se resbalara. Miré de manera discreta hacia su hoja, viendo como se había dibujado una larga línea en diagonal desde la “j” al inicio de “juice”, hasta dos renglones y medio hacia abajo.

La noté un poco sorprendida, o incluso asustada, por ese desliz. Comenzó a buscar en su caja de lápices, pero luego de casi un minuto parecía que no lograba encontrar eso que tanto que buscaba.

– ¿No traes borrador? – Se me escapó de pronto como un susurro, lo suficiente alto para que ella me oyera, y me volteara a ver lentamente. Me puse un poco nerviosa al sentir sus ojos azules sobre mí. – No… No es que te estuviera espiando… O algo así. Sólo vi… por accidente lo que pasó.

Tomoyo hizo el gesto como si quisiera reír, pero no lo hizo, posiblemente para no hacer ruido. ¿Mi reacción había sido tan graciosa acaso? Luego, respondió a mi pregunta simplemente negando con su cabeza, indicándome con ese sólo acto que en efecto no traía borrador.

Ni siquiera lo pensé dos veces. De inmediato saqué mi caja de lápices de mi mochila, y busqué alguna goma de borrar entre mis cosas. Luego de unos momentos la encontré, de color rosa en forma de cabeza de conejo, prácticamente nueva ya que ni siquiera la había usado todavía.

– Toma, puedes usar el mío. – Le indiqué mientras se lo extendía.

– No es necesario, enserio…

– Descuida, acabo de comprar un paquete nuevo ayer.

Extendí más mi mano hacia ella, y terminé colocando la goma con delicadeza en las suyas. Tomoyo la tomó, y la sostuvo frente a ella por unos momentos. No sabía qué tanto le miraba, pues en realidad era de una forma muy sencilla, nada muy llamativo. Luego, se volteó hacia mí, y me volvió a sonreír… Pero fue de una forma muy distinta a las anteriores. Era una sonrisa más discreta, pero mucho más sincera; incluso el brillo de sus ojos fue distinto. Separó sus labios, posiblemente con la intención de decirme algo, pero antes de que pudiera la profesora pareció notar que estábamos hablando, pues me llamó por mi apellido de manera severa, mirándome sobre su hombro.

– ¡Lo siento! – Exclamé nerviosa, alzando un poco mi cuaderno frente a mi rostro, como esperando que éste me protegiera por completo de su mirada.

Tomoyo volvió a hacer ese ademán, como queriendo reír, y yo no pude evitar contagiarme del mismo sentimiento. Ambas compartimos en ese momento una risa silenciosa. Miré de reojo hacia la profesora, y de nuevo me oculté detrás del cuaderno. Antes de seguir anotando, me giré hacia Tomoyo para decirle una última cosa.

– Si lo deseas, puedes quedártela.

Recientemente me enteré de que Tomoyo conservó la goma que le di aquel día todos esos años; de hecho, jamás lo usó. Lo guardaba como un pequeño recuerdo de cuando nos conocimos, como un valioso tesoro. La primera vez que me lo dijo, me puse tan roja, y sentí mis orejas tan calientes que creí que se derretirían. Era lo más bonito que alguien me había dicho, al menos hasta entonces.

Luego de ese momento, nos volvimos realmente inseparables. Tomoyo siempre estaba ahí para mí, y me gusta pensar que yo también lo estuve para ella. Incluso cuando comenzaron los incidentes ocasionados por las Cartas Clow, y a pesar de los peligros que estos conllevaban sobretodo considerado que no poseía magia con la cual defenderse, siempre estuvo ahí para hacerme compañía, darme apoyo, y ayudarme en lo que le fuera posible, con su cámara en mano para grabar cada una de mis aventuras… enserio, luego de estos años, recordar eso me sigue incomodando un poco.

Personas en mi vida vinieron y se fueron, pero Tomoyo siempre se quedó conmigo, en los buenos y malos momentos. Pasaron los años, y a diferencia de otras amistades que se van desgastando con el tiempo o incluso se acaban, ella y yo nos volvimos cada vez más y más unidas. Pasamos mucho más tiempo juntas durante nuestros años de secundaria, y nos fuimos conociendo incluso más de lo que ya nos conocíamos. Compartimos muchas cosas, muchas experiencias, muchos momentos felices y tristes, buenos y malos. Todo hasta que en algún momento, un tiempo después de haber entrado al primer año de preparatoria, simplemente… Sucedió… Un día la miraba y veía a mi mejor amiga, y al siguiente la miré… Y sentí algo distinto.

Mi corazón latió con fuerza, y mi respiración se detuvo. El sólo hecho de darle los buenos días en ese instante, fue totalmente diferente. El no verla durante alguna clase, me hacía esperar con ansias a que ésta se acabara para poder verla a la siguiente. Cuando llegaba a mi casa, aún luego de haber pasado toda la tarde juntas, le hablaba por teléfono, sólo para seguir un poco más la conversación que habíamos comenzado hasta que fuera hora de hacer la tarea, cenar o dormir. Ya había sentido esto antes, pero no de esta manera, no con esta intensidad. ¿Pero podría ser posible lo que estaba pensando? ¿No estaría quizás confundiendo las cosas?

Decidí no decir nada en un inicio, y esperar a poder comprender mejor qué era esto que comenzaba a sentir. Fui en verdad muy ingenua, pues en realidad no fui capaz de ocultarlo por mucho tiempo, y mucho menos de evitar que Tomoyo se diera cuenta; ella siempre había sido mucho más perceptiva en este tipo de cosas. No tardó mucho en encararme de frente, y yo no tuve más remedio que aceptar la verdad.

– Yo… Creo que me gustas… mucho, Tomoyo… De una manera más que amistad… Yo, lo sé, ¡y lo siento! Es muy extraño lo que te estoy diciendo. Somos amigas desde hace muchos años, pero simplemente no puedo evitarlo. He estado comenzando a sentir algo por ti, algo distinto sin siquiera proponérmelo. Cuando le confesé mis sentimientos a Yukito, él me dijo que debía de comparar lo que sentía por él con lo que siento por mi padre y por Touya, y así poder darme cuenta que lo que sentía por él era que lo veía como un miembro más de mi familia. Pero por más que intento comparar lo que siento en estos momentos por ti con lo que siento por alguien más, por mi hermano, por mi padre, por cualquier otro de mis amigos, por Kero, Yukito o Yue… No logró encontrar un punto de comparación. Lo que siento por ti es totalmente distinto. Siempre nos hemos dicho todo abiertamente, y es por eso que me siento segura de decírtelo. Sólo… Por favor, no te enojes ni me mires diferente…

Tenía miedo de verla fijamente, y miedo de ver la expresión de su rostro, el asombro, o miedo, tal vez enojo. Mis dedos apretaban con fuerza mi falda, y sentía que mi corazón estallaría en cualquier momento de lo rápido que latía. Tomoyo no decía nada; se había quedado en absoluto y profundo silencio, aún después de que yo hubiera terminado. El silencio era agobiante, casi una tortura para mí. Al final, más por mero reflejo que de manera consciente, terminé por voltear a verla la manera tímida. La escena que vi ante mí, me dejó anonadada.

Tomoyo estaba de pie a menos de un metro de mí, con el cielo anaranjado del atardecer a sus espaldas. Tenía sus hermosos ojos azules totalmente abiertos, al igual que sus labios separados. Sus pupilas brillaban, pude notar como una lágrima le había recorrido toda la mejilla, iniciando en su ojo derecho. ¿Estaba llorando?

– ¿Es acaso esto un sueño? – Escuché cómo decía de pronto, aunque no entendía a qué se refería. – Si es así… No quiero despertar… Por favor, no me despiertes…

Un par de lágrimas más brotaron de sus ojos. De la nada, alzó sus dos manos y se tapó por completo su rostro con ellas. Estaba sorprendida, casi asustada. En todos los años que llevaba siendo amiga de Tomoyo, nunca jamás la había visto llorar. La había visto triste, pero nunca llorando.

– Tomoyo… Por favor… No llores. Lo siento, no quise…

– No estoy llorando de tristeza. – Escuché como decía entre gemidos. – Me imaginé este momento tantas veces. Me imaginé tantas formas de cómo lo dirías, los lugares, los momentos… Pero siempre fueron sólo fantasías, imaginaciones; sabía que nunca pasaría en realidad. Por eso, si éste es un sueño, no me despiertes… Déjame disfrutarlo sólo un poco más… Un instante más…

– Pero… ¿Qué dices, Tomoyo? ¿A qué te refieres…?

Di un paso al frente, pero eso fue suficiente para que ella tomara su propia iniciativa, y se me acercará abruptamente, rompiendo e un instante toda la poca distancia que nos separaba. Me rodeó con sus brazos, pegándose a mi cuerpo por completo, y pegando su rostro contra mi hombro. Sentí como temblaba ligeramente, y algunos sollozos se escapaban de su garganta.

– Te amo Sakura… Siempre te he amado. Cada vez que me refería a mi persona especial, cada vez que hablaba de esa persona a la que quería ver feliz, esa persona siempre has sido tú. Eres el ser más maravilloso y hermoso que he conocido. Siempre he admirado tu fortaleza, tu pureza de corazón, tu convicción y bondad. Desde el primer día que te vi, supe que quería estar a tu lado para siempre. Pero sabía que a lo más que podía aspirar era a ser tu amiga, y siempre estuve bien con eso. Con tal de poder estar contigo y de verte sonreír, con eso me era suficiente. Pero ya no puedo más, ¡no puedo más! El escucharte decir lo que acabas de decir, destrozó por completo el muro que había puesto alrededor de mis sentimientos hacia ti, y ya no puedo ocultarlos más… ¡Te amo!, eres el amor de mi vida… Y te pido lo mismo que me dijiste. No me odies ni pienses mal de mí… Por favor…

Sentí como sus brazos se aferraban más a mi cuerpo.

Los papeles se habían invertido en un abrir y cerrar de ojos. Ahora yo era la que se encontraba impactada, incapaz de reaccionar. ¿Era cierto lo que acababa de decirme? ¿Tomoyo estaba enamorada de mí?, ¿lo había estado desde siempre? Eso no era posible… ¿O sí? Un sin número de momentos pasaron frente a mis ojos uno tras otro, como una película en alta velocidad. La persona especial que Tomoyo mencionaba en ocasiones, todo lo que estaba siempre dispuesta a hacer por mí, algunas cosas que me decía a veces… ¿Sería posible?, ¿en verdad había estado guardando todos esos sentimientos por mí y yo jamás me había dado cuenta? Siempre supe que era algo distraída o ciega con este tipo de cosas… ¿Pero a este extremo?, ¿en verdad nunca se me cruzó por la cabeza esta posibilidad? No, nunca, jamás…

Conocía a Tomoyo, o al menos eso pensaba, y me estaba preparando para que dijera de la manera más delicada y dulce que no sentía lo mismo por mí, que me quería mucho como su mejor amiga, o incluso, al igual que Yukito, me ayudara a aclarar lo que sentía. Pero nunca me esperé algo como eso, nunca esperé que perdiera toda esa calma y serenidad siempre presente en ella, que se olvidaría de las etiquetas y me dijera esas palabras de frente, para luego darme ese fuerte y caluroso abrazo.

Mis manos temblorosas comenzaron a alzarse lentamente, y rodearon con delicadeza el su cuerpo esbelto y tibio. Pegué también mi rostro contra su hombro, y algunas lágrimas comenzaron a recorrer mis mejillas sin poder evitarlo. Comencé a sentir un fuerte ardor en mi pecho, y mis labios empezaban a dibujar una amplia sonrisa sin que pudiera evitarlo. Me sentía… Feliz, enormemente feliz, como no me había sentido en muchísimo tiempo. Comencé a llorar un poco, y me pegué aún más a ella. Ambas nos quedamos juntas por largo rato, abrazándonos, escuchando los sollozos de la otra.

No pasó mucho tiempo antes de que ambas empezáramos a hablar más abiertamente del tema, y todo evolucionara hasta el punto que ambas diéramos el paso, y decidiéramos ser una pareja… Una pareja real, dos personas que se gustaban enormemente, y que deseaban estar juntas; una pareja con todo lo que esto implicaba.

Antes de Tomoyo, lo más cercano a un novio que había tenido fue Shaoran. Yo le gustaba, y él me gustaba, y probablemente, si las cosas hubieran sido distintas en aquel entonces, podría haber surgido algo más entre ambos; más no fue así. Aunque debo admitir que, pese a cómo terminaron las cosas, aún en estos momentos lo mantengo en mi corazón como un muy hermoso recuerdo de mi infancia, junto con toda la gran cantidad de aventuras que viví en esa época tan especial para mí.

Pero estoy divagando. El caso es que, hasta ese momento, mi experiencia en este tipo de relaciones era poca, o casi nula en realidad. Nada de lo que hubiera vivido o visto hasta entonces me prepararía en lo absoluto para tener un novio real, menos una… novia. Por ello, las cosas de pareja fueron un poco problemáticas para mí en un inicio. Los asuntos como salir juntas, platicar, compartir problemas, secretos, ayudarnos mutuamente, hacer nuestras tareas y demás, no eran problema, pues era lo que habíamos hecho desde que nos conocíamos; ese tipo de puntos ya los tenía más que controlados. El verdadero problema fueron los contactos más… físicos.

Y es que, cuando al fin nos hicimos una pareja, incluso la cosa más pequeña cambió por completo para mí. Tomarnos de la mano, por ejemplo, pese a que lo hacíamos a cada momento cuando éramos solo amigas, se convirtió en algo extremadamente penoso, y que provocaba que mi rostro se acalorara. No era que no quisiera o que me desagradara el hacerlo; todo lo contrario. Era sólo que… No lo sé, simplemente todo se había vuelto diferente, y por lo tanto nuevo para mí. Ya no era a mi amiga a la que tomaba de la mano, era a mi… Novia, y eso lo volvía algo casi de otro mundo, y no sabía cómo reaccionar o lidiar con ello. Por suerte, lo de las manos fue fácil de superar en corto tiempo. La verdadera primera gran prueba fue lo que vino después de ello: el primer beso.

Muchos piensan, por alguna razón, que Shaoran y yo nos dimos nuestro primer beso durante nuestros años de primaria, pero no fue así. Creo que muchos lo dicen por la vez que nos tocó hacer una obra juntos en la escuela, pero la verdad es que no nos besamos en esa ocasión; y aunque así hubiera sido, no contaría… ¿o sí? No puedo hablar por él, pero yo jamás había besado a nadie, no en los labios, y no antes de “ese” momento. Los días anteriores a él fueron los más difíciles, y soy la primera en aceptar que no me comporté como una muy buena novia en aquel entonces; incluso me siento un poco mal al recordarlo.

A diferencia de mí, Tomoyo nunca pareció tener algún problema para lidiar con ese tipo de situaciones. De hecho, siempre parecía buscar algún momento y lugar en el que se pudiera dar el primer beso; creo que ella realmente lo anhelaba con fuerza. Cuando estábamos solas, abrazadas, o tomadas de la mano, se me acercaba de manera gentil, me miraba fijamente a los ojos, y con sólo verlos podía percibir de inmediato lo que deseaba. Yo también lo deseaba, enserio que sí. Pero siempre, por algún motivo, cuando ella hacia ese primer acercamiento… Yo me alejaba, retrocedía, desviaba la cabeza, o le sacaba la vuelta… Lo que fuera para evitarlo. Me sentía horrible. Siempre que me pasaba, yo me disculpaba, y ella simplemente me sonreía con toda esa ternura que siempre radiaba, y me decía que todo estaba bien; pero yo sabía muy bien que en el fondo, detrás de esa sonrisa y esas palabras, la estaba lastimando con mi rechazo, y mucho.

Tal vez llegó a pensar mil y unas cosas; tal vez creyó que no me gustaba, o algo peor. Pero deben entenderme, esto era muy difícil para mí. Hasta hace poco, yo veía a Tomoyo como mi mejor amiga, casi como una hermana, y tras dar ese primer beso, significaría que dejaría de serlo de manera definitiva, para pasar a ser algo más… Y eso me asustaba un poco. Sería un paso realmente importante tras el que no habría vuelta atrás. Hasta ese punto, aún podríamos volver a cómo estábamos antes… ¡No es que lo deseara así!, solamente era consciente de que la posibilidad estaba ahí. Pero luego de eso, Tomoyo me habría dado mi primer beso, y con ello la aceptaría por completo como lo que era: mi novia, y ella me aceptaría a mí; y de eso no habría una vuelta atrás tan sencilla.

Tal vez podría habérselo dicho de esa forma, en lugar de sólo evitarla sin dar ninguna explicación; que de hecho tampoco nunca me exigió, aunque estuviera en su derecho de hacerlo. Pero tenía miedo de que interpretara mis comentarios de manera incorrecta, que se molestara. Creía que cuando el momento fuera el adecuado, cuando al fin me sintiera lista, sucedería. ¿Y saben qué? Así pasó.

Fue aquí mismo en mi cuarto, el lugar en el que ambas estamos reposando justo ahora. Era de tarde, tal vez ya había anochecido, y estábamos las dos solas en casa; incluso Kero estaba ausente, ya que desde un par años atrás había empezado a agarrar más confianza y salir a la calle solo de vez en cuando, para ir a visitar a Yukito y a Yue, o a la señorita Yuuko y a Watanuki-kun, que es de hecho justo dónde se encuentra en estos momentos… ¿Cómo?, ¿Quiénes son la señorita Yuuko y Watanuki-kun? Sí, creo que no conocen esa historia, pero eso será para otra ocasión.

Aquel día acabábamos de terminar los deberes, y empezamos a ver un programa en la televisión de mi cuarto. Había colocado unos cojines en el suelo para que nos sentáramos una junto a la otra, y traje una bolsa de frituras de la cocina para que las compartiéramos. Lo curioso es que recuerdo todo de aquel momento, excepto que programa veíamos, así que supongo que no era nada muy interesante. Recargué mi cabeza en su hombro, ella recargó su cabeza en la mía, y nos tomamos de la mano delicadamente. Nos quedamos así por largo rato sin decir nada, sólo viendo la televisión en silencio.

En algún momento, no sé por qué en realidad, alcé mi mirada hacia ella, y la miré fijamente. Ella también volteó, y nuestros ojos se encontraron. Nos quedamos así por unos segundos, sin decir nada, simplemente mirándonos fijamente. Tomoyo siempre se preocupa, incluso hasta ahora, por estar bien arreglada cuando está conmigo. Se pone perfume, ropa bonita cuando no está usando el uniforme, se arregla su cabello, y se maquilla de manera discreta. Anteriormente siempre estaba muy presentable, pero lo empezó a hacer con más frecuencia y de forma más notoria cuando nos hicimos pareja. Y ese día en especial, estaba radiante… Se había puesto un perfume que olía delicioso, olor a fresas o uva, o alguna otra fruta, pero olía realmente bien. Tenía un poco de sombra azul en los ojos, muy ligera, y algo de rubor. Tenía el cabello suelto, pero con un broche nuevo de color morado y azul adornando su cabello del lado izquierdo.

Yo fui quien tomó la iniciativa en esa ocasión. ¿Por qué? No lo sé, simplemente admiré su rostro, su hermoso rostro, sus ojos, su nariz, sus mejillas, sus labios delicados… Y mi mente se despejó por completo. De un momento a otro, ya no había más miedos, ni dudas, ni nada que me detuviera. Sólo había un pensamiento en mi mente: deseo con todas mis fuerzas besarla; y así lo hice. Mi cuerpo se inclinó solo hacia ella, y uní mis labios a los suyos sin la menor espera. Fue un momento tan dulce, tan cálido; el tan sólo recordarlo me hace sonrojarme. Los labios de Tomoyo eran delicados, suaves muy dulces, y la sensación que me ocasionaron fue totalmente distinta a lo que me había imaginado. Al inicio sólo me quedé quieta, teniendo mis labios pegados a los suyos, sin moverme, o más bien sin saber si debía moverme o algo… Ella tampoco se movió, creo al inicio estaba algo sorprendida. Pero luego de un rato, empecé a sentir como me rodeaba con sus brazos, y me atraía más hacia ella. Empezó a mover sus labios lentamente contra los míos, de una forma muy delicada, con la que podía sentir por completo cada milímetro de piel rozándose. Pequeños destellos de electricidad me recorrieron el cuerpo cuando ella empezó a hacer eso. Era un beso, un beso de verdad… Mi primer beso.

Estuvimos unidas por varios segundos, y aunque nos faltara el aire, ninguna parecía querer apartarse de la otra. Pero al final tuvimos que hacerlo, pero no nos separamos tanto. Dejamos nuestros rostros unos centímetros de la otra, y empezamos a inhalar y exhalar con agitación, intentando recuperarnos; el aliento cálido y agradable de Tomoyo acariciaba con suavidad mi rostro. Casi como si temiera que me arrepintiera y me alejara, sentí de pronto como tomaba mi rostro con sus dos manos, y volvía a unir sus labios a los míos, para seguir en dónde se había quedado. Cerré mis ojos y simplemente me dejé llevar…

Fue justo como había pensado en un inicio; luego de que ello, Tomoyo dejó por completo de ser sólo mi mejor amiga, casi mi hermana, para convertirse íntegramente en mi novia. Ya no había otra forma de describirla: ella era mi novia, Tomoyo…

CONTINUARÁ…

Capítulo Siguiente  

Mi novia, Tomoyo. “Mi nombre es Sakura Kinomoto, y la chica que está dormida a mi lado en la cama, es mi novia, Tomoyo…” Historia narrada desde la perspectiva de Sakura Kinomoto, en la que expresa sus pensamientos y emociones al comenzar una relación con su mejor amiga, Tomoyo Daidouji, y cómo lidia con los cada vez más profundos contactos físicos entre ambas.

+ “Cardcaptor Sakura” © CLAMP, Editorial Kodansha, Madhouse.

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